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Sara Montiel en México: entre vínculos intelectuales y su impulso en la comunidad cinematográfica

Vínculos con intelectuales de izquierda, como el asesino de Trotski, y una carrera impulsada desde el poder, son algunos de los cabos sueltos que llenan de misterio el paso de Sara Montiel por México.

“Todos éramos rojos. Ahora lo puedo decir”. La actriz Sara Montiel lo confesó muchos años después, cuando ya era una diva internacional y podía mirar con distancia su aventura por México, que la congració con la comunidad cinematográfica pero también con intelectuales de izquierda y comunistas. La joven actriz manchega había llegado para filmar Furia roja. Tenía poco trabajo pero pronto comenzó a frecuentar a Luis Buñuel y a otros españoles que habían encontrado refugio en el país. Fue el director Juan Plaza Huerta quien la llevó al Palacio Negro de Lecumberri; publica MILENIO.

Ahí conoció a Ramón Mercader del Río, el asesino material de Trotski. Gozaba en Lecumberri de un privilegio que quizá ningún otro preso podía presumir: un teléfono privado para comunicarse con el exterior. Así disfrutaba de beneficios dignos de un hotel de cinco estrellas: manjares de restaurantes exclusivos, varios custodios a su servicio, en su crujía dos cuartos de libros con un aparato de radio de onda corta. Todo ello gracias a que recibía unos mil dólares mensuales –una fortuna para los años cincuenta– desde una oficina de Nueva York que había puesto el espía ruso Leónidas Eitingon, quien operó el crimen cometido en Coyoacán.

Cuando el comunista combatía en la Guerra Civil española, la inteligencia soviética lo reclutó para ayudar en el asesinato de Trotski. Después de quedar preso en Lecumberri, sus privilegios, así como detalles sobre su vida en la entonces cárcel de máxima seguridad, fueron denunciados por el guardia Bartolo Oliva en una carta enviada a la viuda, Natalia Sedova, en la que incluso propuso un plan para asesinarlo.

Documento de Bartolo Oliva sobre el asesinato de León Trotski. (Imagen: Juan Alberto Cedillo)

“A las 8:00 horas le llega la prensa del día. Se levanta a las once u 11:30 horas; en ciertos días, alrededor de las 15:00, llegan mujeres a visitarlo y se quedan solos hasta las 17:00 horas”, dice la misiva conservada en el Archivo General de la Nación.

Cuando Mercader llevaba unos diez años en prisión, una de las mujeres que acudió a visitarlo fue Sara Montiel, quien había comenzado su carrera en el cine español, protagonizando la película Empezó en boda de 1944. Después de su éxito, decidió continuar su carrera como actriz y cantante en México. Su primer encuentro sucedió en el segundo semestre de 1950, acompañando a Plaza Huerta.

La joven Montiel tenía menos de un año de vivir en el país. Llegó con su madre María Vicenta Fernández Palacios en abril de 1950 para actuar al lado del actor Arturo de Córdova. No se puede precisar la fecha de su arribo debido a que su ficha de migración, la solicitud para radicar en el país y el documento de su posterior naturalización desaparecieron del Departamento de Migración de la Secretaría de Gobernación, no queda rastro alguno en el Archivo General de la Nación.

Sarita Montiel presenta su más reciente filme »Zarzuela 1900′. (Imagen: Archivo / MILENIO)


En los últimos años, esta pérdida documental ha reforzado una sombra que yace en la historia del paso de Sara Montiel por México. Y que tomaría forma años más tarde, ya no en documentos oficiales sino en el terreno más frágil de los testimonios personales: en 2015 la prensa del corazón española se llenó de titulares revelando que la famosa actriz había tenido una hija secreta en México.

De aquellos días en Lecumberri nadie podía imaginar que aquella joven terminaría convertida en una de las grandes estrellas del cine internacional y que, en el camino, su vida quedaría vinculada a la disidencia política y comunista, así como a uno de los hombres más poderosos de la época. Entre los diversos testimonios que recopiló entonces la televisión española está el de Marujita Díaz, íntima amiga, quien aseguró que Sara le había confiado que tuvo cercanía con “un hombre muy importante en México, quizás un político.”

Lo cierto es que fue en estos años, del gobierno de Miguel Alemán, cuando ella consolidó su meteórica carrera para saltar posteriormente a Hollywood.

“Todos éramos rojos. Ahora te lo puedo decir”, confesó Sara Montiel

La vida de la famosa actriz quedó en medio de disidencia política y comunismo. (Imagen: Archivo / MILENIO)


La diva española contó que cuando llegó a México casi no tuvo trabajo después de rodar Furia roja, película dirigida por Steve Sekely y Víctor Urruchúa. En ese periodo se comenzó a relacionar con intelectuales exiliados que vivían en la capital mexicana y que habían huido años antes con la Guerra Civil española. Esos detalles los narró en Asaltar los cielos (1996), documental sobre el crimen de Trotski, donde la actriz describe su visita a Lecumberri, al norte de la Ciudad de México.

Durante la guerra, Ramón Mercader había peleado en el frente de Aragón, donde fue herido en un brazo. En ese año, 1937, Joseph Stalin ordenó el asesinato de León Trotski, misión que se le encargó al agente Eitingon –alias el General Kotov–, quien dirigía un equipo especial para asesinar a los enemigos de Stalin en el extranjero. Eitingon seleccionó a Ramón Mercader para que participara en el equipo que vendría a México a cometer el magnicidio en Coyoacán.


En Asaltar los cielos, Sara Montiel cuenta que en México “tenía poco trabajo, por todas las cosas que habían pasado por la guerra. Todos éramos rojos. Ahora lo puedo decir”. La mayoría de las personas con las que se relaciona en el país eran comunistas o antiguos combatientes de la Guerra Civil. Montiel también cuenta que en esos días empezó a conocer gente como Luis Buñuel, León Felipe, quien intentó enseñarla a leer bien, Juan Plaza Huerta y otros intelectuales, como Pablo Neruda y el diplomático mexicano Alfonso Reyes. Fue Plaza Huerta quien la llevó a Lecumberri, había llegado a México en el barco Ipanema en 1939 como exiliado político.

A su corta edad, Sara Montiel visitó al asesino de León Trotski en Lecumberri. (Imagen: Especial / MILENIO)


“Ahí fue cuando conocí a Ramón Mercader. Me pareció que yo tenía que llevarle un regalo, y le llevé, en lugar de la cafetera, algo más femenino mío, un suéter que le abrigue”, aseguró Montiel en el documental. En la prensa española, José de la Rosa, peluquero y amigo, la relacionó sentimentalmente con él. Mercader saldría de prisión al término de su condena en 1960. Regresó a España y, años después, se fue a Cuba donde falleció en el año de 1978.

Cuando Sara Montiel se entrevistó con Mercader, ella rondaba los veintidós años. Con el paso de sus películas, el público y la prensa comenzaron a llamarla Sarita. Para finales de 1950 la actriz dejó de visitar la prisión debido a la intensa actividad que la ocupó desde los primeros días de 1951, actuando todo ese año en el Versalles y filmando películas que la distanciaron, como Cárcel de mujeres junto a Miroslava Stern, o Necesito dinero, junto a Pedro Infante.

El peluquero De la Rosa cuenta a la televisión española que la fama la acercó a un poderoso político que comenzó a impulsar su carrera hasta convertirla en la estrella consentida del pueblo mexicano. Ese político, según fuentes de la época, era el dueño de uno de los escenarios donde la propia Montiel se presentaba como cantante.

El dueño del Hotel del Prado

De 1946 a 1952, Miguel Alemán Valdés fue presidente de México. (Imagen: Archivo / MILENIO)


En la década de los cincuenta, el Distrito Federal ofrecía una intensa vida nocturna con salones y cabarets para el baile y famosas orquestas que venían desde Los Ángeles. Ahí se presentaban grandes espectáculos al estilo Las Vegas. Era la época de oro del cine mexicano. Tiempo de rumberas. Los cantantes mexicanos destacan en toda América Latina. En la radio se escuchaba la aguardentosa voz de Agustín Lara, la del tenor Pedro Vargas, del barítono Jorge NegreteToña la Negra y la orquesta del cubano Pérez Prado, así como una pléyade de artistas que trascienden fronteras.

La intensa vida nocturna de la élite política y empresarial se vivía en lujosos salones de los más exclusivos hoteles. Sobresalía el Ciro’s del Hotel Reforma. Otros que destacaban eran el Hotel del Prado y el Hotel Regis, ambos en la zona de la Alameda Central. El Regis contaba con el salón El Capri mientras que el Del Prado recién había inaugurado Versalles para competir con el esplendor de la escena. Para adornar el salón se solicitó a Diego Rivera que pintara un mural a la entrada, al que tituló Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. Ambos hoteles fueron destruidos por el terremoto que azotó la ciudad en 1985.

En el lujoso Versalles debutó la jovencita Sara Montiel como cantante. Se presentaba junto a Jorge Negrete y Carmen Sevilla. El show tuvo un destacado éxito noche tras noche. El dueño del Hotel del Prado era Miguel Alemán Valdés, según la columna de Agustín Barrios Gómez en el diario Novedades. Paralelamente, Montiel participaba en Necesito Dinero y Cárcel de Mujeres; en 1952 filmó Ahí viene Martín Corona, de nuevo con Pedro Infante. Y finalmente ese mismo año cierra la saga de Martín Corona con la secuela El enamorado.

La revista Times, en un artículo publicado el 11 de febrero de 1946, describió a Miguel Alemán: “De joven había sido muy afecto a hacer frecuentes visitas a Hollywood. Sus travesuras con las jóvenes estrellas de la pantalla grande se convirtieron en parte de la materia prima del periodismo sensacionalista de la época”.

Incluso su relación con la bailarina brasileña Leonora Amar provocó un escándalo, según se narra en México en los cuarenta: modernidad y corrupción (Océano, 2009), de Stephen R. Niblo. El judío Alfred Blumenthal, administrador del Hotel Reforma, contrató a Amar para que actuara por una temporada en el Ciro’s. La mujer de ojos verdes arribó a la capital mexicana el 15 de mayo de 1945 en calidad de migrante por un año con el “exclusivo objeto de trabajar en cine y radio”. Pronto llamó la atención de Alemán, entonces candidato a la presidencia, quien comenzó a mandarle regalos, como perfumes, joyas y flores. El chisme trascendió entre los círculos políticos.

Las indiscreciones provocaron que Blumenthal recurriera a canales diplomáticos para intentar sacar a la bailarina del país. Acudió a la embajada estadounidense para solicitar una visa para viajar al otro lado de la frontera. La petición fue contada por un funcionario al Departamento de Estado de la siguiente manera: “Un íntimo amigo del licenciado Alemán trajo a miss Leonora Amar con un funcionario de esta embajada, a quien pidió ayuda para obtener una visa para que se marchara a Estados Unidos”. El amigo dijo: “Desafortunadamente, […] ahora ella anda diciendo que es la amante del próximo presidente de México.” El documento clasificado lo narra el historiador Stephen R. Niblo.

Bajo el gobierno de Miguel Alemán se impulsa la carrera de Sara Montiel

Más allá del talento como actriz y cantante, la atención de la prensa se enfocó en las relaciones personales de Sara Montiel. (Imagen: Archivo / MILENIO)

Cuando Montiel llegó al país ya había participado en dieciséis películas en un periodo de siete años, desde su debut en 1943 hasta 1950; primero en pequeños papeles secundarios y luego en algunos protagónicos. En cuatro años de estancia en México, Montiel participó en más de diez películas como la estrella principal, todo un récord.

En México, así como en la prensa de Estados Unidos, trascendió que la carrera de la diva manchega estaba siendo impulsada por el presidente. Sara Montiel (T&B Ediciones, 2007), biografía escrita por José Aguilar López y Miguel Losada, cuenta que la carrera de Sarita fue impulsada por Miguel Alemán, quien era amigo de directores en la industria cinematográfica. Incluso la revista Pulp, publicación gringa de espectáculos, le dedicó un artículo a esa relación y señaló que “bajo el régimen de Alemán, se firmaron contratos para que Sara Montiel irrumpiera rápidamente en el cine”, nota que ahora se puede consultar en la página de la revista en internet. También que los contactos de Alemán “sirvieron para que Hollywood le abriese una puerta en el western Vera Cruz, de Robert Aldrich (1954)”.


​Pero luego de 1952 su filmografía tiene una pausa. En esa época se compra una casa en Cuernavaca para alejarse de los reflectores. Ese repliegue coincide con el periodo en que, según la prensa española, habría ocurrido el embarazo secreto. Una de sus pocas apariciones ocurrió el 8 de noviembre de 1952. El cronista Salvador Novo cuenta en su columna publicada ese día que la actriz Fela Fábregas organizó una fiesta donde se sirvió un gran buffet. Hubo una “asistencia nutridísima de estrellas de cine, productores y actores”, entre ellos “Sarita Motiel, que estaba a dieta”.

Para 1953 retoma su meteórica carrera y filma de nuevo cuatro películas. El siguiente año otras cuatro más para concluir su participación en el cine mexicano con Donde el círculo termina, de Alfredo B. Crevenna, para luego regresar a España.

El peluquero José de la Rosa, la misma fuente que la relacionó con Mercader, contó en entrevista con la televisión española que la hija nació por cesárea y que cuando despertó de la anestesia le dijeron que el bebé “estaba muerto”. Posteriormente, se dijo que en realidad le “habían robado” a la niña y que “se la habían dado a un matrimonio para criarla”. Hoy tendría 70 años. Esta hipótesis de telenovela ha sido imposible de corroborar. Sara Montiel murió en Madrid el 8 de abril de 2013.

Imagen portada: MILENIO

https://www.milenio.com/cultura/sara-montiel-mexico-visitas-lecumberri-elite-politica

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor:

// Staff

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