En lo que va de la actual administración federal, la Secretaría de Marina ha logrado asegurar más de 60 toneladas de drogas en la mar, principalmente en el corredor del Pacífico mexicano, pero también del lado del Golfo; informa MILENIO.
De acuerdo con reportes oficiales, en las operaciones marítimas también se han detenido a más de 200 personas, asegurado 70 embarcaciones y más de 170 motores utilizados fuera de borda.
Fuentes navales consultadas indicaron a MILENIO que los golpes al crimen organizado se han logrado mediante la implementación del concepto trinomio, en el que se despliegan de forma coordinada unidades de superficie, aeronavales y personal especializado, con el respaldo de centros de mando y control.
Bajo esa lógica, las aeronaves realizan vuelos de vigilancia y reconocimiento, identificando posibles objetivos desde el aire. Las unidades de superficie se aproximan al objetivo. Y el personal naval especializado realiza el abordaje.
Entre los decomisos destaca el realizado el 18 de octubre de 2024, el más grande en lo que va del sexenio con 8.3 toneladas de droga y 8 mil 700 litros de combustible frente a las costas de Lázaro Cárdenas, Michoacán.
En ese operativo, se localizaron seis embarcaciones, incluido un semisumergible, con un total de 17 tripulantes.
En tanto, en los primeros tres meses de 2026, la Marina ha profundizado la cooperación con agencias del gobierno de Estados Unidos, lo que le ha permitido intensificar sus operaciones de vigilancia en el corredor del Pacífico mexicano, una de las principales rutas utilizadas por los cárteles para introducir cocaína procedente de Colombia.
Los informes públicos de estas acciones revelan que la cooperación bilateral ha permitido decomisar más de 12 toneladas de cocaína en lo que va del año, en operativos encabezados por infantes de marina, empleando patrullas oceánicas y embarcaciones interceptoras.
Los aseguramientos más recientes, reportados el 8 y 9 de marzo, son una muestra de la magnitud del fenómeno. El primero, a 198 millas náuticas al suroeste de Acapulco, Guerrero, donde fueron localizados 80 bultos de droga; y el segundo, a 415 millas al oeste de Los Cabos, Baja California Sur, donde, en coordinación con la Guardia Costera de Estados Unidos, se interceptó un buque con 4.7 toneladas de cocaína y cinco tripulantes mexicanos. Sólo este último cargamento representa una afectación económica estimada en más de mil 814 millones de pesos para las organizaciones criminales.

A estas cifras se suman los decomisos de febrero: el día 19, un semisumergible con 3.3 toneladas frente a Manzanillo, Colima; y el 11 de febrero, otro buque pesquero asegurado al oeste de Isla Clarión con 4.7 toneladas.
El Pacífico, la autopista de la cocaína
Documentos consultados por MILENIO detallan que en el Pacífico mexicano operan al menos tres grandes tipos de rutas utilizadas por la Delincuencia Organizada Transnacional (DOT) para mover cocaína desde Colombia.
Estas rutas se extienden a lo largo de todo el litoral pacífico, desde la frontera con Guatemala hasta Baja California, y se adaptan a la geografía, a la infraestructura carretera e incluso a las corrientes marinas.
En el caso de las rutas marítimas, se tienen identificadas en tres vertientes: Las rutas cercanas a la costa: siguen el litoral centroamericano y mexicano para facilitar el abastecimiento, el relevo de tripulación y el encubrimiento con embarcaciones pesqueras o comerciales, es desembarcada en caletas o puertos menores para iniciar su traslado por tierra.
Están las rutas de alta mar, que se alejan de la costa y transitan por aguas internacionales para evadir la jurisdicción nacional, así como las rutas de profundidad, en las que navegan a cientos de millas de la costa, buscando estar fuera del alcance inmediato de las autoridades.
También se ha detectado que han empleado rutas comerciales con buques portacontenedores que arriban a los puertos mexicanos, que funcionan como nodos estratégicos de recepción y, posteriormente, el tránsito vía terrestre o aéreo.
Los puntos de salida en Colombia se concentran en los puertos de Buenaventura y Tumaco en el Pacífico, y en el Caribe colombiano, los puertos de Cartagena, Barranquilla y el Golfo de Urabá. En México, los mapeos identifican como puntos de arribo estratégicos, de sur a norte: Puerto Chiapas (Chiapas), Puerto Ángel (Oaxaca), Acapulco (Guerrero), Lázaro Cárdenas (Michoacán), Manzanillo (Colima), Mazatlán (Sinaloa) y Los Cabos (Baja California Sur), entre otros.
Las rutas terrestres: cuatro corredores hacia Estados Unidos
Una vez que la droga toca tierra en el Pacífico mexicano, comienza su recorrido por carretera hacia la frontera norte. Los mapas de inteligencia naval identifican al menos cuatro grandes corredores terrestres, que atraviesan prácticamente el país hasta los cruces fronterizos.
La primera comienza en el llamado Tapón del Darién, la selva que separa Colombia de Panamá, atraviesa Centroamérica, para ingresar por Chiapas; también puede llegar en embarcaciones o aviones. De ahí el traslado es por tierra hacia Tamaulipas para cruzar a Texas por las ciudades de Reynosa o Nuevo Laredo.
Otra inicia en Acapulco y otras caletas de la costa de Guerrero. Atraviesa el centro-occidente del país hasta el estado de Durango, desde donde la droga se redistribuye hacia Ciudad Juárez (Chihuahua) o Culiacán (Sinaloa), puntos de salida a Estados Unidos o de conexión con otras rutas.
La siguiente va desde Quintana Roo, recorre la península de Yucatán: pasa por Mérida (Yucatán), Campeche y Tabasco, hasta llegar al puerto de Veracruz. Desde ahí, puede continuar hacia Tampico (Tamaulipas) o desviarse a la Ciudad de México.
Finalmente, está la ruta de Tamaulipas. Parte del puerto de Tampico (que también recibe droga vía marítima desde el Caribe) y se dirige hacia las ciudades fronterizas de Reynosa y Nuevo Laredo, puntos de cruce hacia Laredo y McAllen, Texas.
Las rutas aéreas: el puente entre Colombia y México
Además de las rutas marítimas y terrestres, los mapas de inteligencia consignan al menos tres tipos de rutas aéreas utilizadas para transportar cocaína desde Colombia hacia México. Estas rutas permiten evadir los controles marítimos y acortar los tiempos de entrega.
Con avionetas ligeras, que despegan desde pistas clandestinas en Colombia (principalmente en los departamentos de Nariño, Putumayo o Caquetá) y cruzan Centroamérica hasta llegar a pistas improvisadas en la Selva Lacandona o en zonas rurales de Chiapas. Una vez en tierra, la droga se incorpora a la ruta terrestre.
Se ha identificado una trayectoria aérea que conecta directamente Colombia con los estados del Pacífico mexicano, especialmente Jalisco y Sinaloa. Las avionetas, que suelen volar a baja altura para evadir radares, aterrizan en pistas clandestinas en zonas serranas o en ranchos de estos estados, donde la droga es recepcionada por los cárteles y luego distribuida por tierra.
Y se tiene identificadas, en una menor cantidad, las rutas a través de vuelos comerciales, que es en esencia la droga que va oculta en equipajes, contenedores que aprovechan aeropuertos y empresas de paquetería.
El Clan del Golfo es la organización colombiana con mayor capacidad para comprar pilotos y coordinar estos vuelos continentales sin ser detectados. Construyen aeropuertos clandestinos en regiones apartadas y han perfeccionado la técnica de enviar avionetas a Brasil o a países centroamericanos para luego reembarcar la droga hacia México o Europa.
El negocio desde Colombia
Para entender de dónde viene la droga que llega al Pacífico mexicano y cómo se tejen los acuerdos, Jeff Sierra, periodista colombiano especializado en narcotráfico y conflictos armados, reconstruye la relación de la cocaína Colombia-México, trazada en fuentes abiertas desde hace tres décadas.
En Colombia, -explica- el principal socio del Cártel de Sinaloa es el Clan del Golfo, también conocido como Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Se trata del grupo criminal más grande del país, con un control estimado de entre el 60 por ciento y 70 por ciento de la droga que se produce. Son remanentes de los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que no se acogieron a los procesos de paz y hoy operan como una empresa concentrada: tienen una junta directiva en Bogotá, jerarquías muy organizadas y un pie de fuerza que podría llegar a los 13 mil hombres.
Su líder máximo es Jobanis de Jesús Ávila Villadiego «Chiquito Malo», pero las decisiones clave sobre narcotráfico las toma una cúpula conocida como «la junta directiva». Según Sierra, este grupo le trabaja directamente a Los Chapitos (Iván Archivaldo Guzmán), a quienes se mantuvieron leales tras la ruptura con Los Mayos.
«Antes trabajaban para Los Mayos y Los Chapos, pero desde la traición quedaron leales a Iván. Incluso han mandado colombianos a México para engrosar las filas de Iván porque iban perdiendo la guerra», explica el periodista.
Disidencias de FARC y CJNG
En el sur del país, en los departamentos de Nariño, Putumayo, Valle del Cauca y Cauca, operan las disidencias de las FARC, lideradas por Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco. Este grupo concentraría entre el 30 por ciento y 40 por ciento de la droga que se envía a México por la ruta del Pacífico.
Aquí es donde entra el CJNG. Según Sierra, el cártel que fundó Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, ha fungido como proveedor de armamento sofisticado para estas disidencias.
«Han logrado comprar armamento sofisticado acorde a la época precedente de Estados Unidos con dinero de la coca. Este armamento fue proveído gracias al CJNG, que funcionó como enlace con estas organizaciones criminales gracias a La Firma», detalla.
Carlos Andrés Rivera Varela, La Firma, es el brazo operativo del CJNG en Colombia. Desde 2020 inició su incursión en México (con base en Puerto Vallarta) y opera bajo órdenes de Gonzalo Mendoza Gaytán, El Sapo, un lugarteniente perfilado para suceder a El Mencho.
El principal enlace de La Firma con las disidencias era alias Magin Boo, un exintegrante de las FARC que fue clave para mover la droga desde Cali hacia Buenaventura. Magin Boo murió, pero el negocio continúa: alguien más ocupa su lugar, aunque su identidad se desconoce.
Las rutas: cada 10 días, nueve a 20 toneladas
Desde los puertos de Buenaventura y Tumaco salen cargamentos con una frecuencia y volumen que asombran a las autoridades. «Por lo menos 9 a 20 toneladas salen cada 10 días de estos puertos con destino a Manzanillo», afirma Sierra.
El periodista revela además una estrategia de evasión reciente: el 50 por ciento de la coca que se produce en Colombia ya no sale directamente por sus costas, sino que se envía a Ecuador, para luego ser reembarcada.
Otro 10 por ciento a 15 por ciento de la droga se mueve por vía aérea. Aquí el Clan del Golfo lleva la delantera: tienen capacidad para comprar pilotos y realizar vuelos continentales sin ser detectados. Construyen aeropuertos clandestinos y desde ahí envían avionetas a Brasil o directamente a Europa, cruzando el océano.
«La junta directiva del Clan se cuida mucho de tratar con los gringos. No quieren estar con la DEA. En muchas ocasiones prefieren enfrentarse a la justicia europea que a la mexicana», apunta Sierra.
El Mayo y el Norte del Valle
No todo el negocio del CDS en Colombia pasa por el Clan del Golfo. Una parte importante de las rutas también trabaja para Mayo Zambada y su hijo Mayito Flaco, pero a través del Cartel del Norte del Valle, una organización que fue desarticulada, pero cuyos remanentes siguen operando. Este grupo produce para Mayito Flaco y envía grandes cantidades directamente a Europa, donde el Cártel de Sinaloa tiene presencia en España y Dubái.

Conquistadores de la Sierra
En el norte de Colombia, específicamente en Santa Marta, ha emergido un grupo nuevo: Los Conquistadores de la Sierra. Apadrinados por el CJNG, inicialmente se hicieron llamar Mexicanos Nueva Generación. Su líder es Naín Andrés Pérez Toncel, alias Naín, un joven de no más de 24 años. Surgieron por una disputa de tierras y, con armas provistas por el CJNG, se enfrentaron al Clan del Golfo en una «carnicería» que los dejó independientes, aunque siguen siendo «remanentes del CJNG», según Sierra.
El abatimiento de El Mencho ya tiene repercusiones en Colombia
Los próximos meses serán clave por la disputa del Pacífico. La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, no ha significado el fin del CJNG, sino una reconfiguración que ya se siente en Colombia.
De acuerdo con Jeff Sierra, tras la muerte de El Mencho, el CJNG comunicó a sus socios colombianos que comprarían “menos merca”; «Hay tanta lana y vamos a comprar menos. El primero que llegue a la costa, Antioquia, es el primero», describe el periodista, sugiriendo una pugna interna por quedarse con las rutas.
«Está habiendo una balacera impresionante para poder llevar esos insumos de cocaína al CJNG. Con la descabezada de El Mencho, cada líder tiene que negociar directamente con la cocaína. Y solo llegó un grupo, los que están en el Atlántico, no necesariamente La Firma. Es el único que llegó y no hay más porque no hay plata para todos».
Imagen portada: MILENIO



