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Pumas rinde homenaje a Hugo Sánchez a 50 años de su debut

Entre lágrimas, aplausos y un coro interminable, Ciudad Universitaria le devolvió a ‘Hugol’ una parte de todo lo que él le regaló: orgullo, sueños y una historia de amor.

A las 21:01, el nombre de Hugo Sánchez volvió a estremecer el Estadio Olímpico Universitario. Bastó que el sonido local lo pronunciara para que miles de voces respondieran al unísono: «¡Hugo, Hugo, Hugo!». El grito creció desde las tribunas, se extendió por el estadio y terminó por envolver al hombre que, durante tantos años, hizo soñar a los aficionados de Pumas. Hubo aplausos, teléfonos levantados, sonrisas emocionadas y ojos que se llenaron de lágrimas. Porque hay noches en las que el futbol deja de ser solamente un juego y se convierte en un viaje de regreso a los recuerdos más queridos; publica MILENIO.

Hugo estaba de vuelta en casa. Y CU quería que lo supiera.

Los futbolistas de Pumas salieron primero a la cancha. Después apareció el histórico delantero y la emoción encontró su voz. Los aficionados corearon su nombre con esa intensidad que no se ensaya ni se ordena, porque nace de un vínculo que el tiempo no ha conseguido romper. En las gradas había quienes guardaban en la memoria sus goles, sus festejos y aquellas chilenas que parecían desafiar las leyes de la lógica; también estaban quienes conocieron sus hazañas a través de las historias familiares, de los videos y de una leyenda que se resiste a quedarse en el pasado.

Hugo caminó hacia los jugadores y saludó a cada uno. Uno por uno. En medio de aquella recepción, el saludo final con Keylor Navas se convirtió en un abrazo que reunió distintas generaciones de la historia auriazul. El guardameta costarricense y el máximo referente de una de las épocas más recordadas del club se fundieron en un gesto sencillo, pero cargado de significado. En una cancha acostumbrada a las emociones del presente, la historia de Pumas abrazaba a su propia historia.

Y mientras los aplausos seguían, el homenaje dejó de pertenecer únicamente a quienes habían organizado la ceremonia. Era de la gente. De quienes llegaron con la ilusión de verlo otra vez en el césped. De quienes pronunciaron su nombre con la familiaridad de quien habla de alguien que forma parte de su vida. De quienes no necesitaban una pantalla para recordar lo que Hugo Sánchez significó para el futbol mexicano.

Entonces llegó el himno universitario.

En el centro del campo, rodeado por los jugadores, Hugo entonó las estrofas que identifican a la Universidad Nacional. Levantó con orgullo el puño derecho y giró la mirada hacia los distintos sectores del estadio para saludar a los aficionados. A un lado y al otro, buscó con los ojos a la gente que le devolvía el cariño desde las tribunas. Fue una escena de pertenencia, de esas que no necesitan grandes discursos para revelar su dimensión. El hombre que conquistó escenarios internacionales estaba ahí, en el césped de CU, acompañado por los colores que marcaron una parte fundamental de su vida.

Las voces se unieron en el canto. Desde la tribuna visitante, los aficionados de Tigres también hicieron sentir su presencia con cánticos de apoyo a su equipo. Cada quien vivía el futbol desde su propia pasión, pero en el terreno de juego se desarrollaba un momento que trascendía la rivalidad de la noche. El himno universitario, la figura de Hugo y el rugido de las tribunas componían una imagen difícil de reducir a una simple ceremonia protocolaria.

Cuando terminó el himno, Hugo volvió a saludar hacia todos los costados. No parecía tener suficiente con mirar una sola tribuna: giraba, levantaba el brazo y agradecía el recibimiento. La respuesta fue inmediata. Los aplausos volvieron a crecer, los teléfonos siguieron registrando cada movimiento y la emoción permaneció suspendida en el ambiente. Algunos aficionados querían llevarse una fotografía; otros, quizá, sólo deseaban conservar intacta la imagen de Hugo en aquella cancha.

Porque hay recuerdos que no se guardan en una galería del teléfono. Se quedan en la memoria, asociados para siempre con un lugar, un sonido y una sensación. Para quienes vieron jugar a Sánchez, aquella noche pudo significar el reencuentro con una época irrepetible. Para quienes no tuvieron esa oportunidad, fue la posibilidad de comprender por qué su nombre sigue provocando semejante respuesta.

En las entrevistas a los aficionados aparecieron dos maneras de definirlo: para unos, Hugo Sánchez es el mejor; para otros, es el más grande. La diferencia puede parecer mínima, pero encierra una discusión que el futbol mexicano arrastra desde hace décadas. El mejor se puede medir a través de los goles, los títulos y los récords. La grandeza, en cambio, también se reconoce en la huella que un jugador deja en la gente, en la capacidad de permanecer vigente cuando las temporadas terminan y los equipos cambian.

Hugo tiene argumentos deportivos que sostienen su lugar en la historia. Su trayectoria en Pumas y su consagración en el futbol español lo convirtieron en una de las figuras mexicanas más reconocidas internacionalmente. Pero en Ciudad Universitaria, esa noche, no eran las estadísticas las que hablaban más fuerte. Era la gente. Eran los gritos que repetían su nombre, la emoción que se asomaba en los ojos y el orgullo con el que los aficionados lo señalaban como un referente que no pertenece exclusivamente a una época.

A veces, las leyendas se vuelven tan grandes que corren el riesgo de convertirse en cifras, trofeos y anécdotas repetidas. El homenaje en CU devolvió a Hugo Sánchez a una dimensión más cercana: la de un hombre que regresó a una cancha donde todavía lo reconocen, lo recuerdan y lo quieren.

Y quizá ahí estuvo lo más conmovedor de la noche. No en la ceremonia, ni en el protocolo, ni siquiera en el abrazo con Keylor Navas. Estuvo en la reacción espontánea de una multitud que, al escuchar su nombre, encontró una razón para emocionarse. Porque el tiempo puede alejar a los futbolistas de sus mejores tardes, pero no siempre consigue alejarlos del corazón de su gente.

A las 21:01, el Olímpico Universitario pronunció un nombre. Después lo convirtió en un coro. Y en medio de miles de voces, Hugo Sánchez recibió algo que ningún marcador puede registrar y ningún campeonato puede garantizar: la certeza de que su historia sigue viva en quienes lo vieron jugar y en quienes aprendieron a admirarlo sin haber presenciado sus hazañas.

Para algunos fue el mejor. Para otros, el más grande. Esta noche, en CU, no hizo falta resolver la discusión. Bastó escuchar a la multitud «¡Hugo, Hugo, Hugo!»

Imagen portada: MILENIO

https://www.milenio.com/futbol/liga-mx/pumas-dedica-homenaje-a-hugo-sanchez-por-50-anos-de-debut

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor:

// Staff

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