Colin Farrell compartió la experiencia de retomar su personaje en la serie que llegó a su segunda temporada con uno de los giros más inesperados en la pantalla de Apple TV+.
Las historias noir siempre han encontrado fascinación en los personajes que viven al margen: detectives solitarios, fugitivos, soñadores y extranjeros que intentan abrirse paso en ciudades que parecen empeñadas en expulsarlos.
Sugar, la nueva temporada de la serie de Apple TV+ utiliza los códigos clásicos del género para construir una reflexión íntima sobre la familia, la migración y la necesidad de pertenecer a un grupo o a algún lugar; publica MILENIO.
El detective John Sugar (Colin Farrell) vuelve a recorrer Los Ángeles con la elegancia de los investigadores clásicos que admira en la pantalla grande, pero esta vez la búsqueda es distinta. Detrás del nuevo caso hay una ciudad más compleja, más diversa y más herida que la que conocimos en la primera temporada. Una ciudad construida por inmigrantes, por soñadores y por personas que intentan abrirse camino lejos de casa.

“Sabíamos que queríamos contar una historia de inmigración —explicó a MILENIO el showrunner Sam Catlin. Después de la revelación que transformó la primera temporada, el equipo creativo entendió que la condición de outsider de Sugar podía dialogar con experiencias profundamente humanas—. Nos interesaba verlo abrirse camino de una forma similar a la experiencia de un inmigrante, sin nadie que lo apoyara.
“Después de lo que hicimos en la primera temporada, queríamos construir un caso diferente, algo menos relacionado con el típico caso de Hollywood que la gente podría esperar. También queríamos que un caso pequeño se convirtiera en algo grande, luego en algo aún más grande y finalmente en una conspiración que involucrara a toda la ciudad, que es un recurso muy propio del género noir, eso es la serie”, agregó Sam Catlin.
La idea no es casual. Al comienzo de esta nueva etapa, Sugar ha perdido prácticamente toda su red de apoyo. Está solo, “todos sus amigos y todas las personas que ama ya no están”, dijo Catlin, y las respuestas sobre el destino de su hermana siguen siendo esquivas; además, la ciudad que alguna vez observó con fascinación ahora le muestra sus rincones más ásperos. Como muchos migrantes, el protagonista se reconstruye desde cero.
De la primera a la segunda
“En la segunda temporada vemos a un John distinto, la observación que tiene de sí mismo es otra y vemos cómo está cambiando”, explicó a MILENIO Colin Farrell sobre lo que ha observado del personaje al transitar por dos temporadas. Y es esa búsqueda personal la que lo lleva a observar un poderoso reflejo en Danny y Ji Moon, dos hermanos coreano-estadounidenses que se convierten en el corazón emocional de la segunda temporada.
Cuando Ji desaparece, Danny inicia una desesperada búsqueda que conecta inmediatamente con la herida más profunda de Sugar: la ausencia de un ser querido y el vacío que deja una familia fracturada. Para Audrey Chon, productora ejecutiva de la serie, la historia de los Moon permitía mostrar una realidad cotidiana de Los Ángeles que rara vez ocupa el centro de las narrativas en televisión, por ello, “queríamos representarla”, dijo.

Era importante explorar distintos rincones de Los Ángeles. Cuando decidimos contar la historia de los hermanos Moon queríamos mostrar los desafíos que implica ser inmigrante y reflejar lo que está en juego cuando Danny pierde a su único familiar. ¿Cómo se siente una pérdida así? Era fundamental que los detalles específicos de esa experiencia definieran las apuestas emocionales de la historia”, agregó la productora de la serie.
La tragedia compartida entre Sugar y los hermanos Moon es la que termina uniendo ambos relatos. Porque más allá de conspiraciones, desapariciones y secretos, la temporada gira alrededor de una desaparición más. Para Raymond Lee, quien interpreta a Ji Moon, la respuesta a esa pérdida tiene un componente profundamente personal, “estas historias son mi madre, la hermana de mi madre, las personas con las que ella trabaja”.
“Son prácticamente todas las personas de esa comunidad intentando salir adelante y construir algo mejor para sí mismas”, comentó el actor que, por cierto, creció en Koreatown, por ello reconoce en la historia de los Moon el reflejo de innumerables familias que llegaron a Estados Unidos buscando oportunidades, y esa es la razón del por qué se unió al proyecto, “representar una versión de esa realidad fue un enorme honor”, aseguró.
Su compañero Jin Ha explicó que gran parte de la autenticidad de la relación surgió lejos de los sets de grabación, “tuvimos muchísimas conversaciones. Raymond y yo hablamos mucho sobre la historia de fondo de nuestros personajes y sobre el pasado que compartían”, juntos imaginaron ciudades de origen, conflictos familiares y recuerdos que nunca aparecen en pantalla, pero que terminan definiendo el vínculo entre los hermanos.
Mezcla perfecta
El resultado son personajes emocionalmente expuestos, vulnerables, impulsados por años de sacrificios y pérdidas. Hombres que, como tantos protagonistas del noir clásico, intentan sobrevivir en un mundo que constantemente parece empujarlos hacia el borde. Y en medio de ellos está John Sugar. Lo que distingue al detective de otros héroes contemporáneos es que no está definido por la violencia. Su verdadera herramienta es la empatía.
“Disfruto su forma tan absorbente de observar a los demás. Es alguien que realmente ama a los seres humanos, aunque sabe que pueden ser violentos, desconfiados, vengativos, engañosos y muchas otras cosas, sigue creyendo en la bondad de las personas, lo cual es bastante extraño, pero también muy poderoso y una característica maravillosa con la que jugar como actor. Así que sí, su capacidad de observación, justamente eso”, agregó.

Esa característica resulta poderosa en una temporada donde el protagonista se oberva a sí mismo como nunca antes, “se está volviendo menos ajeno al asimilarse cada vez más a los seres humanos con los que ha convivido durante algunos años en este planeta”, dijo Farrell. (Spoiler Alert) Y esa paradoja es fascinante: un personaje que no nació en la Tierra termina comprendiendo mejor que muchos humanos lo que significa sentirse extranjero.
Esa sensibilidad es la que convierte a Sugar en mucho más que una serie detectivesca. Aunque la trama avanza entre conspiraciones, corrupción institucional, desapariciones y organizaciones secretas, el motor emocional siempre está ligado a la búsqueda de conexión. Incluso la llegada de Charlotte, interpretada por Laura Donnelly, responde a esa misma necesidad. “Ambos sienten una especie de aislamiento y soledad”, explicó la actriz.
La presencia de Charlotte también fortalece otra de las grandes obsesiones de la serie: su amor por el cine noir. Desde su primera temporada, Sugar se ha construido como una carta de amor a los detectives clásicos, a las femme fatales y a la iconografía de Hollywood. Pero ahora esa influencia adquiere nuevas dimensiones. Donnelly reconoce que una de las razones por las que aceptó el proyecto fue precisamente esa herencia cinematográfica.
“Soy una gran admiradora del cine noir y de esa época dorada de Hollywood. Crecí viendo a actrices que para mí representaban el ideal absoluto de lo que significa ser actriz, como Lauren Bacall y Katharine Hepburn. Tener la oportunidad de jugar un poco en el terreno de esas mujeres me resultaba muy atractivo; además, poder filmar en Los Ángeles era algo que me encantaba, he amado esta ciudad durante mucho tiempo”, explicó Laura.
La serie retoma esa tradición visual y narrativa mientras la traslada a un Los Ángeles contemporáneo, multicultural y contradictorio. Ya no se trata únicamente de la ciudad glamorosa de las películas clásicas, eso cambió incluso en la realidad. Catlin quería explorar “uno de estos enclaves de inmigrantes” para mostrar que la verdadera identidad angelina está construida por comunidades provenientes de todas partes del mundo.
En ese sentido, Sugar encuentra uno de los elementos más puros del género noir: utilizar una investigación criminal para hablar de algo mucho más grande. Lo que comienza como la búsqueda de una persona termina revelando una ciudad atravesada por desigualdades, corrupción y luchas de poder, pero también por esperanza. Porque detrás de cada pista, la serie sigue hablando de personas que intentan encontrar un hogar.
Quizá por eso la historia de los hermanos Moon resulta tan importante para Sugar. Como dijo Colin Farrell durante la charla con MILENIO: “Su corazón sangra por cualquiera que sea separado de su familia”. Y en el fondo, esa sigue siendo la verdadera investigación del personaje, entender qué significa pertenecer, entender que significa formar parte de una familia o un grupo, pero sobre todo el sentir de ser extranjero.
Entre referencias al cine negro clásico, ambientes urbanos sórdidos y pesimistas, y una ciudad que nunca deja de reinventarse, Sugar construye una historia donde el misterio no consiste únicamente en descubrir quién desapareció, sino en averiguar qué nos mantiene unidos cuando todo lo demás parece perdido. Y esa, como las mejores historias noir, termina siendo una pregunta que muchos nos seguimos haciendo.
Imagen portada: Cortesía



