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No pelan a Ariadna en NL

Por María Beasain // IAQuemada

Qué peligroso es jugar a la política nacional cuando tus propios soldados en el terreno ignoran tus órdenes, o peor aún, juegan para el bando contrario. La puesta en escena de esta semana en Nuevo León dejó al descubierto una realidad incómoda: la dirigencia nacional de Morena, encabezada por Ariadna Montiel, habla un idioma que su propia bancada local simplemente no tiene intenciones de traducir.

Miren la flagrante contradicción que raya en el ridículo. Hace apenas unos días, Montiel aparecía ante los medios con el rostro severo del justiciero implacable. Anunciaba con bombo y platillo que la Fiscalía General de la República (FGR) mantiene la lupa sobre el gobernador Samuel García por una presunta y multimillonaria triangulación de fondos públicos hacia su despacho familiar. La consigna de la dirigencia era clara, casi un grito de guerra: “vamos a plantear que se cumpla la ley” y a fiscalizar cada centavo del emecista con la mira puesta en sus ambiciones para el 2030.

El guion estaba escrito para que Morena se colgara la medalla de la legalidad. Pero a Ariadna Montiel la rebasaron por la izquierda, por la derecha y por la vía digital.

Cuando la Comisión Anticorrupción del Congreso local finalmente reanudó el proceso de juicio político contra Samuel García —una oportunidad de oro para que los legisladores guindas demostraran en la práctica esa “denuncia sistemática” de la que tanto presume su jefa nacional—, los diputados locales prefirieron el camino de la cobardía institucional.

El teatro fue espléndido en su incongruencia. Los legisladores de Morena, Mario Soto y Rodrigo Montemayor, decidieron que el combate a la corrupción se hace mejor desde la comodidad del hogar: pasaron lista en línea para asegurar la asistencia, pero a la hora de votar para avanzar el juicio, se esfumaron del mapa cibernético. Silencio total. Su compañera de bancada, Grecia Benavides, al menos se quedó a dar la cara, pero sólo para emitir una tibia abstención que supo a complicidad.

¿Sabe Ariadna Montiel que mientras ella gasta saliva en la Ciudad de México prometiendo ir a fondo contra el gobernador, sus diputados en Monterrey le regalan a Movimiento Ciudadano el oxígeno de la inacción? ¿Quién manda realmente en la delegación neolonesa de la Cuarta Transformación?

Y es aquí donde la comedia de enredos adquiere su tercer nivel de hipocresía, personificado en el plano de las ambiciones locales rumbo al 2027. Mientras los diputados se esconden tras las pantallas, el flamante senador morenista Waldo Fernández se pasea por los medios nacionales rasgándose las vestiduras, tachando a Nuevo León de ser un “Estado fachada” y jurando que él es el verdadero opositor al autoritarismo naranja. Waldo finge públicamente demencia y clama justicia en cada micrófono que le ponen enfrente, sin embargo, tras bambalinas, los diputados locales que le son afines y que operan bajo su ala en el Congreso son los primeros en pactar la paz con el mandatario. El senador ruge en la tribuna, pero sus pupilos roncan en las comisiones, permitiendo que Samuel García respire aliviado. Al final, el estridente discurso de Waldo es solo un disfraz para simular una combatividad que sus propios hilos legislativos se encargan de asfixiar. Traición, pues. ¿Citlalli seguirá arropando a Waldo?

Ariadna Montiel puede seguir anunciando comisiones, revisiones de fojas y lupas fiscales desde el centro del país. Pero la cruda realidad de Nuevo León la ha rebasado: abajo, en el barro del Congreso local, sus diputados ya decidieron que con el gobernador es mejor llevar la fiesta en paz. Al final, la honestidad valiente resultó ser muy selectiva, y sumamente temerosa de la internet. A Ariadna Montiel no la pelan en Nuevo León. ¿Qué hará hoy?

Fuente:

// Medios // IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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