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Barcelona: La Pasarela de los Ismos (O el arte de recitar arengas con el bolsillo ajeno)

Por Carlos Chavarria Garza

La historia de la civilización puede leerse como una tensión perpetua entre la búsqueda de la unidad y la irresistible tentación de la fragmentación. Desde que el pensamiento humano abandonó la cosmogonía mítica para adentrarse en el rigor del logos, la capacidad de nombrar la realidad se convirtió en una herramienta de poder, pero también en la semilla de nuestra propia división. 

Los «ismos» no nacieron como simples categorías gramaticales; surgieron como compartimentos del espíritu, como parcelas de verdad que, al pretenderse totales, terminaron por fracturar la visión sistémica necesaria para navegar la complejidad. 

El origen de esta fragmentación se remonta a la necesidad de simplificar lo inabarcable. Ante la inmensidad del fenómeno humano, el pensamiento optó por el reduccionismo: dividir para entender. Sin embargo, en el camino, olvidamos que la suma de las partes no siempre reconstruye el todo. 

Los ismos —socialismo, liberalismo, positivismo, existencialismo, progresismo, ….— funcionaron en sus inicios como brújulas, pero pronto evolucionaron en forma de murallas. Cada uno de ellos, al intentar distinguirse como vanguardia, aceleró su propio proceso de aislamiento, perdiendo su identidad original en una carrera por la pureza ideológica o la distinción teórica.

Esta patología del pensamiento ha tenido consecuencias devastadoras para los valores y principios que forjamos a lo largo de nuestra evolución. El caso de la libertad es, quizás, el más trágico. Concebida originalmente como la medida de la capacidad de convivencia y el límite sagrado de la acción humana, la libertad ha sucumbido ante la multiplicación de ismos que justifican su destrucción en aras de los mismos principios que dicen defender. 

La historia del siglo XX nos ofrece el espejo más oscuro de esa desfiguración: el socialismo estalinista. En nombre de una redención colectiva y del éxito de una revolución abstracta, se sacrificó no solo la libertad de los pueblos soviéticos, sino todo valor humano fundamental. El ismo se convirtió en un verdugo que operaba bajo el nombre de la víctima. Este patrón se repite hoy, aunque con ropajes distintos; la fragmentación actual permite que la libertad sea secuestrada por facciones que la redefinen según su conveniencia, transformándola en un arma lanzable  en lugar de un terreno común para la coexistencia.

Para comprender esta dinámica de degradación, es preciso introducir el concepto de Sintropía. Acuñado originalmente por el matemático Luigi Fantappiè en 1941 y expandido por Buckminster Fuller en el contexto de la teoría de sistemas, la sintropía (del griego syn, juntos, y tropos, tendencia) representa la fuerza que tiende a la organización, el orden y la concentración de energía y vida. Es la fuerza opuesta a la entropía, que dicta la disipación y el caos. En el pensamiento humano, la sintropía es la capacidad de integrar la diversidad en una unidad superior sin destruir la identidad de las partes. No obstante, la fragmentación de los ismos actúa como un agente entrópico: rompe los vínculos sistémicos y disipa la energía social en fricciones estériles.

En la actualidad, este fenómeno de fragmentación se ve agravado por un catalizador biológico y tecnológico que hemos denominado la Dopamina Digital. Este término describe el ciclo de retroalimentación neuroquímica impulsado por las interfaces de usuario de las plataformas tecnológicas modernas, diseñadas bajo los principios del «diseño persuasivo» de B.J. Fogg. Al igual que una droga, la dopamina —el neurotransmisor de la recompensa y la anticipación— se libera ante cada like, notificación o validación algorítmica. 

Esa estimulación constante ha alterado la arquitectura misma de nuestra reflexión. El pensamiento sosegado, aquel que permite que la complejidad se asiente y que los hilos invisibles de la realidad se vuelvan visibles, ha sido sustituido por una reactividad espasmódica. La dopamina digital premia la indignación instantánea y el refuerzo de la propia parcela ideológica, eliminando la profundidad de la reflexión y sustituyéndola por una superficie de eslóganes y arengas. En este entorno, la «unidad mínima necesaria de principios» para no destruirnos se vuelve inalcanzable, pues el aparato cognitivo está siendo hackeado por intereses que lucran con la división. Ya no razonamos; reaccionamos desde la amígdala, alimentando la entropía de un pensamiento que es incapaz de sostener la mirada ante la complejidad creciente del mundo.

El síntoma más reciente de esta deriva se manifiesta en la reunión de gobiernos que se llaman a si mismos: progresistas, en la ciudad de Barcelona. Bajo la etiqueta del «progresismo», se busca articular un frente que al menos en teoría, enfrente hegemonías y someta los intereses de poder. Sin embargo, lo que subyace es una muestra más de la fragmentación como estrategia de supervivencia. Como siempre cada gobierno invitado construyó la narrativa conveniente a su circunstancia política y nada más.

España, como país anfitrión, y sus invitados, recurren a la creación de «grupitos» ideológicos que, lejos de ofrecer una solución sistémica, se pierden en la estética de la arenga. Estas arengas, diseñadas para el consumo rápido y la validación moral en los espacios digitales, no son más que ruido semántico que se agota ante la primera embestida de la realidad concreta. Los progres se reducen a usar a los pobres como su emblema pero terminar empobreciéndolos mas con sus politicas distributivas , su gasto expansivo, pero sin incentivar el crecimiento.

La paradoja es evidente: mientras el discurso político se fragmenta en ismos cada vez más específicos y autorreferenciales, los problemas de cada país “progre” así como los globales —la escasez de recursos, la deuda sistémica, la crisis de la verdad— operan en una dimensión de complejidad que el pensamiento fragmentado es incapaz de procesar.

Esta situación nos dirige  a la advertencia de Edgar Morin sobre la «ceguera del conocimiento». El pensamiento fragmentado nos impide ver lo que es global (el todo), lo que es multidimensional y lo que es complejo. La fragmentación es el lastre más crítico para la construcción de futuros viables.

No se puede diseñar un mañana sobre una base de principios corroídos por la perversión semántica y la urgencia emocional. La realidad concreta acabará por imponerse, como siempre lo hace, desnudando los vacíos  y absurdos de los ismos que no supieron ver el tejido completo. Si queremos evitar que el choque con la realidad sea traumático, es imperativo rescatar la reflexión sosegada como un acto de resistencia. 

Necesitamos una convergencia hacia esa unidad mínima de principios que reconozca la integridad del todo y la libertad como un valor absoluto, no instrumentalizable. El futuro no pertenece a los ismos que ganen la batalla del ruido, sino a aquellos que tengan la voluntad de silenciar la dopamina digital para recuperar la capacidad de pensar en red, en sintropía, y en una escala humana que trascienda la etiqueta. Solo así podremos transitar la complejidad sin convertirnos en las cenizas de nuestra propia fragmentación.

«Qué quimera es, pues, el hombre? ¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano de la tierra; depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y excrecencia del universo. ¿Quién desenredará este embrollo?… » (·PASCAL-BLAS: Pensamientos, 433).

Referencias Bibliográficas

Fantappiè, L. (1944). Principi de una teoria unitaria del mondo fisico e biologico. Humanitas Nova. Recuperado de: https://mario-ludovico.com/pdf/syntropy.pdf

Fuller, R. B. (1975). Synergetics: Explorations in the Geometry of Thinking. Macmillan Publishing.

Fogg, B. J. (2003). Persuasive Technology: Using Computers to Change What We Think and Do. Morgan Kaufmann Publishers.

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.

Morin, E. (2001). El Método 5: La Humanidad de la Humanidad. Cátedra.

Susskind, J. (2018). Future Politics: Living Together in a World Transformed by Tech. Oxford University Press. Recuperado de: https://api.pageplace.de/preview/DT0400.9780192559494_A35506016/preview-9780192559494_A35506016.pdf.

Fuente:

Vía / Autor:

// Carlos Chavarria Garza

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Autor: lostubos
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