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Claudia, en eso no quedamos corazón

Por María Beasain // IAQuemada

Ay, la amnesia del poder. Qué enfermedad tan oportuna, tan metabólicamente exacta y tan conveniente para la memoria táctica. Hay que reconocerle a la presidenta una audacia casi poética, una capacidad histriónica digna de una tragedia griega financiada por Wall Street. Decir a micrófono abierto, con la compostura de quien lee el clima en televisión, que «Nunca lo dije en campaña como tal», no es una simple imprecisión: es una obra de arte del cinismo político.

El problema de las mentiras en la era digital es que dejan huella, huella de carbono y huella en versión estenográfica.

Cronología de un engaño anunciado

El primero de marzo de 2024 en el Zócalo: «No se va a permitir la explotación de hidrocarburos a partir del fracking

Plataforma Electoral «100 Pasos» y el Compromiso 87: Prohibición explícita y formal del fracking.

«…no se puede utilizar el fracking…» (Presumiendo superioridad moral).

 Diciembre de 2024: «…no va a haber fracking y eso así se va a quedar…».

6 de agosto de 2026: «Nunca lo dije en campaña como tal…».

Ahí está. Escrito en letras de oro en el compromiso número 87 de sus «100 Pasos para la Transformación» y grabado en video el 1 de marzo de 2024 ante un Zócalo abarrotado que aplaudía a rabiar. Pero claro, cuando la candidatura era un boceto y el aplauso popular salía barato, el fracking era el demonio neoliberal, un ecocidio imperdonable, la ruina de la patria. Hoy, ya despachando desde el Palacio, la fracturación hidráulica se nos ha vuelto una graciosa «necesidad de soberanía» embellecida por 54 científicos que salieron a ponerle maquillaje académico a un despojo anunciado.

El padrino neoyorquino y la «Soberanía» de etiqueta

Resulta fascinante cómo la narrativa de la Soberanía Nacional se moldea según el cliente en turno. Nos vendieron la idea de que la transición energética era una gesta heroica contra el capital extranjero. La realidad, siempre tan vulgar, tiene nombre, apellido y un portafolio de activos multimillonario: Larry Fink.

Las fechas no mienten, por más que la retórica presidencial intente piruetas acrobáticas:

Febrero de 2024: Besamanos de candidata con el CEO de BlackRock.

Noviembre de 2024: Visita ejecutiva a Palacio Nacional para alinearse al T-MEC.

Abril de 2026: Tercer encuentro privado en medio de shocks petroleros internacionales.

Ocho días después: Magia pura. El gobierno descubre que el fracking quizás no sea tan malo si se usa «agüita salada».

¿De verdad nos quieren hacer creer que perforar la tierra a tumba abierta con químicos y fracturar el subsuelo nacional es un acto de patriotismo? ¿O más bien es la factura que pasa BlackRock para garantizar el suministro del nearshoring y proteger sus billonarias inversiones en infraestructura?

Gobernar para el pueblo suena precioso en los mítines, pero gobernar para los fondos de inversión de Manhattan exige fracturar la tierra y, de paso, la dignidad del discurso. La soberanía no era defender el suelo patrio, era el pretexto perfecto para envolver en la bandera nacional el gas que le van a entregar a los gigantes financieros.

Agua salada para ahogar la vergüenza

El toque maestro de las mentiras de Claudia es el dictamen del recién estrenado Comité Científico. La salida por la tangente es magnífica: no usaremos agua dulce, usaremos «agua salada profunda». Promesa técnica que en el papel suena tan limpia como una cirugía robótica, pero que en la praxis mexicana tiene el mismo peso que una promesa electoral de campaña.

Se niega la promesa, se reinventa el concepto y se viste de «desarrollo sustentable con justicia social». ¿Justicia social para quién? ¿Para las comunidades de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas que verán sus mapas convertidos en coladeras de presión hidráulica?

Claudia, en eso no quedamos, corazón. Prometiste la ciencia al servicio del pueblo y nos entregaste la ciencia como departamento de relaciones públicas de Pemex y BlackRock. Nos prometiste que no serías igual a los de antes, pero resulta que la única diferencia es el tono de voz con el que se justifica el remate del país. La fractura ya empezó, y la primera víctima no fue el subsuelo: fue la palabra empeñada. Literal.

Fuente:

// Medios / La Mañanera del Pueblo / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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