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¿Usted le cree a la encuesta de El Norte? Yo tampoco

Por José Jaime Ruiz

Una encuesta sirve para medir el humor de una sociedad, no para escribirle el guion. Puede retratar una fotografía, nunca decretar el paisaje del futuro. Y, sin embargo, la más reciente medición de El Norte sobre la sucesión de Nuevo León parece hacer algo más que preguntar: construye un tablero. No es poca cosa. Son mil entrevistas efectivas, levantadas en vivienda entre el 26 de agosto y el 5 de septiembre. Hay oficio en el trabajo de campo y hay un acierto técnico evidente: la boleta simulada para medir preferencia partidista reduce la presión del entrevistador y el conocido sesgo de deseabilidad social. Pero una encuesta no termina cuando se toca la puerta. Empieza, precisamente, cuando se decide qué preguntar, cómo preguntar y qué publicar.

¿Sombra nada más? El famoso ±3.10 por ciento de margen de error corresponde al supuesto de un muestreo aleatorio simple. Pero el propio levantamiento utiliza un diseño polietápico, estratificado y por conglomerados. Eso modifica la incertidumbre efectiva. El estudio no reporta su efecto de diseño, por lo que presentar el margen teórico como si describiera toda la precisión del ejercicio resulta, cuando menos, insuficiente. La diferencia entre ganar y perder puede esconderse justamente en esos decimales que el lector suele mirar como certezas.

Hay otra grieta: 38.6 por ciento de rechazo. No invalida el estudio,  significa que la falta de respuesta merece escrutinio, sobre todo cuando la inseguridad aparece como el principal problema para 39 por ciento de los entrevistados. En una ciudad y un estado donde la gente puede no abrir la puerta por miedo, las personas que sí responden no necesariamente son un espejo perfecto de las que no lo hacen. Históricamente, Grupo Reforma ha presentado saldos de opinión: lo positivo frente a lo negativo. En este ejercicio desaparece la columna negativa. Queda la opinión positiva y queda el porcentaje de quienes no conocen al personaje. Lo demás se hunde en un residual estadístico.

Mariana Rodríguez aparece con 56 por ciento de opinión positiva y apenas 10 por ciento de desconocimiento. Eso deja 34 por ciento fuera de esas dos categorías. Adrián de la Garza registra 50 por ciento de opinión positiva y sólo 5 por ciento de desconocimiento: queda un enorme 45 por ciento en la zona que el lector no puede desagregar. ¿Cuánto es rechazo? ¿Cuánto neutralidad? ¿Cuánto no respuesta? La encuesta no lo dice. Conocer mucho a un político no equivale a quererlo. Una alta notoriedad puede esconder un alto antivoto. La popularidad sin rechazo es una cosa; la popularidad acompañada de polarización, es otra. Sin conocer ambas caras de la moneda, el lector recibe una imagen cuidadosamente iluminada.

Voy a la arquitectura de los careos. El titular es contundente: “Sin Colosio y sin alianza PRI-PAN, Mariana ganaría NL para MC”. Dos condiciones. Dos decisiones que no son menores. Se elimina a Luis Donaldo Colosio Riojas del tablero y se separan sistemáticamente PRI y PAN. La primera hipótesis puede discutirse políticamente. La segunda tiene una consecuencia matemática mucho más clara: dividir el voto opositor.

En el escenario dos, Mariana obtiene 36 por ciento. Adrián de la Garza consigue 24 por el PRI y Carlos de la Fuente 12 por el PAN. Juntos suman 36. En el escenario cinco ocurre algo todavía más revelador: Mariana alcanza 36, mientras De la Garza obtiene 25 por el PAN y César Garza 15 por el PRI. Juntos llegan a 40. No significa que una eventual alianza obtendría automáticamente esos porcentajes. La transferencia de votos nunca es mecánica. Pero sí demuestra algo elemental: la ventaja naranja depende, en varios escenarios, de que la oposición permanezca fracturada. Eso cambia la lectura.

No estamos frente a una profecía, estamos frente a una simulación condicionada. Y cuando Mariana desaparece del escenario, el castillo cambia de forma: Héctor García cae a 17 por ciento y Miguel Mike Flores se mueve entre 20 y 26 por ciento. Es decir, el ejercicio produce una conclusión política muy poderosa: Movimiento Ciudadano parece necesitar a Mariana para conservar el gobierno. La encuesta, entonces, no solamente mide una candidatura, puede terminar legitimándola.

Hay un segundo efecto. Mike Flores aparece con 46 por ciento de desconocimiento, pero obtiene 19 por ciento dentro de las preferencias emecistas y es colocado reiteradamente en los careos sin Mariana. Ese contraste debería provocar más preguntas, no menos. ¿Estamos viendo una candidatura en crecimiento o simplemente una figura cuya baja notoriedad deja mucho espacio para ser construida?

Y está Adrián. Aparece una y otra vez. PRI, PAN, PRI, PAN. Diez escenarios. El mismo antagonista cambia de camiseta y permanece en el centro del escenario. Eso no prueba una operación política, sería irresponsable afirmarlo. Pero sí produce un efecto de encuadre: convierte la sucesión en una reedición del viejo antagonismo entre Mariana y De la Garza, y coloca al alcalde de Monterrey como el rival alrededor del cual se ordena la narrativa naranja. Ahí está el verdadero asunto.

Una encuesta puede ser técnicamente correcta en sus entrevistas y, al mismo tiempo, discutible en la manera en que sus resultados son presentados. La estadística también tiene arquitectura. Y la arquitectura puede inclinar la mirada sin alterar un solo cuestionario.

Cambiarán alianzas, candidatos, gobiernos, crisis, escándalos, economía, seguridad y humor social. Una encuesta levantada hoy puede decirnos algo sobre el presente. No puede entregarnos, envuelto en porcentajes, el futuro.

Al final, el problema no es que una encuesta tenga una lectura política. El problema aparece cuando la lectura política parece venir incluida en el cuestionario. Se eliminan los negativos, se excluye a Luis Donaldo, se fragmenta a la oposición y, después, se presenta el resultado como si la estadística hubiera descubierto por sí sola que Mariana Rodríguez es indispensable, Mike Flores es inevitable y Adrián de la Garza es el villano de temporada. Hay encuestas que sirven para la especulación, no para la medición. Tipico de Alejandro Junco de la Vega.

(José Jaime Ruiz: Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe (Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”), Manual del imperfecto políticoCaldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural PD. y de Posdata Editores. Dirige el periódico digital lostubos.com y aguaquemada.mx)

Fuente:

// Medios

Vía / Autor:

// José Jaime Ruiz

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Autor: stafflostubos
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