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‘Rosario Castellanos. En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros’ revive la obra y vida de la escritora chiapaneca

Elena Poniatowska no se anda por las ramas cuando escribe: “Rosario Castellanos vive en una sociedad que aún no la merece como no merece a ninguna de las mujeres que intentan un camino distinto; se estrellarán o serán destruidas a dentelladas”; publica MILENIO.

Reconocida feminista, la autora de Tinísima publicó recientemente Rosario Castellanos. En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros (FCE, 2026), un cálido tributo a la escritora chiapaneca de quien el 25 de mayo de 2025 se celebró el centenario de su nacimiento, una celebración que la trajo de nuevo a la conversación pública con homenajes, exposiciones y —quizá los más importante— la reedición de varios de sus libros y nuevos estudios sobre su obra poética, narrativa, ensayística, dramatúrgica, periodística, epistolar.

El 24 de agosto de 2024 —recuerda Poniatowska— se cumplieron 50 años de la muerte de Rosario Castellanos, ocurrida en Tel Aviv a causa de una descarga eléctrica accidental, tenía 49 años y se desempeñaba como embajadora de México en Israel. Sobre su muerte han surgido especulaciones, sobre si fue realmente un accidente, un suicidio o un asesinato, lo cierto es que el tema la obsesionaba desde adolescente —o quizá desde antes—, como lo muestra un poema escrito cuando tenía 15 años en el que al referirse a la muerte dice: “Ya está cerca: mis ojos la adivinan / mis brazos se abren ya para estrecharla, / y el alma al presentir su maravilla, / llena de regocijo, sueña y canta”. En muchos de sus textos, vuelve a la muerte y aun alude abiertamente al suicidio en versos como estos: “La fuerza oscura que nos pide muerte trabaja en mí, me llama, / con silencio de pez entre mis venas”.

Era una mujer que sufría el desamor de su marido, el filósofo Ricardo Guerra, que se maltrataba en sus escritos, se llamaba, por ejemplo, superflua y menesterosa. Una mujer que desde niña se sentía sola y rechazada.

Por eso, tal vez: “La muerte está siempre ahí, al acecho, comiéndose la vida” de Rosario, escribe Poniatowska, y sin embargo en sus reuniones la recuerda alegre, graciosa: “en la vida diaria, era una mujer que reía y hacía reír; estar con ella era una fiesta, un verdadero gusto escucharla, la garantía de una hora de deleite”. Era seductora, tenía una forma original de ver la vida, no solo contaba anécdotas chuscas sobre ella misma, sino que las actuaba: “Reíamos hasta las lágrimas y el que sabe hacer reír es igual al que sabe hacer buen pan, un repartidor de dones”. Era en la escritura donde mostraba la otra cara de la moneda, con frecuencia con radical ironía; era ahí donde exponía su mirada sobre el país y su defensa a ultranza de las mujeres, donde recordaba episodios dolorosos, como cuando niña su madre le decía: “Mira, tu papá y yo porque tenemos la obligación te queremos. Porque tenemos la obligación. Pero ninguna otra gente, nadie en el mundo, nunca te va a querer”.

En este libro de apenas 129 páginas, Elena Poniatowska recorre la vida de su admirada Rosario Castellanos, la muestra en carne viva, recurre a testimonios y ensayos de otros autores para tejer la telaraña de la vida tan oscura como luminosa de una de las más grandes escritoras mexicanas. Rosario, dice Poniatowska: “es la mujer que ‘gritó en un páramo inmenso’, es el ejemplo más sólido de vocación literaria que se ha dado entre nosotros a partir de la década de 1950. […] Rosario, en medio de ese torbellino de desastres cotidianos que describe con sentido del humor, es una mujer expuesta, pero es, ante todo, una creadora que vierte en letras una obra admirable”.

Imagen portada: Barry Domínguez / MILENIO

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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