Por José Jaime Ruiz
El nacimiento del PRIAN en Nuevo León y su víctima propiciatoria: Fernando Larrazabal Bretón. En ciernes, el PRIANato” tuvo la “concertacesión” del gobernador José Natividad González Parás de allanarle el camino al joven panista Raúl Gracia para agraciarlo con un sillón en el Consejo de la Judicatura, cambiando la Constitución estatal. Crímenes son del tiempo, no del gobernador, diría Nati. El segundo movimiento tuvo como escenario el auge de los casinos y de la delincuencia organizada. Después de Ricardo Canavati Tafich, el PAN se adueñó de los trienios regios. Con más pena que gloria, Adalberto Madero finalizó su gestión.
La llegada de Larrazabal a la alcaldía impulsó al PAN al grado de desplazar a la Vieja Cúpula de Fernando Canales, Kana Fernández, José Luis El Coco Coindreau y Carlos Domínguez Ahedo por la trinidad del Grupo San Nicolás, encabezado por Larrazabal, Zeferino Chefo Salgado y Gracia. La tragedia del casino Royale reventó la gobernanza de Rodrigo Medina de la Cruz y, para aminorar la crisis, de la mano de Alejandro Junco de la Vega y el periódico El Norte se inventaron la caja china del Quesogate y el Red Casino. El establecimiento, tomado literalmente por Adrián de la Garza, distribuyó los videos donde el hermano de Larrazabal presuntamente recibía fuertes cantidades de dinero teniendo como excusa la venta de quesos oaxaqueños. La carrera política de Larrazabal a la gubernatura fue frenada y la trinidad panista deshecha. Desde Santa Catarina, Víctor Pérez crecería como miembro de la nueva cúpula panista.
Polvo de aquellos lodos, Margarita Arellanes le cedió, ya concertada la fusión del PRIAN, la estafeta al priista Adrián de la Garza para su primer periodo y, el matrimonio, viento en popa. El descalabro llegó por otro lado con el fenómeno independiente de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, quien arrasó para obtener el Ejecutivo, pero no tuvo la infraestructura para acomodar a modo el Poder Legislativo. El PRIAN, entonces, se adueñó de los otros Poderes públicos además del Congreso local, como el Tribunal Superior de Justicia, la Judicatura, la Fiscalía General, la Auditoría Superior, entre otros organismos, y El Bronco fue apaciguado. Vendría otro fenómeno, el de Movimiento Ciudadano, que le dio a un par de jóvenes, Luis Donaldo Colosio Riojas y Samuel Alejandro García Sepúlveda, diputaciones locales, senadurías, la alcaldía de Monterrey y la gubernatura de Nuevo León.
A diferencia de la irrefragable candidatura de Adrián de la Garza Santos a la gubernatura, los tiradores a Monterrey estiran sus posibilidades, lo cual denota fisuras que aún no llegan a fracturas. Adrián se inclina por Marcelo Segovia; Francisco Paco Cienfuegos por Lorena de la Garza; el PAN, supuestamente, por Fernando Margáin Sada. Agazapada, pero nunca ausente, sigue Ivonne Álvarez.
La intelección de una posible ruptura en Movimiento Ciudadano pasa por un futuro disociativo. Si el grupo compacto del gobernador impone la candidatura de Mike Flores por encima de la avanzada precandidatura de Martha Herrera, el conflicto podría escalar en una ruptura mayor que implicaría un espaldarazo de Luis Donaldo a Martha, y la definición electoral de Dante Delgado y Jorge Álvarez Máynez lo que, con probabilidad, desembocaría en una aporía, un callejón político sin posible salida. La opción de Morena pasa por quiénes serán los vencidos en la encuesta interna. Judith Díaz perdiendo, gana la candidatura a la alcaldía de Monterrey, encima de Waldo Fernández. El tridente morenista, después de la segunda reunión de Andrés Mijes y Tatiana Clouthier en El Mirador, se completa con Judith. Hasta aquí el mapa, a menos que…



