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Aire de primera, aire de segunda

¿De veras cree el gobernador que el aire que respiran sus hijos es mas puro?

Por Carlos Chavarria Garza

En Monterrey ya sabemos leer el cielo como quien lee un termómetro. Contingencia ambiental, quédate en casa, evita hacer ejercicio al aire libre, cierra las ventanas. Los síntomas están clarísimos desde hace años: los índices de calidad del aire, las consultas por enfermedad respiratoria, las carrasperas, las fotos color caqui de la Sierra Madre desde el Obispado. 

Sin embargo, cada temporada volvemos a lo mismo. No porque no sepamos qué hacer, sino porque lo que hay que hacer no le conviene a nadie que tenga el poder de hacerlo. Regular en serio a una refinería del gobierno como PEMEX no es popular. Cerrar un basurero a cielo abierto no es popular. Exigirle a una cementera o una acerera que instale trampas de polvo cuando eso le pega al costo no es popular. Así que preferimos la solución que sí es popular: la exhortación. El «hagamos conciencia». El spot de radio y el teaser en redes solo para parecer que se esta haciendo algo.

Aquí hay que ser honestos con nosotros mismos también, porque señalar a la refinería y quedarse tranquilo es lo más fácil del mundo. Pero cada quien que le mete gasolina a su coche está dentro de la misma cadena causal que empieza ahí. El combustible que quema tu auto salió de esa refinería. No hay manera de indignarse contra PEMEX sin reconocer que uno mismo es parte del circuito que la mantiene rentable contaminando. 

Tratándose de bienes comunes como la atmósfera, todos somos free riders del mismo aire, nada más que en diferente magnitud; el particular en su coche por unos gramos, la cementera sin filtro por toneladas, pero la lógica es idéntica: usar el bien común y dejar que el costo lo pague el vecino, o el que venga después. No hay lonche gratis, tampoco en el aire.

Y aquí está el fondo del asunto, la pregunta que nadie hace en voz alta en una conferencia de prensa: ¿de veras cree el gobernador, o el director de la refinería, o el alcalde en turno, que el aire que respiran sus hijos es distinto al que respira el resto de la ciudad? Porque no lo es. 

No hay aire de primera y aire de segunda en el Área Metropolitana de Monterrey; el mismo smog que le pega al niño de la colonia junto a la acerera le llega también, con unos minutos de diferencia nada más, a la casa de San Pedro. La única razón por la que el sistema tolera esta indiferencia es que el mismo que debería regular la contaminación es, con frecuencia, el que más la produce. Pedirle a PEMEX que se multe a sí mismo, o al gobierno estatal que sancione su propio basurero, es como pedirle al alumno que se ponga su propia calificación.

Por eso la multa nunca funciona. Se convierte en un costo más, se mete al precio, y el aire sigue igual de sucio al día siguiente. Una autoridad de verdad tendría que ser independiente de quien contamina, financiada sin depender de las multas que ella misma cobra, y con dientes reales para actuar hasta contra PEMEX y el gobierno estatal, no solo contra el taller mecánico de la esquina.

Pero ni eso basta si no hay manera de comprobarlo. Llevamos años midiendo la calidad del aire con estaciones que a veces ni siquiera funcionan bien, publicando índices que la gente revisa como quien revisa el clima, sin que esa información obligue a nada en automático. Popper lo explicó mejor que nadie: una política que no se puede poner a prueba contra resultados verificables no es política, es fe. Medir no es lo mismo que corregir. Medir no es suficiente sin un canal control y  correccion que asegure la reducción de gases en la atmósfera. Es así de simple.

Mientras exigimos esa autoridad, hay algo que podemos hacer hoy mismo, que no es cerrar la ventana, ni ponernos cubrebocas, ni encerrarnos a esperar que pase la contingencia. Usemos la inteligencia colectiva para idear soluciones ya. Hay talento suficiente en esta ciudad, solo falta organizarnos para ello. 

La ingeniería para resolver esto no es ningún misterio, existe hace más de un siglo: una planta de recuperación de azufre para Cadereyta, El costo conjunto, con cifras de la propia industria y de lo que PEMEX ya había presupuestado alguna vez para este fin, ronda los 120 a 135 millones de dólares.

Grosso modo serían entre 22 y 25 centavos por litro, menos del uno por ciento del precio actual. 

Pero no sirve de nada si el dinero entra a la misma caja negra de siempre. Ya lo vivimos, en 2021 PEMEX anunció mil 570 millones de pesos para esta misma planta de azufre en Cadereyta, y ese dinero se convirtió en humo; hoy nadie puede decir con precisión en qué se gastó ni si el equipo quedó instalado. 

Ademas tenemos universidades prestigiosas que son tanques de conocimiento subutilizados, laboratorios de investigación, estudiantes de posgrado buscando tema de tesis, compañías de ingeniería y diseño de procesos que ya saben resolver problemas de esta escala para la industria privada. Ese mismo talento, puesto a trabajar en serio sobre el problema del aire, puede producir soluciones que no solo mitiguen, sino que reviertan las condiciones de nuestra atmósfera. No es ciencia ficción ni buena voluntad; ya lo hicimos una vez. Pudimos con el ozono. Podemos con esto.

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// Carlos Chavarria Garza

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