Mientras buena parte del corrido contemporáneo centra sus historias en personajes poderosos, lujos, armas o figuras ligadas al crimen organizado, el cantautor Fernando Ríos, mejor conocido como Gallo Armado, ha decidido mirar hacia otro lado: el de la gente común y la lucha social; publica MILENIO.
A sus 29 años, el músico y egresado de la Licenciatura en Literatura Hispánica, que habló con MILENIO, ha encontrado en el corrido una herramienta para narrar las historias que pocas veces encuentran espacio en la música popular.
Desde la contaminación que afecta a Monterrey hasta la tragedia minera de Pasta de Conchos, pasando por comerciantes de naranja, jóvenes que enfrentan retenes de alcoholímetro o trabajadores del campo, su propuesta busca recuperar la esencia original de un género que históricamente documentó la vida de las comunidades.
“Yo siento que la música que escuchaba no estaba narrando lo que estaba viviendo yo en lo personal ni mucha gente en mi mismo contexto”, declaró Gallo Armado a MILENIO.
El inicio de una vocación musical
Su acercamiento a la música comenzó hace apenas cuatro años, cuando adquirió una guitarra de doce cuerdas inspirado por artistas como Junior H, Fuerza Regida y, posteriormente, por el legado de Ariel Camacho.
Sin embargo, fue al redescubrir agrupaciones tradicionales como Los Cadetes de Linares y Los Alegres de Terán cuando encontró la ruta que marcaría su identidad artística.
“Ellos contaban historias del campo, de la gente, de las comunidades. No solamente hablaban de personajes, sino de lo que estaba pasando en la vida cotidiana”.
Corridos para contar lo que vive la ciudad
Aunque su primer tema publicado fue un corrido inspirado en los retenes antialcohol de Monterrey, una situación que considera familiar para miles de regiomontanos, el primer trabajo que identifica plenamente con una causa social fue “El Corrido del Aire”.
La canción nació de una imagen cotidiana para los habitantes de la zona metropolitana: observar los cerros cubiertos por una densa capa de contaminación.
“Salir y ver el cerro y no poder verlo por toda la contaminación me provocaba mucha insatisfacción. Quise convertir ese sentimiento en una canción que pudiera escucharse tanto en una reunión familiar como desde una perspectiva social”.
El resultado fue un corrido que habla sobre la pérdida de la calidad del aire en una de las ciudades más industrializadas del país, pero sin abandonar los elementos tradicionales del género norteño.
Pasta de Conchos: ponerle música a la memoria
Sin embargo, la composición que más repercusión ha tenido en los últimos meses es la dedicada a los mineros de Pasta de Conchos, una de las tragedias laborales más dolorosas en la historia reciente de México.
La explosión ocurrida el 19 de febrero de 2006 en la mina ubicada en San Juan de Sabinas, Coahuila, dejó atrapados a 65 trabajadores. Dos décadas después, varias familias continúan exigiendo justicia y la recuperación de los restos de sus seres queridos.
Para Gallo Armado, la historia tiene una carga personal. Cuando ocurrió la tragedia, tenía apenas nueve años y recuerda haber seguido la cobertura televisiva que durante semanas ocupó los espacios informativos del país.
“Es de las primeras noticias que recuerdo haber visto en la televisión y me marcó para siempre”.
La oportunidad de abordar el tema surgió cuando la documentalista Erika Lozano Kuru lo contactó para participar en un proyecto audiovisual enfocado en las familias de los mineros.
Lejos de escribir una canción basada únicamente en datos históricos, el músico decidió construir el corrido a partir de los testimonios de las propias familias.
“Conocí a algunas de ellas, escuché sus testimonios y prácticamente las palabras que aparecen en la canción son frases que ellos mismos utilizan. Yo solamente las acomodé para que rimaran”.
En la composición aparecen elementos recurrentes en las narraciones de los familiares: la ausencia permanente en la mesa, el duelo que no termina, la dificultad de seguir adelante y la convicción de que la identidad de la región va mucho más allá del carbón.
El momento más significativo llegó cuando presentó la canción a quienes inspiraron la obra.
“Fue muy fuerte emocionalmente. Muchas de ellas siguen buscando a su familiar después de veinte años. Escuchar sus propias palabras convertidas en una canción fue algo muy impactante”.
Más que un homenaje, el corrido busca funcionar como un ejercicio de memoria colectiva.
“Me interesa mucho que la música sirva para traer a las personas al presente, para que no sean olvidadas. En un país con tantos desaparecidos, la memoria también puede construirse desde las canciones”.
Volver al origen del corrido
A diferencia de otros intérpretes que buscan etiquetar constantemente las nuevas corrientes musicales, Gallo Armado evita definir su propuesta con un nombre específico.
Aunque reconoce que ha pensado en conceptos como “corridos con memoria”, considera que, en realidad, su trabajo representa una continuación de la función histórica que siempre tuvo el género.
“Lo único que estoy haciendo es lo que el corrido siempre ha hecho: narrar historias de la gente”.
Para él, la diferencia radica en el tipo de personajes que protagonizan esas historias.
“Durante mucho tiempo el corrido ha contado historias de poder o de personas que ya alcanzaron ciertas metas económicas. Mis canciones hablan de gente que sigue luchando, que trabaja todos los días, que recuerda a quienes ya no están y que sigue construyendo comunidad”.
Un disco dedicado a la vida cotidiana
Esa filosofía se refleja en su primer álbum, integrado por diez corridos que exploran diferentes aspectos de la vida en el noreste mexicano.
Además de “El Corrido del Aire” y el tema dedicado a Pasta de Conchos, el disco incluye piezas como “Loquerón Citrícola”, una canción que juega con los códigos de los llamados corridos bélicos para narrar, en realidad, la historia de productores y comerciantes de naranja de Montemorelos.
La obra incorpora referencias a los paisajes citrícolas que han dado identidad económica a esa zona de Nuevo León.
“Son historias que no se están contando actualmente en el corrido. Hablan de la gente común y corriente que sale todos los días a trabajar y a buscarse la vida”.
Para el músico, el desafío consiste en demostrar que la vida cotidiana también puede convertirse en materia prima para una canción.
“Queremos sentirnos representados en la música que escuchamos. Queremos escuchar cómo suena nuestra ciudad, nuestra calle, nuestros amigos y nuestra propia vida”.
Gallo Armado quiere abrir un espacio distinto dentro de la música regional mexicana: uno donde la memoria, las luchas sociales y las historias del pueblo encuentren un lugar entre las cuerdas, la voz y la tradición del corrido norteño.
Foto portada: Cortesía / Cantante Gallo Armado / MILENIO



