Antes de convertirse en el presidente que el mundo conocería como Ike, Dwight D. Eisenhower fue el hombre que tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de la historia militar: enviar a miles de soldados a una batalla sabiendo que muchos no volverían. Para Brendan Fraser, interpretar ese momento no significó recrear a un líder, sino entender la humanidad detrás de una orden que podía cambiar el destino del mundo; publica MILENIO.
Lejos de retratar el hecho histórico desde el campo de batalla, ‘El Día D. Bajo presión’ dirige la mirada hacia las horas de incertidumbre que definieron el curso de la Segunda Guerra Mundial. Antes de que el primer soldado aliado pusiera un pie en las playas de Normandía, hubo horas de tensión en las que una sola pregunta podía alterar el destino de millones de personas: ¿atacar o esperar? Porque una tormenta amenazaba con convertir la operación en un desastre.
Brendan Fraser y el director Anthony Maras hablaron con MILENIO sobre cómo una decisión, un pronóstico meteorológico y el peso del liderazgo se convirtieron en el verdadero conflicto de la película.
“Interpretar a una figura histórica es un reto enorme para cualquier actor. Ike Eisenhower no es la excepción. Cuando pensamos en los líderes de la Segunda Guerra Mundial tenemos una idea bastante clara de quiénes eran”, comentó el actor.
Pero “Ike Eisenhower no está tan claro”, explicó Brendan Fraser en la charla; durante su preparación encontró a un líder mucho más complejo de lo que imaginaba. Investigó su formación militar, su frustración por no haber combatido en la Primera Guerra Mundial y la manera en que construyó su liderazgo y “cómo fue ascendiendo de manera constante gracias a sus extraordinarias habilidades de liderazgo. Era un gran comunicador.
“Escuchaba a las personas; no solo las oía. Hay una diferencia. Siempre buscaba la opinión de los expertos o de quien tuviera una buena idea, le daba el crédito de inmediato y luego hacía suya esa información para formular sus órdenes y ejecutarlas”, agregó el actor sobre las características que apreció de su personaje desde antes de comenzar el rodaje en locaciones del Reino Unido para recrear los momentos previos al Día D.

Fraser considera que el verdadero peso del personaje aparece cuando la película recuerda un episodio poco conocido: la Operación Tiger, un ensayo previo al desembarco de Normandía que terminó con la muerte de 749 soldados estadunidenses debido a una cadena de errores de comunicación. Ese acontecimiento, de acuerdo con el actor, cambió por completo la manera en que entendió a Eisenhower y la gente que lo rodeaba.
“Cuando conocemos a Ike Eisenhower en esta película vemos a un hombre cuya conciencia debía ser muy pesada, considerando que apenas seis semanas antes había estado al mando de un ejercicio con fuego real en el que murieron más de 700 soldados en una playa de Inglaterra”, aseguró Fraser al recordar que apenas seis semanas después de aquella tragedia debía ordenar un nuevo despliegue de 300 mil soldados hacia Francia.
El actor compartió: “No puedo evitar pensar que Eisenhower veía en los ojos de aquellos soldados a sus propios hijos, a quienes estaba enviando con la dura probabilidad de que quizá no regresarían”, y esa cercanía con las tropas explica el respeto que el comandante inspiraba entre quienes estaban bajo sus órdenes y dispuestos a seguirlos sin importar las consecuencias.
“El respeto que se había ganado no provenía de su rango; se lo había ganado. Y eso sólo se consigue siendo honesto como líder”, por ello, lejos de buscar una imitación del expresidente estadunidense, Fraser optó por comprender su forma de pensar: “No soy el tipo de actor que hace interpretaciones de imitación, lo que sí sé hacer es comprender la manera de pensar de una persona, y construir el personaje a partir de esos momentos”.

Con los ojos abiertos
Además del peso de la decisión militar, Fraser encontró en Eisenhower una característica que definía su manera de ejercer el liderazgo, la capacidad de reconocer que las mejores respuestas no siempre provenían de quien tenía el mayor rango, sino de quien tenía la información correcta. Esa cualidad fue clave en las horas previas al Día D, cuando el comandante debía escuchar a meteorólogos y oficiales antes de tomar una decisión.
“Siempre buscaba la opinión de los expertos o de quien tuviera una buena idea, le daba el crédito, y luego hacía suya esa información para formular sus órdenes y ejecutarlas —explicó Brendan Fraser sobre el estilo de liderazgo de Eisenhower—. “Sólo hace falta ver las fotografías de archivo de la 101.ª División Aerotransportada, fueron tomadas como una sesión organizada por el departamento de prensa, pero aún así él estaba comprometido con ellos”.

Esa mirada fue precisamente lo que cautivó al director Anthony Maras cuando descubrió la historia que inspiró ‘El Día D’. Más que filmar una batalla, quiso retratar el instante en que el futuro del mundo dependía de una decisión.
“Cuando leí el guion por primera vez, me sorprendió que un momento tan decisivo en la historia del mundo terminara dependiendo, de entre todas las cosas posibles, de un pronóstico del tiempo”, aseguró.
Maras encontró un conflicto poco habitual para una película bélica: el enemigo no era sólo el ejército alemán, sino la incertidumbre que imponía la naturaleza, en este caso una tormenta.
“Las mentes más brillantes que tenían las fuerzas aliadas en ese momento, ya fueran generales, oficiales, soldados o meteorólogos, estaban reunidas, desesperadas, intentando averiguar qué hacer, porque millones de vidas estaban en juego”, afirmó.
Para el cineasta, ahí radica la fuerza dramática de la historia: “aquello contra lo que realmente intentaban enfrentarse era la propia naturaleza; algo que es tan inmenso como el mundo entero. Olvídate de combatirla, ¿cómo haces siquiera para comprenderla?”.
El director sostiene que el clima suele pasar desapercibido en la vida cotidiana, pero ha moldeado la historia de la humanidad desde siempre. Y no nos damos cuenta.

“Damos por sentado el clima. Pensamos: ‘Va a llover, llevo un paraguas y listo’; el clima ha definido la historia de la humanidad y la de toda la vida en la Tierra desde el primer día —agregó el realizador sobre el poder de la naturaleza—. Decide si las cosechas crecen, si un ejército tendrá éxito, si se dan las cosechas, si se destruye una ciudad o una playa; decide todas esas cosas y, al mismo tiempo, es invisible para nosotros”.
Por eso, en lugar de convertir la tormenta en un espectáculo visual, decidió hacer que el espectador sintiera la ansiedad de quienes esperaban una respuesta. “No se trataba tanto de mostrar el clima, sino de mostrar cómo personas comunes o, en este caso, personas extraordinarias, reaccionan ante lo que está a punto de suceder”, porque sobre ello no hay control inmediato, sino percepción y ciencia que puede funcionar, o no.
Al final, Pressure no busca responder cómo se ganó una batalla durante la Segunda Guerra Mundial, sino recordar que los momentos que cambian la historia suelen decidirse lejos del frente, lejos de las armas, en una habitación llena de mapas, silencios y pronósticos, un grupo de personas tuvo que asumir el peso de elegir entre avanzar o esperar. Y esa decisión terminó cambiando el rumbo del mundo tal como lo conocemos hoy.
Foto portada: Cortesía / MILENIO



