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Por María Beasain / IAQuemada

Hay que reconocerle a la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum una virtud indiscutible: ha perfeccionado el arte del vodevil político hasta niveles de una ridiculez sublime. La puesta en escena ya ni siquiera se esfuerza en disimular los hilos. El guion es tan predecible que roza la hagiografía burocrática, y en el centro del escenario, vestida con el ropaje de la “investigación militante”, aparece siempre puntual Nancy Flores para ejecutar su acostumbrado número de ventriloquia oficial.

El monólogo de la coordinadora de información de Contralínea —un despropósito retórico que llamar “pregunta” requeriría de una elasticidad mental digna de medalla tipo FIFA— fue un viaje nostálgico al basurero de la historia patria. Con el rigor de quien lee un folleto de propaganda de partido, Flores desenterró los vestidos de Marta Sahagún, la barda perimetral de Calderón y la archisabida “Suavicrema” y sí, ni Fox ni el espurio tienen defensa, que se jodan.

Pero volvamos a Nancy, la panfletaria: todo un catálogo de infamias pasadas que, casualmente, encajaban a la perfección con las necesidades de distracción del día. La respuesta de la presidenta Sheinbaum fue la rúbrica perfecta del pacto: un displicente “Pues ya lo describiste”. Claro que lo describió, para eso le dan la primera fila y el micrófono. El centro estaba puesto, el remate era innecesario, el aplauso del régimen ya venía incluido en el paquete. El periodismo “antineoliberal” de la 4T descubrió una gran verdad universal: la liberación nacional es infinitamente más cómoda cuando se factura a la Secretaría de Gobernación y se cobra en moneda nacional.

Detrás de la encendida verborrea sobre la “soberanía nacional” y los ataques rabiosos a los despachos extranjeros o a las telecomunicaciones privadas, late un pragmatismo financiero impecable. El purismo de Contralínea ha encontrado en el erario un bálsamo milagroso para aquellos años de sequía neoliberal. La centralización de la publicidad oficial que tanto cuestionaban en el pasado, hoy se digiere mejor con un par de contratos de las secretarías de Estado. Resulta que la Ley General de Comunicación Social ya no es un instrumento de control autoritario, sino un mecanismo de “justicia distributiva” para los amigos del portón de Palacio.

La aduana informativa de la Mañanera no premia la agudeza, premia la docilidad. Por ello, la presencia física de Nancy Flores en la primera fila ha desatado una sorda guerra de guerrillas en el gremio. La unción que en su momento hizo el expresidente López Obrador al catalogar a Flores como “de las mejores periodistas” opera como una patente de corso de esta cortesana. Con el respaldo de la señal del Canal Once y Canal 22 a través del programa Masiosare, la crítica al contrapeso se vuelve espectáculo. Nancy Flores no investiga al poder: le hace el trabajo sucio de oficina, le maquilla las fobias y, al terminar la función, pasa a taquilla a recoger las mieles de su militancia bien remunerada. Así es mi chavo, entre más choro, más billete. Literal…

Fuente:

// Medios / La Mañanera / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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