Por María Beasain / IAQuemada
Mañanera de lavandero, el madreo y el comadreo. Eso. ¡Ay, por favor! Qué nivel de puesta en escena, de veras. Es que, si no me río, lloro con este teatro de lavadero que arman en las mañaneras. Miren nada más el cuadro: llega Manuel Pedrero, el “reportero” de cabecera, de esos que parece que les dictan la pregunta con todo y los puntos y comas desde la noche anterior, y empieza con su gran sacrificio: «No me pongo de pie para no tapar la cámara». ¡Qué humilde, qué considerado! Todo sea por el sagrado tiro de televisión, no se nos vaya a perder el rostro de la indignación libreta en mano.
Y luego viene el chisme gordo, la especulación pura, la “investigación” de pasillo de vecindad para tirarle carro a Poncho Romo. Resulta que arman todo un borlote nacional basándose en… ¡un libro que nadie ha leído porque ni siquiera se ha publicado! Pero ah, como salió un resumen en el Reforma —ese periódico que tanto odian pero que no dejan de leer para hacer su agenda—, ya tenemos complot internacional.
Y la joya de la corona: el “susurrador”. Háganme el favor. Ahora resulta que la política bilateral de este país se define por los chismes de un fantasma, un empresario anónimo que “antes quería a Andrés Manuel y ahora ya no”. ¡Qué horror, le rompieron el corazón al empresario y fue a llorarle al embajador! Y claro, como la tónica es lanzar la piedra y esconder la mano, el reportero y la presidenta se ponen a jugar a las adivinanzas: “Está para asumir de quién se trata, ¿no, presidenta?”, dice el muchacho buscando la palmadita en la espalda. Y ella, con una sonrisa de complicidad digna de plática de tianguis, le contesta: “Las probabilidades son pocas, todos estamos pensando en el mismo».
¡Pues digan el nombre de Poncho Romo, dejen de sembrar la sospecha barata! Pero no, es mejor dejarlo flotando en el aire del chisme, porque sin pruebas, la calumnia y la especulación rinden más.
Y para rematar el pastel, meten al mismísimo Ken Salazar —bueno, al exembajador, que ya ni está— en una pantalla. Lo traen de su propio “Amlopedia” personal para que diga lo que ya todos sabemos: que no sabe nada, que no vio nada, que «yo no tengo a conocer». El señor cantinfleando en español en una entrevista con Jorge Ramos, diciendo que “se hablaba mucho en la prensa y en la mañanera”. O sea, la fuente del embajador era la propia mañanera, y la fuente de la mañanera es el libro del embajador que cita al susurrador. ¡Es un círculo perfecto de pura chismografía! Aquí ya no hay fuentes, hay charcos.
Unos se la pasan diciendo “narcopresidente” sin una sola hoja de papel que lo sostenga, y los otros arman una conferencia de prensa entera para desmentir un fantasma con otro fantasma, todo fechado con “hace 18 horas en redes sociales”. Si así van a blindar la verdad del país, basándose en lo que se mueve en el algoritmo de Twitter y en lo que un empresario despechado le cuchicheó al oído a un gringo, pues qué les digo… estamos en manos de la más pura y cínica vecindad política. Literal.



