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Aranceles, pingüinos y espiroquetas

Por Francisco Villarreal

Aunque hay aranceles inevitables e injustificables (fenta y migra) que Estados Unidos aplica y aplicaría contra México, este 2 de abril hubo muchos que celebraron que no estuviéramos incluidos en la agotadora lista de aranceles “recíprocos”. Yo sigo incrédulo. Las victorias cantadas siempre desafinan. En el reino de Hiperbórea se truenan los dedos de puros nervios porque no están en la lista y creen que Trump seguirá lanzando dardos arancelarios en el mapamundi. ¡Más peor!, porque los hiperbóreos temen que también quiera convertirlos en el estado 50 y tantos. Atlantes, cimerios, agarthianos y arimaspos tampoco están tranquilos. Hasta los aguerridos borgs, romulanos y kingons están por formar un frente espacial contra-arancelario, por si las dudas. Tal vez la única civilización que respira tranquila es la de los misteriosos “Pueblos del Mar”, porque aparte de que llegan en barcos, nadie sabe de dónde vienen. Y hasta ellos no la tienen fácil, porque si Trump cumple su capricho de invadir Panamá, les ajustaría tarifas en cada esclusa del canal en lugar de aranceles. Las tablas arancelarias de la ley trumpiana son extensas. Conté 185 países a los que les recetó un presunto ojo por ojo, arancel por arancel, aunque no escasean casos en donde Trump resbaló la pluma a la alza, como mesero en las “comandas” de las viejas cantinas de donde salía menos ebrio de lo que pagaba. El mundo entero tendrá que asumir estos “amigables” aranceles si quiere comerciar con Estados Unidos; por supuesto, los estadounidenses tendrán que pagarlos. Lo positivo es que me enteré de que hay países que no sabía que existían… O igual no existen y se los inventó Trump, que es un compulsivo mentiroso. Con todo, México no está a salvo. En todo este mundo y mundos adyacentes, nadie está a salvo. El ensayo general de 2017-2021 fue un suspiro comparado con los estertores económicos que ahora desata. No sólo dinamita a la economía mundial, también pone en crisis a la democracia como sistema de gobierno, otra crisis. Su co-gobierno con personajes claramente antidemocráticos como Musk, Vance, Rubio, Noam, etcétera, son indicadores evidentes de la alternativa que no propone sino que impone a la democracia.

Debemos conceder que muchos países aplicaban aranceles a Estados Unidos. Pero también entender que esa fue la economía global que impuso Estados Unidos, su idea de libre mercado, y que finalmente acabó enriqueciéndolo. Mejor dicho, enriqueciendo a los grandes magnates. Como hoy sus reglas ya no le benefician, ¡pues a cambiar las reglas! El neoliberalismo empujó en su momento para generar cambios políticos desde una minoría oligárquica, pero bajo el mismo principio de liberalismo comercial. Ahora, las políticas económicas de Trump cambian todo el panorama. El hijo predilecto de la ultraderecha resultó respondón, y se comporta, al menos en lo económico, como un progre populista, proteccionista e izquierdoso. Trump tiene prisa por “volver a hacer grande” a Estados Unidos, pero pareciera que no sabe nada de Economía. Para empezar, ya un periodista gringo destapó lo que ahora es la comidilla mundial: los aranceles recíprocos no son recíprocos. No entraré en detalles para no ofender a el Álgebra ni a enfurecer a la endiablada Regla de Tres, pero el cálculo de los aranceles en realidad fue un malabarismo del déficit comercial de Estados Unidos con cada país. No corresponden de ninguna manera a los aranceles reales que le aplican y en algunos casos ni siquiera le aplican. Los ciudadanos de la Isla Norfok, que apenas pasan de 2 mil habitantes, importan minucias, no exportan ni un catarro, y amanecieron el martes con la novedad de un arancel del 29%. Están más contentos los 30 y tantos habitantes de la isla Jan Meyen, a quienes sólo les impuso el “amigable” arancel del 10%. Los que siguen confundidos son los habitantes del territorio de las islas de Heard y McDonald que no producen, ni importan ni exportan. El pleno de la población de pingüinos, focas y albatros decidieron elevar su protesta ante la Organización Mundial del Comercio, pero desistieron al ver que ya es un organismo inútil y en vías de extinción, por lo que mejor optaron por ofrecerle asilo.

Entendámonos. Los aranceles que se imponen a Estados Unidos son parte de las reglas que impuso el libre comercio. No se trata de agresiones en su contra y no son definitivas. Por lo general son aranceles temporales para proteger la consolidación de proyectos de desarrollo que, de otra forma, serían aplastados por los grandes corporativos, una gran mayoría de Estados Unidos. Pero igual que se imponen aranceles a Estados Unidos se le imponen a cualquier país que pueda representar una amenaza. Y, repito, no son definitivos, aumentan, disminuyen o desaparecen en función de cómo se consolida la economía interna. En pocas palabras, los aranceles en el libre comercio son un escudo defensivo; los aranceles en la incierta nueva economía de Trump son un arma. Como diría don Corleone: “Una oferta que no puedes rechazar”. La oferta es ceder a todas las demandas de Trump, desde las más razonables hasta las más estúpidas, a cambio de no “sufrir” los aranceles. Un gangster en toda forma.

Sí, Trump tiene prisa, pero lo que resulte de esta descabellada política, si es que logra resultados positivos, será a largo, muy largo plazo. Todavía no resiente los primeros impactos en la economía nacional, la de los ciudadanos, que enfrentarán un aumento de precios. Por lo pronto ya arrastra una creciente baja en la popularidad y derrotas republicanas en elecciones de jueces… Sí, también en Estados Unidos eligen a sus jueces. Y eso que Musk ha estado repartiendo su “entusiasmo” contante y sonante para impulsar candidatos republicanos a jueces. Sí, es ilegal, pero como una gran cantidad de acciones ilegales del gobierno de Trump, ni el Congreso ni el Poder Judicial actúan contra eso. Hay muchas protestas, pocas acciones, y algunos fallos judiciales que el gobierno de Trump o elude o desoye.

El panorama, para los optimistas, es que México ha logrado evitar un golpe mortal a la economía. Muchos hasta dicen que la doctora Sheinbaum “domó” a Trump. Decía mi abuelo que un animal salvaje domado, nunca olvidará que es un animal salvaje. El presidente gringo no es un animal, pero sí es salvaje y aparentemente humano. Es muy complicado negociar con un tipo que no respeta su palabra, que carece de la más mínima noción del honor. El daño de los aranceles que sí aplicará a México en sectores automotriz y metalúrgico puede paliarse, pero es un daño. Los aranceles recíprocos que no son recíprocos y que no incluyen a México y a Canadá, no pueden descartarse. La “reciprocidad” de Trump es un pretexto insostenible similar a su amenaza en el tema de tráfico de drogas y migración. La respuesta de México ha sido, creo yo, salvar lo que se pueda en tanto se pueda; negociar con el tiempo y, con el Plan México y otros posibles planes, aprovechar la coyuntura para replantear la producción nacional hacia la autosuficiencia en áreas susceptibles. Y por supuesto, el blindaje del motor real de la economía que no es el capital sino el trabajador. Así que, en lugar de exportar autos con espiroquetas chinas, que sea con espiroquetas nacionales. Por lo pronto, a esperar, sentados de preferencia, la “edad de oro” que promete Trump, y las miles de empresas que él jura que proliferarán como el zacate por toda la Unión Americana. Así será, cuando los inversionistas superen la incertidumbre que es lo único que puede darles Trump, cuando nazcan los millones de trabajadores que necesitaría y que no tiene, y cuando los empresarios se atrevan a pagar los altos sueldos que son norma en Estados Unidos y que no se comparan a los que pagan en México o en Oriente. ¡Suerte con eso, Mr. MAGA!

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// Francisco Villarreal

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Autor: lostubos
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