Primero fueron los gritos. Después llegaron las palas, el sonido del concreto rompiéndose y el ir y venir de rescatistas. Ahora son las paredes las que comenzaron a hablar.
MILENIO constató que en La Guaira ya no solo se busca entre escombros. También se busca leyendo bardas.
Con pintura en aerosol, vecinos y familiares comenzaron a escribir sobre las fachadas dañadas por el temblor para dejar constancia de quién vivía ahí, quién sigue desaparecido, quién ya fue encontrado y quién logró salir.
Las pintas se convirtieron en una especie de registro improvisado en medio del desastre; señala MILENIO.
En una barda cuarteada, frente a un edificio que ya no parece edificio, sino una estructura abierta y vacía, aparecen escritos varios nombres. No hay explicaciones ni apellidos completos. Solo una lista hecha a mano que parece resistirse al olvido.
Ana Isabel Tejeda. Aberlardo. Evanyolis Méndez. José. Damelis. Ali.
Debajo de algunos nombres alguien escribió una sola palabra: desaparecidos. La pinta no pide ayuda directamente, pero el mensaje es contundente: aquí vivían personas; si alguien las encuentra, si alguien sabe algo, aquí hay alguien esperándolas.
Cada nombre escrito sobre el muro parece una forma de impedir que la emergencia los convierta en una cifra.
A unas calles de distancia, otra pared fue usada para algo distinto.
Sobre una puerta metálica negra, familiares de personas que siguen sin ser localizadas escribieron nombres y números telefónicos.
No hay carteles impresos ni fichas oficiales. Sólo letras trazadas con urgencia: “Si sabe algo, comuníquese”.
Los teléfonos quedaron visibles para cualquiera que pase por ahí. Rescatistas, vecinos, voluntarios o personas que recorren la zona.
Pero la búsqueda ya no cabe solo en las paredes. Por toda La Guaira comenzaron a aparecer fotografías impresas de personas desaparecidas. Pegadas en postes, colocadas sobre cortinas metálicas, sujetas con cinta en ventanas, colocadas en esquinas y entradas de edificios dañados.
Son rostros acompañados por nombres, edades y teléfonos de contacto.
Las imágenes también empezaron a circular fuera de las calles.
En redes sociales, familiares y vecinos compartieron fotografías una y otra vez con la esperanza de que alguien reconociera un rostro o diera una pista.
Y en Venezuela, miles de estados de WhatsApp dejaron de mostrar rutinas, promociones o mensajes cotidianos para convertirse en galerías improvisadas de búsqueda.
Durante horas comenzaron a repetirse los mismos retratos.
“¿Lo has visto?, “Desaparecida”. Los teléfonos se transformaron en otra pared más.
En otras viviendas aparecieron mensajes completamente distintos.
“Estamos bien”, debajo, el apellido de la familia.
Son pintas hechas para responder preguntas antes de que alguien toque la puerta o pregunte entre vecinos. Una forma de avisar que quienes vivían ahí lograron salir y que no es necesario buscarlos.
Hay mensajes pequeños hechos con trazos rápidos de aerosol y otros con letras grandes visibles desde media calle.
En una zona donde muchas comunicaciones fallaron, el concreto terminó funcionando como tablero de anuncios.
También están las pintas hechas por las brigadas de búsqueda.
En fachadas y bardas quedaron marcadas con aerosol fechas, horarios, flechas y siglas que indican que ese inmueble ya fue inspeccionado. Algunas incluyen el nombre o clave de la organización de rescatistas que realizó el recorrido y dejan constancia de que dentro no había personas o que el lugar ya fue revisado.
Con el paso de las horas, esas señales comenzaron a multiplicarse.
Un muro con nombres, otro con teléfonos, una fotografía pegada en un poste, un estado de WhatsApp, otro con un “estamos bien”.
Cada mensaje cumple una función distinta, pero juntos terminaron contando la historia del desastre.
Porque en La Guaira, mientras siguen las búsquedas y las familias esperan noticias, las paredes dejaron de sostener casas.
Imagen portada: MILENIO



