Por José Jaime Ruiz
En las sucesiones, dos pueden pelear por el mando y un tercero quedarse con la candidatura. En Movimiento Ciudadano, ese tercero podría ser Félix Arratia. No por un acuerdo ya tomado, sino porque podría conciliar a Samuel García y Dante Delgado.
La sucesión de 2027 plantea dos preguntas: quién puede ganar y quién decidirá. Samuel buscará continuidad para su proyecto; Dante, preservar la influencia de la conducción nacional en Nuevo León. No hay evidencia de una ruptura entre ambos. Si sus prioridades divergen, Arratia podría facilitar un acuerdo.
El exalcalde de Juárez pertenece al equipo del gobernador y ya conoce el costo de disputar votos en las urnas. Dante lo ha mencionado entre los perfiles posibles. A esa doble interlocución agrega algo que no se construye por decreto: presencia todo-terreno.
La encuesta de Territorial, levantada del 1 al 3 de noviembre, coloca a Mariana Rodríguez con 40.7 por ciento entre simpatizantes de MC, a Arratia con 40.1 y a Héctor García con 12.5. Seis décimas no constituyen una ventaja estadística demostrable. En octubre Mariana registraba 35.1 y Félix 32.5; la distancia pasó de 2.6 a 0.6 puntos. Pero el cuestionario cambió: Miguel Ángel Flores, con 14.3 por ciento entonces, ya no aparece en la lista. No se puede presentar la variación como crecimiento neto.
Eso no cancela la noticia política: Arratia está al alcance de Mariana en esta medición. Y no ha llegado ahí siguiendo la misma ruta. Mientras ella posee una plataforma mediática formidable, él recorre municipios, conversa con liderazgos locales y procura dar contenido propio a su presencia pública. No descuida su relación con Juárez, pero tampoco se queda encerrado en ella.
La brigada Ayudamos de Cerca en San Bernabé reunió, según cifras oficiales, a más de 10 mil personas. El gobierno reporta 55 mil atendidas en cuatro meses y recorridos por 13 municipios. Ayudamos a las Mujeres registra 121 mil inscritas, con una meta de 200 mil. Son cifras oficiales, no resultados auditados. Tampoco las personas atendidas son electores comprometidos. Los apoyos públicos no pertenecen a un aspirante ni pueden usarse para comprar lealtades. Sin embargo, cuando la gestión llega a las colonias y resuelve problemas, también produce conocimiento y reputación. Ahí está la apuesta de Arratia: pasar de funcionario cercano a Samuel a figura con respaldo propio. Falta traducir ese contacto en competitividad ante todo el electorado.
El contrapunto es Héctor García. El alcalde de Guadalupe presume aprobaciones de su gestión cercanas al 70 por ciento, pero obtiene 12.5 en la pregunta de Territorial sobre la candidatura. No hay contradicción estadística: aprobar a un alcalde y quererlo de gobernador son asuntos distintos. Sí hay, en cambio, un desafío político visible, sobre todo cuando Arratia lo supera por 27.6 puntos.
La candidatura naranja no se decidirá sólo con encuestas. Contarán las reglas partidistas, las alianzas internas y la capacidad real de ganar una elección constitucional. Arratia no tiene asegurado nada. Pero si el relevo acaba por convertirse en una prueba de fuerza entre liderazgos, podría representar una fórmula aceptable para ambos.
El tercero en concordia tampoco puede sentarse a esperar. Necesita llegar a la definición con territorio, acuerdos y votos posibles. En política, a veces no se queda con la candidatura quien impone su voluntad, sino quien vuelve innecesario imponerla.



