Por María Beasain / IA
Dicen que para que la cuña apriete debe ser del mismo palo, pero en el Morena de Nuevo León han decidido que la cuña sea de un palo viejo, barnizado de azul y hoy desteñido en un guinda de conveniencia. El reciente destape de Felipe de Jesús Cantú para la gubernatura no es un arrebato de ambición personal, sino el enésimo episodio de una tragicomedia dirigida desde Escobedo por la gran titiritera: Clara Luz Flores Carrales y Abel Guerra.

La estrategia es tan burda que ofende la inteligencia del electorado, pero en el ecosistema de las “encuestas” de redes sociales, la inteligencia es el recurso más escaso. Resulta que, de la noche a la mañana, Felipe aparece en las mediciones internas no para ganar, sino para estorbar. Es el “caballo de Troya” encargado de minar el camino a Tatiana Clouthier. Porque en el manual de supervivencia de Clara Luz, si no puedes brillar por méritos propios después de aquel tropezón con la secta de Keith Raniere, lo mejor es ensuciar el piso de la vecina.
Felipe de Jesús, el eterno candidato que ya fue todo y no es nada, ha pasado de ser el alcalde del PAN al fiel escudero de Clara en el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Allí, entre expedientes y burocracia federal, terminaron de amalgamar una sociedad de intereses que hoy pretende venderse como “colaboración institucional”. No nos engañemos: lo que hay es un pacto de mutua necesidad donde Felipe pone la cara y Clara mueve los hilos.
Llama la atención —o más bien mueve a la risa— la súbita oleada de encuestas “cuchareadas” que inundan las redes. De pronto, el algoritmo se volvió fan de Flores Carrales. Entre bots de diseño y cuentas recién nacidas, la narrativa oficialista intenta construir una realidad paralela donde Clara Luz es la favorita indiscutible y Felipe de Jesús es el competidor “serio” que legitima el proceso. Es la democracia del clic comprado, donde el rigor estadístico tiene el mismo valor que una promesa de campaña de un político saltimbanqui.
Felipe se lanza al ruedo bajo la sospecha del oportunismo más rancio, como bien lo señaló su excompañero panista, Víctor Pérez. Y es que pasar del azul puritano al guinda redentor requiere de un estómago de acero y una memoria de corto plazo. Pero para Clara Luz, Felipe es la herramienta perfecta: la cuña que está diseñada para lastimar a la Tía Tatis, la única que realmente le quita el sueño en la carrera hacia 2027.
La Cuarta Transformación en Nuevo León se ha convertido en un refugio de reciclaje donde los principios se intercambian por posiciones en la nómina. Mientras Clara y Felipe juegan al ajedrez con encuestas de cartón y alianzas de plástico, la militancia real observa cómo su partido quiere ser secuestrado por quienes, hasta hace poco, eran sus verdugos electorales.
Al final, la cuña de Felipe podrá no apretar, pero cómo ensucia el proceso. Y en ese fango, Clara Luz se siente, como siempre, en su elemento.



