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Cuando el poder quiso regular la conversación

Redacción // IAQuemada / Análisis para el derecho de las audiencias

La última semana de julio marcó un punto de inflexión en la Conferencia del Pueblo. Hasta ahora, la Mañanera había funcionado como el principal instrumento para fijar la agenda pública, responder a la oposición y consolidar la narrativa presidencial. Entre el 27 y el 31 de julio comenzó a desempeñar una función distinta: convertirse también en el espacio desde el cual el Ejecutivo pretende delinear las reglas bajo las que deben relacionarse los medios de comunicación con sus audiencias.

No fue una semana dominada por crisis políticas. Por el contrario, el gobierno logró imponer prácticamente toda la agenda. El lunes giró en torno al uso de dispositivos móviles y redes sociales en las escuelas; el martes estuvo dedicado a los derechos de las audiencias y la reglamentación en telecomunicaciones; el miércoles se centró en la inversión de KIA y el Plan México; el jueves en la estrategia contra el sargazo y el turismo; y el viernes en seguridad pública. La Presidencia consiguió que la conversación girara, casi exclusivamente, alrededor de los temas que ella misma decidió colocar en el centro del debate.

Del relato a la regulación

El martes se produjo el cambio más importante de la semana. La discusión dejó de concentrarse en el contenido de la comunicación gubernamental para trasladarse al funcionamiento del propio sistema mediático. La narrativa oficial ya no se limitó a combatir la desinformación; comenzó a justificar la necesidad de reglas, procedimientos y mecanismos para garantizar los llamados derechos de las audiencias.

Aunque el gobierno insistió en que los lineamientos únicamente aplican para radio y televisión, varias intervenciones plantearon incluso la posibilidad de extender principios semejantes a otros ámbitos informativos. La discusión dejó de ser exclusivamente técnica para convertirse en un debate sobre el alcance que debe tener el Estado frente a la circulación de la información.

La Presidenta refutó, sin querer, el argumento central

La mayor contradicción de la semana no provino de la oposición. Provino de la propia presidenta. Dos días después del debate sobre regulación, Claudia Sheinbaum respondió a quienes cuestionaban el contenido de la conferencia con una frase tan espontánea como reveladora:

«Pues, que no la vean.»

La respuesta parece menor. Políticamente no lo es. Porque ese razonamiento contiene exactamente el principio que desmonta el fundamento paternalista de la regulación.

Si los ciudadanos tienen plena libertad para decidir si consumen o no La Mañanera, poseen exactamente la misma libertad para decidir si ven TV Azteca, Televisa, Imagen, Canal Once, si escuchan Radio Fórmula, si leen La JornadaReformaMilenio o cualquier portal digital.

El criterio es idéntico.

No verlo.

No leerlo.

No consumirlo.

La Presidenta terminó reivindicando el principio clásico de la libertad de elección de las audiencias. Paradójicamente, fue el argumento más sólido pronunciado durante toda la semana en favor de un mercado libre de ideas y del derecho ciudadano a seleccionar —o rechazar— los contenidos que recibe.

La contradicción no es jurídica. Es narrativa.

Menos fiscalización, más administración de agenda

La semana también confirmó otra tendencia que Agua Quemada ha documentado desde hace meses: la disminución progresiva de la fiscalización.

La mayoría de las preguntas buscaron ampliar anuncios oficiales más que someterlos a escrutinio. KIA, electromovilidad, sargazo, turismo, inversión, programas sociales y seguridad ocuparon buena parte del intercambio. Incluso cuando aparecieron temas potencialmente incómodos —Donald Trump, T-MEC, Ruffo Appel, Ayotzinapa o la crisis del examen digital de la UNAM— la conferencia logró regresar rápidamente al tema principal del día.

Las preguntas críticas no desaparecieron. Simplemente dejaron de conducir la conversación.

La pluralidad administrada

Los datos recopilados por Agua Quemada muestran que la concentración del acceso continúa siendo una constante estructural.

Durante la semana se registraron 46 intervenciones. De ellas, 31 correspondieron a la primera fila, equivalente al 67.4 % del total. La segunda y la tercera fila obtuvieron apenas siete participaciones cada una (15.2 % respectivamente), mientras la cuarta fila únicamente intervino en dos ocasiones (4.3 %).

La pluralidad existe en la transmisión. No necesariamente en el uso de la palabra. La ubicación física continúa determinando, en buena medida, quién pregunta y quién permanece como espectador.

Pero la concentración no sólo es espacial. También es personal. Los registros acumulados entre el 29 de junio y el 31 de julio muestran un núcleo estable de reporteros que concentran buena parte de las intervenciones.

Carlos Guzmán, de Quatro Media Veracruz, encabezó la lista con seis conferencias. Le siguió Carlos Navarro, de El Heraldo Media Group, con cinco. Con cuatro participacionesaparecen Nancy Flores (Contralínea), Yareth Arciniega (Revista Fortuna), Hans Salazar(Noticiero en Redes), Sandra Aguilar (AE Grupo Informativo), Marco Antonio Olvera (Hidalgo News), Juan Hernández (Grupo Cantón) y Bertha Alicia Galindo (Noti 13).

Más revelador aún resulta observar desde dónde intervienen.

Carlos Navarro desarrolla prácticamente todas sus participaciones desde la primera fila. Hans Salazar repite el mismo patrón. Manuel Pedrero y Jatziri Magallanes también aparecen asociados de forma recurrente a ese espacio privilegiado. Carlos Guzmán alterna entre segunda y tercera fila, mientras otros periodistas apenas logran acceder esporádicamente al micrófono.

No constituye prueba de un trato preferencial deliberado. Pero sí documenta un patrón persistente de concentración. Y en comunicación política los patrones importan más que las excepciones.

Porque quien pregunta con mayor frecuencia también influye con mayor frecuencia en la agenda pública. Quien obtiene primero el micrófono establece el tono de la conferencia. Y quien regresa semana tras semana termina convirtiéndose en un interlocutor habitual del poder.

Paradójicamente, mientras el gobierno impulsa una discusión sobre la democratización de los derechos de las audiencias, la arquitectura de la propia Mañanera continúa distribuyendo la palabra de manera altamente concentrada.

Conclusión

La última semana de julio deja una conclusión relevante. La Mañanera ya no sólo busca administrar la agenda política, comienza a administrar el marco institucional de la conversación pública.

Sin embargo, el propio discurso presidencial terminó exhibiendo la tensión de esa estrategia. Mientras el martes el gobierno defendía nuevos mecanismos regulatorios para los medios, el jueves Claudia Sheinbaum recordó, quizá sin advertir su alcance, el principio más elemental de una democracia liberal:

«Pues, que no la vean.»

En esa frase conviven dos modelos opuestos. Uno deposita en el Estado la responsabilidad de ordenar la comunicación. El otro deposita en los ciudadanos la libertad de elegir.

Esa contradicción fue, probablemente, el hecho político más relevante de la Mañanera durante la última semana de julio. Y mientras esa tensión no se resuelva, la Conferencia del Pueblo seguirá enfrentando una paradoja: exigir mayor pluralidad para los medios mientras mantiene una pluralidad administrada en su propio espacio de interlocución.

Foto portada: Inteligencia artificial (IA)

Fuente:

// Medios / La Mañanera del Pueblo / IAQuemada

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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