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Esperando a Godoy: el teatro de la procuración de la justicia

Por Zaira Eliette Espinosa

Nada hay que hacer.

Ernestina Godoy no es la fiscal de la prometida Cuarta Transformación de la vida pública de México. Fue una ilusión más en la canasta de silencios burocráticos. El montaje de una autonomía constitucional, que sirve más a un proyecto político entre camaradas que al bien de la nación, empieza a evidenciarse.

El primer acto de Godoy fue como activista social. Egresada de derecho por la UNAM, en 1981 estuvo en Nicaragua, en pleno tercer aniversario de la Revolución Sandinista, participó en el diseño de su política agraria. Regresó a México y se vinculó con movimientos de izquierda para ayudar a las personas afectadas por los desalojos de viviendas populares. Brindó atención jurídica a las víctimas del terremoto de 1985 en la Ciudad de México. Estuvo involucrada en la defensa de trabajadores, campesinos y otros sectores vulnerables. La historia de Godoy está marcada por una lucha social junto a Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, organizaciones civiles, el PRD y, finalmente, MORENA, junto con Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. Aplausos.

El personaje de Godoy, sin embargo, a modo de obertura paralela a la de otros personajes de MORENA, ilustra perfectamente una de las contradicciones más profundas entre el gremio jurídico de izquierda y el ejercicio del poder judicial. La fiscal protagoniza todo aquello contra lo que, en sus inicios, luchó para derribar.

Visibilizar brevemente sus orígenes ideológicos en el movimiento también evidencia el declive actual de sus capacidades para comprometerse con una verdadera procuración de justicia en el país. Cuando se abrió el telón para Godoy en CDMX, recordamos que, bajo su mando en la fiscalía capitalina, se revelaron actos de espionaje y se encubrieron solicitudes bajo carpetas de investigación. Además, sostuvo y defendió el encarcelamiento de Alejandra Cuevas por un delito no tipificado en la ley, actuando como brazo ejecutor del entonces fiscal general Alejandro Gertz Manero. Al acto se suma la criminalización legal de activistas feministas durante las marchas del 8M.

Actualmente, en un escenario en el que la FGR hubiera tomado decisiones orientadas a la construcción institucional y la pacificación, Ernestina Godoy ha hecho todo lo contrario. Al parecer, motivada por los intereses de un grupo de poder (al que ella pertenece) que solo quiere perpetrarse impune y autoritariamente, con el cobijo de las leyes, a la vieja usanza prianista.

Grandes aciertos habrían enaltecido la política judicial de la actual presidencia. Una oportunidad perdida fue la reivindicación histórica de las Madres Buscadoras. En lugar de ignorar y minimizar las protestas, Godoy debió abrir de inmediato las puertas de la FGR a los colectivos, transparentar la conversación, exponer el estatus forense nacional y acelerar la creación de un Banco Nacional de Datos Genéticos que de verdad fuera operativo. Godoy habría empatizado y tomado medidas ante una de las heridas más profundas del país, dejando atrás la percepción de indolencia del gobierno de Sheinbaum.

La fiscal debió deslindarse del Poder Ejecutivo y negarse a utilizar la FGR para investigar a opositores políticos o críticos del gobierno. Todos los recursos deben destinarse a combatir la criminalidad y no a promover la concentración de poder judicial. Godoy debió trabajar en la consolidación de un verdadero sistema nacional contra el feminicidio y liderar una minuciosa reestructuración interna, más allá de la mera homologación del delito. La falta de visión y de autonomía de Godoy es un gran obstáculo para la gran promesa simbólica y práctica de la primera mujer presidenta de México: convertir al Estado mexicano en un garante real de la vida de las mujeres.

Esperamos, de la comunicación institucional de la Fiscalía, informes sobre Ayotzinapa que siempre anuncian «nuevas líneas de investigación» para el futuro. El mensaje es parecido a: “La fiscal Godoy manda decir que hoy no, pero que mañana seguro sí”.  En casos como Ayotzinapa o las recientes operaciones contra el huachicol en Guanajuato, la FGR pudo optar por el rigor técnico absoluto, presentando investigaciones herméticas, basadas en inteligencia financiera y con pruebas científicas suficientes, en lugar de informes prematuros e improvisados para servir a la demanda mediática en el juego casi publicitario de mover fichas “estratégicas” que contrarresten la crítica de los opositores políticos.

La «Cuarta Transformación» no ha logrado profesionalizar el aparato de la procuración de justicia. La tragedia institucional va más allá de lo que ya se hizo mal; el capital político e histórico desperdiciado va a cobrar una gran factura en el futuro de las urnas.

El gobierno de Sheinbaum ha demostrado que la eficacia (y la permanencia) de algunos miembros de su gabinete se mide por su capacidad para desempeñarse únicamente como operadores políticos.   La opacidad aumentó cuando Sheinbaum pidió a la prensa que no cuestionara a Godoy sobre asuntos de la FGR durante las «mañaneras», argumentando que «la fiscal tiene sus propios espacios». Las decisiones de Godoy se presentan como beneficios coyunturales, lo que diluye su autonomía y cualquier pizca de confianza en el sistema judicial.

Godoy tenía el perfil histórico idóneo, el respaldo político y el contexto clave para transformar la FGR en un modelo de justicia progresista a la altura de lo prometido por la 4T, esa justicia transformadora, empática y de izquierda. Al asumir el papel de operadora política, la presidencia de Claudia Sheinbaum se priva de su mejor argumento para demostrar que el Estado de Derecho en México ha evolucionado.

¿Esta parálisis institucional ante crisis como el fracaso del operativo huachicol en Guanajuato o la inoperancia en los casos de desapariciones va a durar hasta el año 2034, cuando la fiscal Godoy haya cumplido 80 años? ¿Esperaremos? El espacio escénico-político nos indica que la escenografía institucional que Godoy heredó, lejos de revitalizarla con su experiencia como activista, la ha utilizado como un trasfondo de subordinación.

Como un acto final, si a sus 72 años la fiscal Ernestina Godoy quisiera honrar su pasado y reivindicar algo de respeto que no la haga trascender en una figura atada a la voluntad del Ejecutivo, debiera, de una vez por todas, tener mano firme en su autonomía o bien pensar en retirarse con dignidad de su cargo. Godoy traiciona su propia biografía y reproduce el autoritarismo de los gobiernos que criticaba.

El telón cae, las víctimas siguen esperando afuera de la FGR.

Pueblo: ¿Entonces, avanzamos?

FGR: Sí, avanzamos. (No se mueven).

Silencio.

Zaira Eliette Espinosa es gestora y coordinadora de proyectos culturales. Editora y poeta, ha sido incluida en antologías poéticas de México y Canadá. Compiladora del libro: El Sueño y el Sol, poetas jóvenes de Nuevo León nacidos entre 1985-1993 (Ediciones Intempestivas, Monterrey, 2011). Autora del poemario: Hierba de los días (UANL, 2011). Becaria por el Centro de Escritores de Nuevo León (PECDA, 2007). Miembro del comité organizador del Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes (2009, 2010 y 2011), como coordinadora de enlaces institucionales. Coordinadora del ciclo de poesía «Verso Norte» en Colegio Civil de la UANL (2008-2012) y sus respectivas bitácoras impresas por la UANL, en la Casa Universitaria del Libro de la UANL (2017 y 2018). Es colaboradora de Publisher’s Weekly en Español y del portal Fusilerías.

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// Zaira Eliette Espinosa

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Autor: lostubos
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