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El cielo contra Narciso

Por Valeria Riaño / IAQuemada

El cielo ofrecerá una de esas coincidencias capaces de activar simultáneamente telescopios, mitologías y algoritmos. Un eclipse solar total, Luna Nueva, las Perseidas y un desfile de seis planetas compartirán la escena celeste. El eclipse cruzará Groenlandia, Islandia y España, mientras que la oscuridad lunar favorecerá la observación de las Perseidas durante la madrugada siguiente. Hasta ahí, astronomía. Lo demás pertenece a un territorio distinto: el de nuestra necesidad de convertir el cosmos en metáfora.

La astrología occidental interpreta el eclipse en Leo como una crisis de identidad, liderazgo, orgullo y exposición pública. Su proximidad simbólica con el Nodo Sur sería una invitación a desprenderse de personajes agotados: la identidad construida para recibir aprobación, la arrogancia disfrazada de seguridad y esa necesidad contemporánea de existir únicamente cuando alguien está mirando.

No hace falta creer que los planetas administran nuestras biografías para reconocer la pertinencia de la metáfora.

Vivimos en una época profundamente leonina: exposición permanente, opinión instantánea, narcisismo digital, dirigentes enamorados de su propia narrativa y ciudadanos convertidos en pequeñas oficinas de comunicación social de sí mismos. El viejo “pienso, luego existo” parece haber mutado en algo bastante menos cartesiano: me ven, luego existo.

Por eso resulta sugerente que la interpretación tradicional del eclipse recomiende exactamente lo contrario: no precipitar decisiones, desconfiar de la información incompleta y asumir que durante un eclipse existe, simbólicamente, un punto ciego. Es una advertencia astrológica, sí, pero también una razonable disciplina intelectual.

Porque nuestro problema cotidiano no es la falta de información, sino la incapacidad para aceptar que todavía no sabemos. Opinamos antes de conocer, condenamos antes de verificar y reaccionamos antes de comprender. El verdadero eclipse ocurre cuando las certezas ocupan el lugar de los datos.

Después vendrán las Perseidas. Restos del cometa Swift-Tuttle entrando en la atmósfera y produciendo aquello que nuestros ojos llaman estrellas fugaces. La mitología colocó allí a Perseo y a Medusa; la astrología encuentra una imagen del corte del orgullo y de las ilusiones del ego. La ciencia explicará el mecanismo. El mito intentará explicar qué hacemos nosotros frente a él.

Conviene no confundir ambas cosas. Un eclipse no derriba gobiernos, no termina matrimonios, no provoca quiebras ni reorganiza mágicamente nuestras vidas. Los meteoros tampoco llevan mensajes personalizados desde el universo. Pero contemplar durante unos minutos un cielo extraordinariamente oscuro quizá produzca algo bastante más útil que una profecía: perspectiva.

Somos una especie minúscula observando restos de un cometa de órbita centenaria mientras discutimos furiosamente por cargos, dinero, seguidores, prestigio y pequeñas parcelas de poder.

Quizá ése sea el auténtico mensaje del 12 de agosto. No que el universo esté hablando de nosotros. Sino descubrir, por un instante, que no todo gira alrededor nuestro.

Foto portada: Inteligencia artificial (IA)

Fuente:

// Medios / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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