La Carpeta:
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Está claro que no es con la sola aparición de un personaje que se acabará con la corrupción porque está enraizada en todo el entramado burocrático de nuestro país al que parecer ningún candidato propone tocar.
Carlos Chavarria
junio 6, 2018, 10:11 am

A todas las burocracias, tanto en el sector privado como público, así sea la iglesia o un club social, no les importa el resultado que les dio origen sino su permanencia en el poder.

Las organizaciones son naturales a cualquier propósito determinado como objetivo. Si se decide hacer una empresa para cumplir con alguna misión prevista, se diseñan procesos que transforman los recursos o insumos en algún producto final.

Para operar y gestionar los procesos se contratan personas y se establecen límites de responsabilidad y políticas de actuación, hasta aquí todo va bien en tanto se mantengan los criterios de optimalidad en el logro de los objetivos.

Pero el diseño de los procesos nunca es perfecto y siempre habrá algo en la dinámica del mundo alrededor que provocará perturbaciones inesperadas ante las que solo se puede reaccionar de dos maneras posibles, o se rediseñan los procesos o se crean burocracias.

 Las entidades exitosas rediseñan sus procesos y las burocracias crean reglas y más reglas sin tocar la esencia de los procesos, con el vano propósito de que el mundo se adapte a la imagen que esperamos de él.

En el sector publico, ese  que se debe encargar de las cosas que nos afectan a todos, se privilegia la creación de burocracias.

Las agendas de pendientes de las cámaras legislativas están llenas de nuevas reglas en espera de su implantación, pero ninguna relativa a la reingeniería de los procesos públicos.

En la naturaleza, las mejores rutas para construir caminos, son los trazos que dejan las aguas o los que marcan los animalitos del monte y eso ocurre por la ley del menor esfuerzo o por  la del número dorado, en ambos casos siempre existe una solución optima para un problema de diseño y no está en la formulación de reglas, la mayoría de ellas absurdas.

Las reglas que se crean por las burocracias buscan en primer lugar perpetuar y hacer sustentable en términos financieros la operación burocrática en sí.

Solo para que se recuerde de qué es capaz la burocracia. En la época que anhela el Peje, para que se pudiera instalar el servicio de electricidad en cualquier hogar o negocio era necesario obtener una autorización previa de la antigua Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (SECOFI) –que por cierto la quiere revivir  AMLO renombrándola– para que la CFE procediera a instalar la línea de energía.

El monstruo burocrático se alimenta de las reglas que ellos mismos van formulando.

Cada nueva regla implica más burocracia, por ejemplo, para vigilar su cumplimiento, y a su vez se inventa nuevas reglas y criterios de menor nivel. Al mismo tiempo por efecto transversal, en otras entidades burocráticas, como las de tipo contencioso, crean más burocracia para atender la lucha de los “sujetos controlados” para eludir las nuevas reglas  y la burocracia surgente.

La confrontación con la burocracia es tortuosa e implica costos aditivos a la actividad sea cual sea. Aquí  nace la corrupción que más lastima, que más molesta, la que agrede más a la sociedad civil.

Las burocracias legislativas, la  federal, las de los 32 estados y todos los 2,500 cabildos, son las más activas de todo el aparato de gobierno. Todas sus ocurrencias se convierten en más decretos, leyes y reglamentos, así como nuevos puestos, manuales y procedimientos, que por supuesto implican costos de operación y multas capturables por los gobiernos.

Se amparan en que todo esta “fundado y motivado”, pero da la casualidad de que nadie verifica y evalúa con la periodicidad necesaria si acaso se cumplieron los propósitos de las nuevas leyes burocráticas y ahí quedan como algo de fijo aunque ya no existan las condiciones que les dieron origen.

Todos las propuestas de los candidatos a la presidencia implican más burocracia, más obesidad en el gasto corriente. Por ejemplo, todo esfuerzo dadivoso o subsidio a segmentos especiales de la población implica una cadena de reparto burocrática tal y como lo fue aquel monstruo que se llamó CONASUPO, que terminó costando más que los supuestos subsidios que administraba. Por cierto, AMLO la quiere revivir para volver al sistema de precios de garantía.

Otro ejemplo, INFONAVIT, una muy noble iniciativa, ahora es un super banco, pero mantiene vigente toda su estructura, aquella que se dedicaba a construir casas, las que ahora son monumentos al abandono y deterioro por su pésima calidad.

A nivel municipal el reglamento más violado, prostituido y corrupto es el de alcoholes. Su motivación inicial en los 30's del siglo pasado fue el evitar que se descompusiera el tejido social debido al vicio y sin embargo son precisamente los giros negros los que siguen destruyendo las ciudades por su abundante presencia “controlada” por una burocracia, habida cuenta de que son el nido reproductivo del crimen organizado.

Está claro que no es con la sola aparición de un personaje que se acabará con la corrupción porque está enraizada en todo el entramado burocrático de nuestro país al que parecer ningún candidato propone tocar.