La Carpeta:
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Pero usted sí es responsable, señor Meade, de provocar precios más elevados, reducir la producción e ingresos por su afán recaudatorio y porque eleva sus gastos en corruptelas al mismo nivel de sus ingresos. Ni modo: usted está en el lado equivocado.
Eloy Garza
febrero 2, 2018, 6:22 am

A usted, señor José Antonio Meade, que le encanta recaudar impuestos, le formuló las siguientes quejas. Mientras más próspera sea una mediana empresa, más se ensaña contra ella el SAT.  Peor si gana más de 500 mil pesos anuales, porque tendrá que regalarle a Hacienda 32% de sus ingresos brutos (ISR).

Eso lo sabe usted, señor Meade. Pero no lo dice, se lo calla. Como cuando afirma que pagar impuestos es un mal necesario, cuando en realidad es un mal a secas. Peor si la burocracia a la que usted sirvió por más de 20 años crece y el gasto público se dispara en favor de políticas clientelares y en beneficio de líderes corruptos, que usted solapa.

Si la mayoría de las personas físicas o morales vivimos de lo que ganamos (vendiendo bienes y servicios) y el gobierno se mantiene sólo de lo que nos quita a los contribuyentes, entonces se entiende que los impuestos son un botín, una estafa o una vil extorsión. ¿No lo cree así, señor Meade?

Si por usted fuera, señor Meade, gravaría todo lo que se mueve. Si no lo consigue es porque los contribuyentes ofendidos solemos convertirnos en votantes ofendidos y eso le afectarían sus aspiraciones presidenciales.

Si el gobierno “castiga” a los emprendedores quitándoles el 32 por ciento de såus ganancias, el impuesto es una extorsión.

Si el gobierno promete seguridad pública a cambio de pagarle un tributo pero el narco amenaza con secuestrarnos o matarnos, el impuesto gubernamental es una extorsión.

Si el gobierno me cobra por vivir en mi propia casa, pero usa ese dinero para comprar votos a fin de quedarse en el poder, el impuesto es una extorsión.

Peor si cobra ciertos impuesto discretos cuando la víctima está descuidada, como es el caso del IVA que a usted tanto le gusta, señor Meade. En todos estos ejemplos el contribuyente sufre una presión fiscal sin compensaciones.

Sepa usted, señor Meade, que no todos los emprendedores ni los inversionistas son culpables de la inflación: si aumentan el precio de sus bienes y servicios es porque no les queda de otra.

Pero usted sí es responsable, señor Meade, de provocar precios más elevados, reducir la producción e ingresos por su afán recaudatorio y porque eleva sus gastos en corruptelas al mismo nivel de sus ingresos. Ni modo: usted está en el lado equivocado.

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