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Por Félix Cortés Camarillo

Esa mañana del martes 24 de marzo de este año, en su casa de Lázaro Cárdenas, Michoacán, Osmar ya vestía todo de negro, incluyendo guantes, excepto por las manchas blancas de su sudadera. Debo llamar aquí al joven de 15 años, Osmar “N”, y no debo identificar ni a sus padres o tutores o revelar cualquier otro dato que los haga visibles. 

Me obliga a todo ello lo que dispone el imbécil Código Nacional de Procedimientos Penales en su artículo 113, alegando una hipócrita interpretación de la presunta inocencia.

Pues el jovencito se plantó frente al espejo de cuerpo enero de su recámara y tomó con sus manos el fusil Sauer 5.56 mm de la familia de los AR-!5 y lo apuntó a su imagen reflejada, mientras grababa la imagen y decía “este es el día”. Ya lo había insinuado en sus cuentas de Instragam, en las que lo seguían otros miembros de la secta Incel, jóvenes frustrados en su sexualidad que atribuyen su condición a las mujeres y se hacen llamar Célibes Involuntarios.

Osmar H.A., que es a lo más que puedo llegar para nombrarlo, metió el arma en un estuche de guitarra junto con cargadores y municiones para su objetivo, y se fue a su escuela preparatoria privada Antón Makarenko, llamada así en memoria de un pedagogo ucranio de inicios del siglo pasado.

A su llegada encontró a las maestras María del Rosario Saguero Chávez, de 36 años, y Tatiana Madrigal Bedoya, de 37. A ellas sí me permite la dispareja ley mexicana llamarlas por su nombre. Le indicaron al mozalbete que no podía entrar al plantel, porque llegaba tarde a su horario. Osmar abrió el estuche de la guitarra, sacó sus rifle y mató a las dos mujeres. Alumnos y otros maestros lo sometieron, desarmaron y ataron con alambres eléctricos hasta que llegó la policía.

Ese no es el final de esta historia.

Es el comienzo de una que nuestra sociedad está obligada a iniciar cuanto antes, a la vista de los frecuentes y numerosos asesinatos a sangre fría cometidos por menores de edad, como Osmar. Una urgente revisión y reforma a las leyes penales de este país en lo que se refiere a la manera en que se debe tratar a los asesinos adolescentes.

Un juez, no identificado por el sistema judicial de Michoacán,que sólo indica que está calificado para juzgar menores, inició juicio abreviado del asesino y el sábado pasado emitió su sentencia: tres años de confinamiento en el Centro Integral para Adolescentes de Morelia.

Ah, también a una reparación del año causado por tres millones, doscientos ochenta mil setecientos sesenta y nueve pesos con siete centavos.

El Código Nacional de Procedimientos Penales mexicano establece la edad de un delincuente juvenil entre los 12 y los 18 años. Es un criterio que, cuando se hicieron nuestras leyes, en 1914, era probablemente acertado. Hoy estamos a más de un siglo de distancia; los y las jóvenes inician su actividad sexual a los 12, y a veces, ellas, antes.Se requiere tener 15 años cumplidos para poder trabajar y 18 para ponerse hasta la madre con alcohol o cometer matrimonio.

Todo esto no es más que el reflejo de las leyes que nos rigen y que no casan con la realidad social, económica, cultural que vivimos.Cosa que es solamente una más de las manifestaciones del absurdo que permite haber convertido al sistema judicial -y consecuentemente, el penal- en instrumento de poder político faccioso.

Los dos sexenios del Cuatrote han usado a discreción de ese privilegio que han llevado al extremo del cinismo, montando una fábrica de jueces “a modo” del régimen, en todos los órdenes de la judicatura.

Yo no voy a defender a Ernesto Ruffo Apel, a quien el gobierno acusa de encabezar una banda de delincuentes contrabandistas de combustibles y evasores de millones de impuestos en lo que se llama el huachicol fiscal. Esoy seguro de que tendrá elementos para ello.

No se me puede escapar, sin embargo, que el señor Ruffo es un ex gobernador por el PAN, partido de oposición, de un estado que se llama Baja California, en donde la gobernadora, por Morena, se ha inculpado públicamente ella misma de haber ofrecido a supuestas autoridades de los Estados Unidos toda la información que requieran y ella pueda saber, de seguridad. El asunto Ruffo, en Baja California, creen en Palacio Nacional, será suficiente humo para que no veamos lo que está pasando.

Tampoco me puedo olvidar de que en el enorme contrabando de millones de litros de combustible a que se refiere la acusación, entró en múltiples ocasiones por las aduanas y los puertos mexicanos. Aun suponiendo la presunta culpabilidad del acusado, recordemos que desde los lejanos tiempos de López Obrador, las aduanas y los puertos mexicanos -así como muchas otras cosas y obras- están a cargo exclusivo de la Secretaría de Marina. Que tampoco se nos olvide que dos sobrinos políticos de un secretario de Marina, son señalados como delincuentes a cargo de ese paso de los combustibles disfrazados de otro producto para evadir impuestos.Uno está prófugo, el otro no tuvo tiempo.

Justicia dual, en la escuela de Juárez, que tanto invoca la señora presidente con A de mujer y su antecesor: para los amigos justicia y gracia. Para los enemigos, la ley a secas. 

Y si se puede medio chueca, mejor.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO, PORQUE NO DEJAN ENTRAR SIN TAPABOCAS: En medio de numerosas sospechas de corrupción en el manejo de la FIFA, lo cual no suenan nada nuevas, terminó ya afortunadamente la Copa Infantino.

Del señor mandamás del futbol del mundo, el señor Infantino, se sugirió a puños que había suciamente comprometido el campeonato para Argentina.

Por la manera en que jugaron los muchachos del sur, fue una conjetura totalmente equivocada. El futbol argentino demostrado ayer dista mucho de lo que se espera de un campeón del mundo.

La selección nacional de España dio una clase no solamente de futbol, sino de un espíritu que debería permear al futbol mundial: de disciplina, sincronía, espíritu de equipo,habilidad del cuerpo y buen juicio.

Sobre todo, a diferencia de los argentinos, de no perder la cabeza.

felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: lostubos
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