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El presidente y sus aliados tendrán que ser muy prudentes, pero al mismo tiempo muy firmes para capotear la tempestad. Es decir, Andrés Manuel deberá ser muy sabio para no pelear, pero sin dejarse mangonear.
Federico Arreola
diciembre 8, 2018, 8:50 am

“El buen juez por su salario empieza.” “Rayuela”, de La Jornada

Desde luego, yo no tenía la menor idea acerca de la existencia del Dictionnaire étymologique de la langue Latine – Histoire des mots de Alfred Ernout y Antoine Meillet.

Supe de esa obra buscando en Internet el significado de “secta”. Lo más interesante que encontré fue un artículo de Javier Álvarez, “conocido como Paco en el mundo real”, quien se describe a sí mismo como “un modesto filólogo clásico sevillano apasionado de las lenguas en general y de las clásicas y del castellano (o español) en particular”. Paco es actualmente profesor de español en línea y presencial en Cracovia e imparte los Videocursos de Lingüística y Humanidades.

Pues bien, Paco comenta en su artículo el Dictionnaire étymologique de la langue Latine – Histoire des mots, según el cual “secta” se relaciona a menudo con sequor (seguir, perseguir), pero que los romanos relacionaban más bien con sek (cortar), “sin apartarse de la noción de sequor”.

Es decir, “secta podría derivar más bien del frecuentativo verbal sector ‘perseguir (con afán)’…”.

¿Qué persiguen con afán los integrantes de una secta? Respuesta: a una sección, a una parte del todo. ¿Para qué? A juzgar de la experiencia, para nada bueno. De ahí el título del artículo de Javier Álvarez, alias Paco: “La secta: los seguidores de una sección”.

Si estoy entiendo correctamente, estamos hablando de división, el cáncer que invariablemente pone en riesgo de muerte a las sociedades con instituciones débiles, como la mexicana.

La secta catalana

El dramaturgo Albert Boadella, entrevistado en El Mundo de España acerca del independentismo en Cataluña, dice que trata de una secta: “Lo terrible es que (los independentistas) no se dan cuenta. Si fueran cínicos yo sería más optimista. El problema es que están enajenados”.

Para el dramaturgo, “una secta sólo permite la desprogramación, pero no hay diálogo posible”.

México: choque de sectas

¿Andrés Manuel López Obrador dividió a la sociedad mexicana en dos sectas enfrentadas —la de quienes lo apoyan apasionadamente, y la otra, la de quienes lo combaten con fanatismo?

Pienso que las dos sectas existen, pero no fue Andrés Manuel el que las inventó. Ambas sectas fueron creadas por la derecha mexicana cuando, en 2004, decidió que el tabasqueño tenía que ser encarcelado para que no participara en las elecciones presidenciales de 2006.

Andrés solo quería competir en una contienda electoral. Pero como estaba muy bien posicionado en las encuestas, el PRI, el PAN, los grandes empresarios, el poder judicial, el poder legislativo y el gobierno de Vicente Fox decidieron quitarle el fuero que tenía como gobernante del entonces Distrito Federal, meterlo en prisión y, de esa manera, impedirle aparecer en la boleta electoral.

El desafuero de AMLO dividió a México.

La gente en la calle, indignada, atemorizó a los promotores del desafuero y estos, de plano, se echaron para atrás. Pero no renunciaron a su obsesión antidemocrática de parar a cualquier costo a López Obrador.

El problema creció porque Andrés Manuel tuvo en 2006 más votos que Felipe Calderón.

Por esa razón, el PRI, el PAN, los grandes empresarios, el poder judicial (vía el Tribunal Electoral), el poder legislativo y el gobierno de Vicente Fox, con absoluta irresponsabilidad se robaron las elecciones.

Calderón gobernó, sí, y quizá fue honesto durante seis años en términos de no desviar para su beneficio recursos públicos —al menos no se le conoce un patrimonio que sea incapaz de justificar con sus ingresos legales—, pero como llegó al gobierno manchado por la inmoralidad del fraude electoral, buscó limpiar su imagen declarando una absurda guerra —condenada desde el inicio al fracaso— contra las mafias del crimen organizado.

Doce años después, se vive con miedo en todo el país por el elevadísimo número de muertos en enfrentamientos a balazos que hay cada día.

En una sociedad aterrorizada por la violencia generalizada era lógico que la mayoría de la gente votara por el único partido, el de Andrés Manuel, que no la había originado ni tampoco había fracasado en tratar de acabar con tal fenómeno.

Una secta en pie de guerra 

Nadie se sorprendió cuando López Obrador y Morena ganaron todo, pero la secta contraria, que es poderosa, si bien en el discurso —al menos el de sus dirigentes— acepta la nueva situación política, en los hechos está en contra, y no necesariamente como oposición leal, responsable y democrática.

No ayuda que la secta que sigue a AMLO sea tan agresiva, sobre todo en redes sociales, contra cualquiera que se atreva a cuestionar al ahora presidente de México.

Pero si los seguidores de Andrés Manuel no pasan de los insultos y las calumnias —que por supuesto son inaceptables—, la secta contraria ha decidido responder con más insultos y más calumnias, pero no solo con eso: también movilizando a la única institución que la derecha todavía controla, el poder judicial, y a sus principales aliados en el extranjero, los mercados, cuyo capacidad de dañar a una nación es enorme.

No tienen fuerza los partidos políticos de oposición ni, por lo demás —en el reciente debate sobre la ley que regula los ingresos de los funcionarios público— tampoco tienen la razón.

Pero una minoría desprestigiada, debilitada y sin credibilidad logró, en tiempo récord, que la Suprema Corte echara abajo para los efectos prácticos que en el corto plazo importan, una ley fundamental para el gobierno de López Obrador: la que prohíbe a cualquier funcionario público ganar más que el presidente de la República.

Atentado contra el presupuesto

Esa decisión del poder judicial tiene un impacto directo sobre el presupuesto 2019.

Un experto en el tema me ha dicho que el “espacio presupuestario” o “re asignable” se reducirá en cuando menos 110 mil millones de pesos. Y además se tendrá que hacer en una semana, lo que puede provocar errores costosos.

La opción que le quedará al presidente López Obrador será buscar ahorros mediante decretos del poder ejecutivo que recorten el gasto sin tocar los salarios, por ejemplo eliminando prestaciones. No logrará seguramente ahorrar 110 mil millones, pero quizá podría alcanzar la mitad de esa cifra.

Ya la presión de los mercados había aumentado el costo financiero de la deuda en unos 10 mil millones de pesos.

La secta de la derecha, que no ganó las elecciones, está claramente usando lo que todavía controla en México, como el poder judicial, y su influencia en los sectores financieros globales para obligar al presidente López Obrador a tener que recurrir a una de dos medidas —o a las dos— en su primer año de gobierno: (i) cancelar o el retrasar el inicio de proyectos de infraestructura o (ii) disminuir el alcance de los programas sociales.

Es muy peligroso lo que está pasando. La secta antiAMLO —en su abierta provocación al gobierno electo por una contundente mayoría de los ciudadanos— temerariamente juega con fuego, lo que podría incendiar a la nación entera.

El presidente y sus aliados tendrán que ser muy prudentes, pero al mismo tiempo muy firmes para capotear la tempestad. Es decir, Andrés Manuel deberá ser muy sabio para no pelear, pero sin dejarse mangonear.