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Por Efrén Vázquez Esquivel

La Copa Mundial de la FIFA 2026 llegará a México como promesa de fiesta, identidad compartida y proyección global. Monterrey se prepara para recibir a miles de visitantes y mostrarse como una metrópoli moderna, dinámica y orgullosa de su cultura futbolera. Sin embargo, en medio de esa expectativa, persiste un elemento inevitable de su vida cotidiana: la lluvia.

En Monterrey, la lluvia no es sólo un fenómeno climático: es también recordatorio. Cada tormenta expone una fragilidad urbana que contradice la idea de progreso: calles inundadas, avenidas colapsadas y colonias afectadas revelan un drenaje pluvial insuficiente. Así, mientras el Mundial promete celebración, la lluvia puede evidenciar lo no resuelto.

Esta tensión es significativa: el Mundial no es sólo un evento deportivo, sino una vitrina que muestra tanto la capacidad organizativa como las condiciones reales de la ciudad.

La infraestructura urbana —sus aciertos y carencias— queda expuesta ante millones; así, la lluvia puede actuar como revelación de lo que suele permanecer oculto en la rutina diaria.

Hay, entonces, una paradoja. Por un lado, Monterrey busca consolidarse como un nodo global capaz de albergar un evento de tal magnitud; por otro, enfrenta problemas básicos de planeación urbana que afectan la vida cotidiana. La celebración del futbol convive con la vulnerabilidad urbana, y el entusiasmo de los aficionados se entrelaza con la incertidumbre de quienes saben que una tormenta puede alterar la movilidad, la seguridad y la normalidad.

Más allá del espectáculo, el Mundial plantea una oportunidad de reflexión. No se trata sólo de recibir partidos, sino de repensar la ciudad. Las lluvias, lejos de ser un obstáculo circunstancial, pueden interpretarse como un llamado: una exigencia de atender lo estructural, de invertir en soluciones de largo plazo, de reconocer que la verdadera modernidad no se mide únicamente en estadios o eventos internacionales, sino en la capacidad de garantizar condiciones dignas y seguras para todos.

Así, cuando la pelota ruede en Monterrey y el mundo mire hacia sus canchas, también estará —quizá sin saberlo— observando algo más profundo: la relación entre celebración y realidad, entre la ciudad que se quiere mostrar y la ciudad que está en proceso de construirse. Y en cada lluvia, esa relación se hará visible.

El autor es director científico de la Academia Mexicana de Metodología Jurídica y Enseñanza del Derecho, AC.

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// Efrén Vázquez Esquivel

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Autor: lostubos
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