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El Consejo de Inseguridad

Por Francisco Villarreal

No está chido tratar de dormir cuando a tiro de piedra hay unos vecinos celebrando… No sé qué celebran, porque lo hacen, con toda mi envidia, al menos cuatro veces por semana y normalmente por las noches y hasta muy tarde. En ese alegre club, hay varios que tienen buena voz, lo saben, y cantan a grito pelado. La verdad, me gustan la mayoría de las canciones que entonan, a veces con “kareoke”, a veces con un “fara-fara” de emergencia. Pura rola ranchera, norteña y viejita. Por esto no hay queja, salvo que no coinciden con mis horarios de sueño y, o me despierta la serenata, o me quedo sonámbulo tarareando mentalmente alguna de sus canciones. Ni hablar. Yo también fui ruidoso. ¡Es mi cruz!

En esa vela musical perpetua me tuve que distraer espulgando noticias madrugadoras en internet. En una de esas, que voy viendo al indiscreto militar gringo y torpe ex asesor de seguridad Michael Waltz, recompensado por Trump con una embajada en las Naciones Unidas. ¡Y en plena reunión del Consejo de Seguridad! No me tragué todo su discurso, porque no tenía a la mano algún remedio contra las náuseas, pero con lo que le escuché fue suficiente como emético eficaz. Waltz, de parte de Trump, asume la posesión absoluta de vidas y haciendas en todo “Occidente”, que básicamente se refiere a América, tanto la América latina como la deslactosada. El ataque militar contra Venezuela y la “extracción” (léase “secuestro”) del dictador bolivariano Nicolás Maduro es sólo un incidente menor, el objetivo es faraónico y extractivamente suculento.

El fantasioso vals de Waltz, danzado ante diplomáticos reales no farsantes, reivindica los sueños megalomaníacos del fascismo más rancio, pútrido y utópico: un Hemisferio Norte “blanco”, y el mismo rasero racial para Occidente, o lo que esa especie de marino borracho que es Trump entendería como “occidente”. Ahora bien, justificó (¡!) la “extracción del presidente venezolano y su esposa, mencionando a Manuel Antonio Noriega como un antecedente. En eso ya empezamos a estar jodidos, porque si estamos en una situación crítica hoy, es que los “antecedentes” históricos no son historias ejemplares sino errores históricos. Ni el vecino cantando “Las nieves de enero”, mejor que Chalino y a volumen de bocina tomatera, me pudo sacar de mi estupor. Tal vez la “generación Z” tenga memoria corta y amnesia larga, sobre todo esa versión prianperredista mexicana, generación Z de migajón, pero hay diferencias enormes que no equiparan ambas acciones ilegales e intrusivas. El generalote “Cara de Piña” (QEPD), no era presidente de Panamá, ejercía el poder igual que Trump, con la fuerza policiaca y militar, y por encima de la ley. No hubo “invasión” sino movilización, porque Estados Unidos tenía en ese tiempo varias bases militares en Panamá. Noriega era, además y desde hacía años, un querido elemento activo y útil de la funesta CIA. En pocas palabras, sólo llamaron a cuentas a uno de sus agentes. El procedimiento, por supuesto, fue ilegal; y también fue protestado por muchos en todo el mundo, pero no en defensa de Noriega sino de Panamá.

No sé en el caso específico de Maduro y su esposa, pero para eventualidades como esta, Estados Unidos tiene un as bajo la manga. En caso de que ilegalmente se detenga a alguien, de cualquier jerarquía política, militar o civil, y al hacerlo se infrinjan las leyes previstas en los mecanismos procesales, los fiscales pueden apelar a la ley de “lo caido, caido”. Es decir, ignorar el procedimiento contra este curioso tipo de inmigración ilegal forzada. Me fascina ver cómo propagandistas intragables de la ultraderecha como Carlos Marín hacen perifrásticas y maromas de saltimbanqui para justificar el procesamiento judicial de Maduro; proceso que probablemente merezca, pero no en ese tribunal. Tal vez, sólo tal vez, Maduro y su esposa puedan pedir el amparo de la Gestapo trumpista, ICE, la “migra”, para que sean aprehendidos y extraditados a Venezuela en razón de ser inmigrantes ilegales y, ¡peor aún!, al menos Maduro, además “morenito”.

La situación en general no es nimia. Los resonadores de la ultraderecha mundial están frenéticos haciendo emulsiones imposibles de datos (Vid., Reforma y su salpicadero de desinformación en portada). Hay de todo, desde equiparar la captura de Maduro con un triunfo de la democracia, hasta convertir a los defensores de la soberanía de las naciones en casi cómplices de un cartel “solar” de narcotraficantes que, ¡Oh “sorpresa”!, ahora EEUU admite que nunca existió. Nos quieren jugar el dedo en la boca, que eventualmente sería el cañón de un revólver. Nicolás Maduro es un factor, no el tema. No he visto que se destaque la sesión del Consejo de Seguridad en la ONU, donde se juega su futuro como organización y el futuro del mundo. En esa reunión, el asesor Jeffrey Sachs fue más que puntual, recordándonos que la intrusión estadounidense en Venezuela no es novedad. De hecho, llevan más de 20 años haciéndolo impunemente. La ONU ha sido omisa o tibia, y Estados Unidos ha sido sordo y cínico. “Desde 1947, la política exterior de Estados Unidos ha empleado repetidamente la fuerza, la acción encubierta y manipulación política para provocar un cambio de régimen en otros países…”, refiriéndose Sachs a SETENTA intervenciones, todas desastrosas para los países intervenidos, y ocurridas hasta 1989. Además, “Desde 1989, las principales operaciones de cambio de régimen emprendidas por Estados Unidos sin autorización por el Consejo de Seguridad han incluido, entre las más trascendentales, a Irak, 2003; Libia, 2011; Siria, a partir de 2011; Honduras, 2009; Ucrania, 2014; y Venezuela, desde 2002 en adelante”, dijo. No incluyó Sachs la reciente intromisión electoral de Trump y su jauría para sostener a Milei en Argentina e imponer presidente en Honduras. Tampoco la presión sobre Brasil para intentar liberar al golpista fascista Jair Bolsonaro, ni su complacencia y colaboración con el “dictador cool” de El Salvador, o el gringo floridense que funge y finge como presidente de Ecuador.

Sachs puso el dedo en la llaga del Consejo de Seguridad. No se puede esperar que cada país enfrente por su cuenta la agresión de Trump y el Atila alcohólico que se presume “Secretario de Guerra”. La desesperación de Trump por su incompetencia como mandatario son las patadas del ahogado que no se resigna a hundirse solo. Intenta, por cualquier medio y sin alguna ley, mantener la hegemonía que durante décadas impuso Estados Unidos en el mundo, y con los mismos medios: “guerra abierta, operaciones encubiertas de inteligencia, la instigación de disturbios, el apoyo a grupos armados, la manipulación de los medios de comunicación masivos y sociales, el soborno de funcionarios militares y civiles, los asesinatos selectivos, las operaciones de falsa bandera, y la guerra económica” afirma Sachs. Esto es: la fuerza, la mentira, el chantaje, la insidia, el soborno… Quién sabe qué tanta culpa tienen qué asumir los países del mundo, y en qué medida, por haber soslayado y hasta apoyado estos antivalores inscritos con “letra chiquita” en el reverso de la Carta de las Naciones Unidas. En cualquier caso, creo que acabaremos humillados y ofendidos, diría Dostoyevski, y para no variar pagaremos por igual justos e injustos por pecadores, incluyendo a los chupamedias mexicanos que suponen que halagando a un presidente criminal estarán a salvo… y me refiero al presidente criminal convicto, no al todavía presunto.

¿Y mis vecinos?, ¡felices recordando a los Alegres de Terán!; involuntariamente describen el entusiasmo entreguista de los trumpistas mexicanos, que invocan el desastre aunque en el fondo saben que acabaría arrasándolos también a ellos: “Yo sufro, por tal que sufras. Y si el juego es de perder, me gusta quemar mi casa, por ver la de enfrente arder”, cantaban don Eugenio y don Tomás.

José Francisco Villarreal ejerció el periodismo noticioso y cultural desde los años 80. Fue guionista y jefe de información en Televisa Monterrey. Editó publicaciones y dirigió el área de noticias en Núcleo Radio Monterrey. Durante el neolítico cultural de Nuevo León, fue miembro del staff del suplemento cultural “Aquí Vamos”, de periódico “El Porvenir”; además fue becario de la segunda generación del Centro de Escritores de Nuevo León. Ha publicado dos poemarios: “Transgresiones” y “Odres Viejos”. Actualmente en retiro laboral, cuida palomas heridas y perros ancianos mientras reinventa la Casa de los Usher.

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// Francisco Villarreal

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Autor: lostubos
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