Por María Beasain / IAQuemada
Hay que reconocerle al pasquín de la nostalgia —ese que se imprime con tinta de resentimiento y se distribuye con el café de los domingos— una virtud casi sobrenatural: su capacidad para la clarividencia penal. Mientras el común de los mortales necesita de un juez de control, una carpeta de investigación y, ya saben, nimiedades como pruebas para señalar a un delincuente, en los pulcros escritorios de Alejandro Junco de la Vega basta con un diccionario jurídico a la mano y un poquito de imaginación editorial para armar un juicio sumario con todo y sentencia ejecutoria.
El último berrinche impreso de Reforma/El Norte contra el inquilino del Palacio de Cantera es una joya de la costura fina. Como la Fiscalía local dictó el No Ejercicio de la Acción Penal —un “carpetazo” en el argot de los despechados—, el libelo de cabecera de la vieja aristocracia sampetrina decidió que, si la realidad de Nuevo León no les da la razón, entonces hay que inventar una realidad federal.
¡Qué belleza de equilibrismo retórico! El texto no te dice que Samuel García es culpable, válgame, Dios, la presunción de inocencia es sagrada… al menos hasta que se cruza en el camino de una buena devaluación reputacional. En su lugar, nos regalan una cátedra de Derecho de Ficción: “La FGR puede investigar si hay delincuencia organizada…”, “ya encarrerada, puede también investigar si hubo evasión fiscal…”.
Y sí, claro. También la NASA puede investigar si el gobernador es un androide enviado desde Marte para desestabilizar el tráfico de la avenida Constitución, y la Interpol puede abrir una ficha roja para averiguar si las corbatas naranjas fosforescente violan los derechos humanos estéticos a nivel internacional. Entre el poder investigar y el tener elementos reales para hacerlo media un abismo que sólo el periodismo de consigna es capaz de cruzar saltando en un solo pie.
El truco es viejo pero efectivo, digno de un mago de feria de pueblo con Junco: se define el delito de Delincuencia Organizada con la precisión de un estudiante que aprobó de panzazo la materia de Penal, se arroja el nombre de Samuel en el siguiente renglón, y se deja que el lector, convenientemente adoctrinado por cuatro años de bilis matutina, complete el crucigrama. No hay difamación legal, hay “sugestión regia”. Es el arte de lanzar la piedra, esconder la pluma y suspirar: ¡Ufff!
Lo entrañable de este melodrama es el repentino y enternecedor idilio que el periódico ha desarrollado con la acera de enfrente. Quién diría que los mismos que se persignaban ante el “populismo destructor” ahora invoquen a la FGR de Ernestina Godoy como si fuera el arcángel San Miguel bajando con la espada de la justicia a rescatarlos de sus pesadillas electorales. Para agüitarle las giras europeas de inversión al gobernador, el periódico de derechas anti4T es capaz de volverse el club de fans número uno de la Cuarta Transformación judicial. La ideología se quita con cloroformo cuando el objetivo es el daño reputacional.
Al final, la “hipótesis” editorial no busca la verdad jurídica, busca el desgaste. Es el periodismo convertido en una tía abuela copetona de Chipinque que no te puede comprobar que le robaste el florero, pero que le va a decir a toda la familia que tienes “cara de que te gusta lo ajeno”. Total, si la FGR nunca abre la famosa carpeta por delincuencia organizada, el periódico siempre podrá decir que fue gracias a su oportuna advertencia… o que la Federación también se vendió al “Nuevo Nuevo León”. El chiste es ganar la de ocho columnas, aunque la de ocho columnas sea un refrito cocinado con el aceite rancio de la obsesión. Buen provecho.



