Por José Jaime Ruiz
El partido Morena está en declive cualitativo, no cuantitativo, ¿la transformación morenista, como Saturno, acabará devorando a sus propios hijos? ¿La frase girondina de Pierre Victurnien Vergniaud sobre la revolución está en marcha? ¿O tal vez asistamos al mito griego del autófago Eresictón de Tesalia donde, más que devorar a sus hijos, Morena se consume a sí misma? Cuando el poder de Claudia Sheinbaum, Ariadna Montiel y Citlalli Hernández engulle a Marx Arriaga y a Tatiana Clouthier, personajes ejemplares del obradorismo, resta legitimidad a la Presidencia de la República y a Morena y pierde representatividad frente al pueblo bueno, sabio, “que sabe muy bien lo que le conviene y aquello que no”.
En la neoliberal Sheinbaum se cumple el poema de José Emilio Pacheco: “Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los 20 años”. También en los liderazgos de Ariadna y Citlalli: “Claro, cuando hay que optar entre principios y eficacia, no hay que dudar, la eficacia”. Fines ajenos a la propuesta original de la Cuarta Transformación se imponen: “Por el bien de todos, PRImero mis chicharrones”. Morena se desdibujó. El PRIAN no se crea ni se destruye, sólo se recicla… en Morena. El desprecio a las bases con el “cuchareo científico” de las encuestas provoca fisuras que se convertirán en rupturas, como la crítica mordaz del historiador Pedro Salmerón en contra de Rafael Barajas, El Fisgón, quien preside el Instituto Nacional de Formación Política de Morena, instituto que no ha formado a ningún gobernador.
El “humanismo mexicano” sustituyó la lucha de clases por una romantizada “revolución de las conciencias” y la conciencia de clase por la emancipación, si acaso alguna vez existió en México, se diluyó después de 36 años de neoliberalismo. Ni los ciudadanos ni Sheinbaum necesitan emanciparse del neoliberalismo, por eso la tentativa futura no es la revolución de las conciencias, sino las conciencias en revolución: contra el pensamiento único, el pensamiento crítico. Los Grandes Relatos del humanismo mexicano se agotaron muy pronto. El pragmatismo neoliberal de Sheinbaum y Morena los enterraron. Sus funerales los presiden los 17 candidatos a las gubernaturas en 2027.
Al finalizar su “Ensayo sobre un proletariado sin cabeza”, José Revueltas se pregunta “¿Quién dirigirá a quién”? En un sentido clásico, el Segundo Piso de Sheinbaum es una transformación “burguesa”, en este caso neoliberal, con un incipiente Estado de Bienestar. El declive del PRI, del PAN y del PRIAN no es accidente, es destino. El descenso en las preferencias electorales de Morena, según todas las encuestas, es irreversible: traicionaron a su base, reinventaron el dedazo, escupieron sobre sus principios, ahuyentaron la democracia representativa y participativa… la autofagia los devora.
En el estertor de la partidocracia, quien avanza es Movimiento Ciudadano, que entendió la nueva realidad del algoritmo, el burnout pero, por otro lado, entre las redes sociales y el intenso trabajo territorial, aprovecha la festividad aspiracionista (modo party) de los electores “digitalizados”. El nuevo sujeto político no es el de la multitud de Michael Hardt y Antonio Negri; es el descrito por Byung-Chul Han donde el sujeto neoliberal se concibe como un “sujeto de rendimiento” (Tik-Tok, Instagram) de proyectos perpetuos de reinvención y optimización: cada individuo es un trabajador que se explota a sí mismo en sus empresas “imaginarias”. La clase media aspiracionista despreciada por AMLO es la que saldrá a votar. No hay autogestión comunitaria (de nuevo Revueltas), sino aspiración individual, tampoco democracia cognitiva que supere la enajenación digital. MC, presente y futuro, desplaza al PRI y al PAN; mustios, decadentes, los laureles de Morena. ¿Me regreso?



