Por María Beasain // IAQuemada
Órale mis chavos, para Claudia Sheinbaum no hay delito en sus cercanos colaboradores, nomás deleite, diría un Tin Tan de Peralvillo. Órale, Claudia, todo legal. El pueblo guarda monedas en un frasco; la alta burocracia, guarda millones para cuando se atraviesa un depa. El SAT quiere saber hasta quién te depositó 15 mil varos, pero 22 y medio millones en efectivo pertenecen al género literario de la autobiografía familiar.
Chale mi Claudia, hay dos artes que la alta burocracia mexicana domina con maestría bizantina: redactar «notas aclaratorias» con tipografía institucional para justificar la opulencia y redefinir las leyes de la física fiscal para que 22 millones de pesos en efectivo quepan cómodamente en el bolsillo de la «honestidad valiente». En esta nueva temporada del melodrama nacional, dos distinguidos próceres de la administración pública han tenido a bien recordarnos que la austeridad republicana es, en realidad, un estado mental, una experiencia metafísica y, sobre todo, un asunto estrictamente «privado».
Empecemos por el titular de Birmex, Carlos Alberto Ulloa Pérez, un hombre cuya disciplina de alcancía doméstica debería ser estudiada con urgencia por financieros e inversionistas. Resulta que desembolsar la friolera de 22 y medio millones de pesos contantes y sonantes para comprar dos departamentos no solo es un acto de legítimo orgullo patrimonial, sino que —según el salvoconducto verbal otorgado desde la ventanilla de tu automóvil oficial, Claudia— es «completamente legal».
Ni pex mi Claudia, poco importa la fastidiosa Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita. Para el Olimpo de los servidores públicos de la transformación, las leyes antilavado son apenas una sugerencia lírica o un malentendido de semántica notarial. Deberías, Claudia, escoger bien a tus confidentes porque el Ulloa sigue más a la Xóchitl que tus decálogos de humo. “Si a los 60 años no has podido hacer un patrimonio, eres bien wey”, te dijo Xóchitl y, bueno, Ulloa no está nada wey.
En su memorable «Nota Aclaratoria», fechada con el apremio de quien siente la lumbre en los talones, Carlitos nos revela la fórmula mágica de su fortuna líquida: todo proviene de «ahorros acumulados a lo largo de casi tres décadas», «ingresos propios» y, por supuesto, el infaltable as bajo la manga de la casta política: «herencias familiares». ¡Bendita visión patrimonial del abuelo! Guardar millones en billetes bajo el colchón durante dos décadas para que el vástago pueda comprar condominios al contado sin pasar por la engorrosa burocracia bancaria. La austeridad franciscana nunca lució tan boyante ni olió tanto a billete recién planchado.
Del otro lado del escaparate gubernamental encontramos a la titular de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, quien acaba de dictar una cátedra magistral de escapismo epistolar. Frente a las publicaciones en primera plana que documentan relojes suntuosos, joyas de catálogo, tráfico de influencias para su hermano y un tren de vida digno de la Riviera Francesa, la secretaria responde con una carta que mezcla con singular destreza el folclor tlaxcalteca, el feminismo de conveniencia y los secretos culinarios de la abuela.
«Comparto plenamente los principios de austeridad, sencillez y servicio público», arranca la misiva con una solemnidad que desarmaría a cualquier auditor de Hacienda. No obstante, aclara de inmediato que sus accesorios de diseñador, sus escapadas doradas y sus gustos refinados pertenecen a un «ámbito privado». Faltaba más. Cuando se corta el listón en eventos masivos, es la secretaria del pueblo; cuando se luce una pieza de joyería que equivale a varios meses de salario de un trabajador formal, es simplemente una empresaria incomprendida. Y luego el escudo de género: advertir de inmediato que fiscalizar el precio de un reloj o una joya equivale a «poner en duda los espacios que las mujeres hemos conquistado». Nada como blindar el lujo estético bajo el paraguas de la lucha histórica por la equidad.
Lo verdaderamente exquisito de ambos episodios, mi Claudia, no radica en el gusto por el lujo —tu burocracia neoliberal siempre ha padecido de una debilidad congénita e incurable por el mármol, las marcas de pasarela y los viajes en clase ejecutiva—, sino en la insolencia moralina con la que se pretende normalizar el despropósito. Para el ciudadano asalariado, el fisco es una hidra implacable que congela cuentas bancarias por inconsistencias milimétricas, rastrea transferencias y persigue cada comprobante fiscal digital con saña inquisitorial. En cambio, para los jerarcas del aparato estatal, mover maletas con 22 y medio millones de pesos en efectivo o exhibir ornamentos ostentosos no amerita ni una ceja levantada: basta un boletín engolado hablando de «herencias de hace 20 años», un guiño a la «austeridad de corazón» y un carpetazo presidencial. No manches, Sheinbaum, “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Caray, mi Claudia, de lengua me como un taco.
@espejonegromx Amiguismo de Sheinbaum y el deleite sin delito Por María Beasain / IAQuemada La austeridad republicana tiene una cláusula pequeña: no aplica a los republicanos que administran la austeridad. 22.4 millones en efectivo, dos departamentos y una palabra mágica: “ahorros”…. Hogwarts queda en Palacio Nacional. Relojes, joyas y alta costura no contradicen la austeridad. La austeridad, nos explican, se lleva por dentro; el Rolex, por fuera. El guardarropa es privado, las joyas son privadas, los viajes son privados, la indignación, curiosamente, también quisieran privatizarla. “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. ¡Ajá! #sheinbaum #4T #México ♬ sonido original – espejonegromx
Foto portada: Inteligencia Artificial (IA)



