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De “America First” al intervencionismo global: Trump amplía su influencia en al menos 19 países

La visión de ‘America First’ (Estados Unidos primero) de Donald Trump, que ha sido su principal eje de discurso, fue planteada bajo la promesa de mantenerse lejos de guerras y no inmiscuirse en asuntos de otros países para enfocarse en el suyo; publica MILENIO.

El presidente estadunidense lo confirmó en Riad, capital de Arabia Saudí, en mayo de 2025: criticó a sus predecesores, calificándolos de “intervencionistas” y declaró que Estados Unidos ya no daría a otros países “lecciones sobre cómo vivir”.

Sin embargo, informes de centros de investigación internacionales, consultados por MILENIO, indican que está haciendo lo contrario. En el primer año de su segundo mandato, Trump multiplicó los ataques militares por siete, en relación con el promedio anual de su predecesor Joe Biden, e incluso por tres, respecto a la media de su primer periodo.

Además, mediante acciones que van desde el secuestro del presidente de Venezuela hasta el estrangulamiento de Cuba y la liberación de un expresidente hondureño condenado por narcotráfico, pasando por amenazas abiertas a los electorados de distintos países si no votan a sus candidatos preferidos, ha intensificado la injerencia estadunidense en asuntos internos de otras naciones.

“Esta administración está demostrando ser mucho más intervencionista que las dos anteriores”, afirma el European Union Institute for Security Studies.

Una revisión de maniobras intervencionistas de Estados Unidos realizada por este medio revela que al menos 19 países han padecido algún tipo de injerencia en su política interior.

Este activismo tiene un fuerte componente ideológico, pero también transaccional, pues Trump busca siempre un beneficio directo, con un apoyo a facciones de extrema derecha antiliberal, advierte la Brazil Office Alliance (BOA), una red de centros brasileños que estudia los riesgos de interferencia extranjera en las elecciones presidenciales que tendrá ese país en octubre.

“La articulación internacional de la ultraderecha no es nada nuevo, pero el nivel de sofisticación, audacia y la cantidad de recursos involucrados han alcanzado un nivel sin precedentes desde el inicio del nuevo mandato de Trump”, advierte la BOA.

Ante comicios venideros en los dos mayores países de América Latina, los de Brasil y las legislativas de México de 2027 —cuyos gobiernos actualmente están inclinados a la izquierda—, el proceso ahora en marcha para Colombia podría anticipar un realineamiento del sur del continente hacia el trumpismo con su grupo Escudo de las Américas. 

El republicano, de hecho, pidió el voto para el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella. Se verá si el 21 de junio gana la extrema derecha o, por el contrario, vence el izquierdista Iván Cepeda.

En todo caso, BOA hace una advertencia para Brasil que tiene resonancia en todo el continente: 

“Debemos dejar de considerar la injerencia internacional como algo que ocurre en otros países y empezar a prepararnos para lo que podría suceder aquí”.

Interfiere con apoyo, dinero, amenaza militar o movilización de expertos

“La estrategia más común del intervencionismo político de la administración consiste en apoyar a políticos o partidos políticos afines a Trump y su equipo: populistas de derecha, antiliberales o antidemocráticos, a menudo vinculados a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC)”, afirma un informe del estadounidense Carnegie Endowment for International Peace. 

“La administración suele justificar estas acciones argumentando que protegen la democracia, a pesar de que los países objetivo son democracias y muchos de aquellos a quienes defiende son considerados internacionalmente como amenazas a la democracia”.

En México, la CPAC realiza encuentros desde 2022, en los que Trump ha participado vía remota y suelen presentar a figuras de la extrema derecha como el argentino Javier Milei, el brasileño Eduardo Bolsonaro y legisladores del partido español Vox.

“Trump redefinió la política exterior estadunidense con un enfoque marcadamente ideológico y transaccional, combinando el avance de agendas de extrema derecha con la búsqueda de beneficios políticos y económicos personales”, explica el análisis de BOA. 

“Este enfoque recurre constantemente a respaldos, herramientas económicas, amenazas militares y presión institucional para influir en otros países”.

La investigación de BOA encontró cuatro tipos de interferencia:

Apoyo a ultraderechistas

La primera es como respaldo explícito y directo a candidatos de extrema derecha, como Milei en Argentina, Orbán en Hungría, Le Pen en Francia, Bolsonaro en Brasil y Asfura en Honduras.

Acuerdos financieros

La segunda se da en forma de apoyo financiero, probablemente a través de promesas de cambios en la cooperación económica entre ambos países o donaciones encubiertas; así ha condicionado ayudas multimillonarias al voto favorable a sus aliados en Argentina y Honduras.

Exigencias en materia de seguridad

Amenazas de intervención militar, por medio de la clasificación de los grupos criminales como organizaciones terroristas y la exigencia de entrega de presuntos delincuentes. 

“(Esto) es una maniobra de posicionamiento: crea las condiciones para una futura escalada, si Trump lo considera oportuno. No se trata necesariamente de una intervención militar directa, sino de un escenario en el que las amenazas implícitas se convierten en parte del cálculo electoral, algo que no necesita materializarse para ser efectivo”, dice BOA.

Establecimiento de aliados

Finalmente, la cuarta modalidad es la movilización de expertos extranjeros para brindar apoyo estratégico y operativo a los aliados. Profesionales de campañas, consultores de comunicación digital y operadores políticos fortalecen candidaturas de extrema derecha.

El efecto anti-Trump

El éxito de sus injerencias en Venezuela, Argentina y Honduras es un incentivo para que Trump vaya por más. Sin embargo, en la mayoría no han logrado el objetivo e incluso han sido contraproducentes:

“En algunos contextos electorales, las intervenciones del gobierno de Trump han generado un efecto de unidad nacional y podrían haber incrementado el apoyo a partidos y políticos opuestos a la agenda de derecha impulsada por el Presidente estadunidense”, encontró el informe del Carnegie Endowment. 

“La furia de Trump contra Brasil parece haber aumentado el apoyo público a Lula y dividido a la derecha. En Rumanía, el candidato tradicional obtuvo una victoria inesperadamente contundente”.

Por su parte, un análisis de la estadunidense Brookings Institution señala que Trump ha perjudicado al movimiento nacionalista de derecha en todo el mundo más de lo que lo ha beneficiado. Los resultados de las elecciones de 2025 en Canadá y Australia representaron un revés para la política de Trump. 

“En la medida en que los partidos de extrema derecha obtuvieron avances en Portugal, Gran Bretaña y Alemania, su éxito reflejó tendencias internas a largo plazo y se produjo más a pesar de Trump que gracias a él”, apunta la institución.

Otros fracasos, como en su apoyo al derrotado Orbán en Hungría y en el de su guerra contra Irán, indican que el intervencionismo del líder norteamericano no es determinante y, en efecto, activa poderosas reacciones defensivas.

De manera que BOA recomienda prepararse para proteger la autodeterminación nacional ante este “riesgo sin precedentes”: 

“Identificar a los actores, comprender sus herramientas y patrones, monitorear de cerca sus movimientos, anticipar escenarios y elaborar respuestas, tanto a nivel institucional como dentro de la sociedad civil”. 

Imagen portada: Archivo

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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