Por Félix Cortés Camarillo
Sobre la vida privada de las personas públicas hay en la picaresca mexicana pocas evidencias; a cambio, abundan las invenciones al modo del supuesto amorío de Carlos Salinas de Gortari con la bella Adela Noriega y el fruto de su pasión.
Ni lo niego, ni me consta, pero el chilpayate , sí es que existe, ya debe andar en edad de merecer, como decía mi abuela. Y de paso, heredar suculenta pachocha.
Sí, al tercer jaibol aunque no le conste, cualquier mexicano jura que Irma Serrano le llevó serenata a Los Pinos a su amante presidente Gustavo Díaz Ordaz, para luego arrancarle de un bofetón la retina, acto que le llevó -a él- al hospital y a ella a la fama, cuando no existían las revistas de los chismes, ni las actrices salían en pelotas por razones estéticas del texto teatral, como hizo Isela Vega con sus hermosas chiches en Zaratustra con el chileno Jodorovsky.
Hay muchos cuentos de que Maximiliano de Habsburgo no pudo en México tener teórico sucesor al teórico trono, simplemente porque sus relaciones sexuales no eran con Maria Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia Coburgo y Gotha, (cuando casó con el designado pasó a ser archiduquesa del imperio Austro Húngaro y de Lombdardía y Veneto).
Dicen las malas lenguas, que suelen ser certeras, que el nuestro breve emperador se refocilaba con un mancebo oaxaqueño que conoció en sus exploraciones étnicas de su imposible imperio.
Sobran mexicanos que pueden atestiguar, bajo juramento, que durante una visita, claro, de estado, estuvieron cuando el caro hotel Villamagna en Madrid, tuvo que derribar la pared que separaba dos contiguas y carísimas suites, porque en la de al lado, el piano de doña Carmen Romano de López Portillo no cabía,
Hay muchísimas anécdotas del vínculo entre el pensar y el sentir allá abajo. Bueno, a medio cuerpo.
Se trata de la relación que, en mis tiempos de televisión, decíamos frecuentemente que -sin generalizar- no hay cámara sin recámara. La implícita relación del actuar público con la más íntima de las acciones es solamente lógica y, yo diría, casi inevitable.
Y muy grata,digo.
La debacle de la honesta, puritana e implacable administración del INE en pejedolares, provocada al darse a conocer los millonarios fraudes en lo que considerábamos el más limpio de los organismos del poder, el INE, es magna.
Y no sé a quien chingados se le ocurra hoy defender a la señora Taddei y sus millonarias corruptelas, ni a su casi calvo galán y aficionado camarógrafo familiar. Son chingaderas de las grandes, con muchos ceros a la derecha.
Pero yo, sin justificarla, a doña Lupe la comprendo.
El que nunca haya caído en la tentación de lo que en mi pueblo se llama “empelotarse” de alguien (que no es lo que dice la Academia de la Lengua), que lance la primera piedra. O, como dice uno de mis gratos y pelados contertulios de los viernes, cuando entra la reata por la puerta, sale la razón por la ventana.
La carne es cabrona. Y las tentaciones de la carne, más. Por eso, cuando le comunicaron al señor de los contratos en el INE, que ya no habría más arrumacos de generosa ganancia, entendió que los contratos iban a otras firmas. Perdió; y por eso comenzó a dar a conocer su videoteca.
Y creo que, como decía el chaparrito que se hizo clásico de la tele: aún hay más.
La venganza de amor nunca se olvida.
PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO: La detención en Miami de la señora Gómez Mont por cualquier causa que haya sido, es una simple faramalla.
En cualquiera de las acepciones que admite la Real Academia, todo se reduce a fraude y mentira. La señora y su marido, y otros afines, se chingaron miles de millones de pesos con la complicidad de empleados del gobierno.
Ahora sólo falta que la exoneren.



