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PRIAN MTY: ¿con Manzana o con Sandía?

Por María Beasain / IAQuemada

Hay que reconocerle a la política nuevolonesa una virtud indiscutible: su capacidad inagotable para convertir la ambición desmedida en comedia involuntaria. En este circo de tres pistas, el rumor —o la disparatada fantasía— de ver a la priista Lorena de la Garza Venecia buscando la alcaldía de Monterrey bajo el cobijo del PAN y el PRI no es solo un síntoma de desorientación estratégica; es un monumento al cinismo más puro.

Resulta verdaderamente fascinante presenciar cómo el priismo en decadencia intenta vender como «relevo generacional» lo que no es más que la típica herencia de estirpe municipalista, aderezada con una vistosa colección de diplomados. Porque seamos claros: acumular certificaciones internacionales de Design Thinking o marketing político en el ITAM sirve de muy poco cuando la propuesta de fondo carece de sustento.

La trayectoria de De la Garza no es la de una estadista construida al calor de las grandes decisiones del Estado, sino la de una tecnócrata de la comunicación pública formateada en las sombras de las administraciones de José Natividad González Parás y Rodrigo Medina. Un pedigrí político que, en cualquier país con memoria, provocaría cautela, pero que en el PRI de Nuevo León se presume como credencial de presentación.

El verdadero descaro, sin embargo, no radica en sus aspiraciones, sino en la soltura con la que se pretende usurpar la casa ajena. Durante la gestación de la alianza Fuerza y Corazón por Nuevo León, presenciamos el insólito espectáculo de una militante priista tocando a las puertas de la mesa receptora del PAN para medirse por la capital. Llamarle a eso «maniobra estratégica para elevar la interna» es un eufemismo piadoso para no llamarle lo que realmente fue: un acto de oportunismo puro y duro.

Pretender apoderarse del mayor botín electoral y presupuestal de la entidad sin contar con la militancia ni la identidad panista es una bofetada directa a las bases del blanquiazul regiomontano. Monterrey ha sido históricamente un baluarte del panismo con Jesús Hinojosa, Jesús María Elizondo, Felipe Cantí, Fernando Larrazabal y Margarita Arellanes… y ver a figuras formadas en la vieja escuela tricolor pretender legitimar sus carreras mediante las siglas de Acción Nacional no genera estrategia: genera urticaria.

El abismo de esta pretensión se vuelve grotesco cuando se contrasta la figura de De la Garza con la de los verdaderos pesos pesados de la política legislativa y judicial del estado, como José Arturo Salinas Garza. Mientras Salinas encarna una carrera estructurada desde el rigor técnico-jurídico —abogado, maestro en Derecho Mercantil, diputado local y federal, coordinador parlamentario y Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia—, el expediente de Lorena de la Garza luce trágicamente ligero. Mientras juristas de la talla de Salinas Garza operan como los verdaderos arquitectos del contrapeso institucional y asumen el desgaste de las grandes batallas constitucionales, De la Garza prefiere la trinchera del micrófono, la vocería estridente y el protagonismo de red social.

La asimetría es casi dolorosa: en el Poder Judicial y Legislativo la Manzanita Salinas articuló negociaciones de fondo, presidió poderes y llegó a ser designado Gobernador Interino en el clímax de la crisis constitucional de 2023. En la trinchera mediática, De la Garza presume la reelección en un distrito local y el manejo del altavoz en la Comisión de Presupuesto, un espacio utilizado más como plataforma de confrontación diaria que como taller de altas políticas públicas. Poner en la misma balanza el peso institucional de quien ha conducido el aparato de justicia del estado con la estridencia mediática de quien usa la tribuna para el choque cotidiano es una falacia que ni la coalición más desesperada puede sostener.

El fondo de este conflicto expone la miseria de una alianza pegada con alfileres. Las bases panistas, cansadas de actuar como la comparsa que pone el registro para que el PRI coseche los puestos ejecutivos de mayor relevancia, están llegando al límite. Con una dirigencia nacional del PAN que atisba el fin de los acuerdos sistemáticos con el tricolor rumbo a 2027, la insistencia de perfiles como el de Lorena en usar el PAN como trampolín personal solo acelera la fractura.

Un eventual intento de postulación de Lorena de la Garza a la alcaldía regiomontana abanderando a una alianza desdibujada no sería un ejercicio de competitividad, sería la crónica de un fracaso anunciado. Monterrey no necesita voluntarismo adornado con diplomados ni figuras que confunden la vocería estridente con la capacidad de gobierno. La capital de Nuevo León requiere densidad política, rigor técnico e identidad clara, virtudes que difícilmente se encuentran al cruzar corriendo a la ventanilla del partido de enfrente. Así es que, panistas regios, o con Manzana o con Sandía. Literal.

Foto portada: Inteligencia artificial (IA)

Fuente:

// Medios / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: stafflostubos
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