Por María Beasain // IAQuemada
Alfonso Durazo ha decidido vestirse de patriarca tutelar. El gobernador de Sonora, cuya más célebre virtud política ha sido sobrevivir a todas las mutaciones del régimen pasando de secretario particular del salinato-colosismo a vocero estelar de Vicente Fox y de ahí a prócer impoluto de la Cuarta Transformación, nos regala un sermón de moralina republicana. El texto no tiene desperdicio, es un prodigio de la comedia involuntaria y el cinismo burocrático:
El «enorme afecto» de la cobra
Durazo inaugura su pieza con el clásico chantaje emocional del compadrazgo mexicano: invoca el afecto familiar para justificar la estocada. Resulta enternecedor que quien cimentó buena parte de su mitología y peso simbólico a la sombra de Luis Donaldo Colosio Murrieta, ahora decida aplicarle un correctivo al hijo no por convicción ideológica, sino porque el vástago osó cuestionar el guion oficial en el informe presidencial de Claudia Sheinbaum. El afecto en la política cortesana dura exactamente lo que tarda en incomodarse el poder central.
La «experiencia» según el señor del Culiacanazo
@espejonegromx Durazo: te conozco bacalao… Por María Beasain // IAQuemada Qué prodigio: sobrevivir a tres grandes mutaciones políticas mexicanas y terminar impartiendo seminarios sobre coherencia. Alfonso Durazo, patrimonio nacional de la adaptación. Descubrió la “autoridad moral”: consiste en cambiar de camiseta tantas veces como cambie el poder y después pontificar sobre congruencia, del salinato-colosismo al foxismo y del foxismo a la 4T. Durazo acusa a Colosio Riojas de vivir del apellido. Curioso reproche de quien convirtió su cercanía histórica con los Colosio en capital político. #4T #sheinbaum #colosio #durazo ♬ sonido original – espejonegromx
Escribe con solemnidad: «La retórica no puede superar jamás a la experiencia… a esas responsabilidades no se puede llegar a aprender». Que Alfonso Durazo pontifique sobre «aprender sobre la marcha» es casi poético. Habla el hombre que despachó como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana federal durante el episodio más emblemático de aprendizaje forzoso e improvisación táctica de la historia reciente: el Culiacanazo de octubre de 2019, donde el Estado mexicano capturó, dudó, reculó y liberó en tiempo récord. Si a la función pública no se llega a improvisar, el paso de Alfonso por el gabinete federal debió ser un mero espejismo de nuestra imaginación.
La tabla de salvación del camaleón
Le reprocha a Colosio Riojas no entender «la dimensión de la transformación social». Claro: para entenderla se requiere la flexibilidad vertebral de Durazo, capaz de ver la luz de la modernidad con Salinas, la transición democrática con el foxismo más pedestre y la redención histórica con el obradorismo. Esa plasticidad camaleónica no es madurez de estadista, es simple supervivencia de ventrílocuo.
La vara de medir de Monterrey frente a Sonora
Señala Durazo que Luis Donaldo carece de «autoridad moral» por haber dejado «una estela de rezagos y desaciertos» en Monterrey. Es un argumento fascinante. Si el criterio para opinar de la Presidencia fuera dejar una administración impecable, el actual gobernador sonorense debería guardar un silencio monacal. Mientras regaña al senador por Nuevo León por el bacheo o los semáforos regios, Sonora arde entre Caborca, Guaymas y San Luis Río Colorado, con las carreteras sitiadas por retenes clandestinos y el crimen organizado marcando el ritmo de la vida cotidiana. Ver la paja en el Cerro de la Silla y no la viga atravesada en el desierto sonorense exige un descaro de campeonato.
El pecado de la «primera minoría»
El remate es el colmo del autoengaño electoral: burla a Colosio Riojas por entrar al Senado por primera minoría («no le alcanzaron su fama ni su apellido»). Qué ironía. Para ganar elecciones o subirse a templetes, Morena no dudó en arropar a cuanto cascajo del viejo régimen cupiera en la barcaza, y el propio Durazo jamás habría olido la gubernatura de Sonora sin el empuje avasallador del arrastre presidencial en la boleta. Señalar que a Colosio lo define su apellido cuando el propio Durazo ha vivido tres décadas administrando la herencia simbólica de ese mismo apellido es la cúspide del cinismo burocrático.
El regaño no es un diagnóstico de Estado, es un besamanos cortesano. El viejo celador del priismo y del panismo reciclado en obispo de la transformación sólo necesitaba recordarle a Palacio Nacional que, cuando se trata de defender la ortodoxia, nadie empuña el puñal con más entusiasmo que un converso agradecido. Literal.
Foto portada: Inteligencia artificial (IA)



