La Carpeta:
1 de 10
 
Los partidos políticos cancelaron sus opciones. Sobrio, serio, Adrián les lleva ventaja. El panista Felipe de Jesús Cantú enseñó el cobre desde muy joven; optar por el Pato Zambrano o Adalberto Madero, es retroceso. Aldo Fasci no cuenta con los recursos para dar la batalla, a pesar de ser uno de los “independientes” del gobernador Jaime Rodríguez Calderón.
Jose Jaime Ruiz
febrero 7, 2018, 6:12 am

Aunque haya pertenecido a la administración del exgobernador Rodrigo Medina de la Cruz, el actual alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, carece de grupo político. Lo suyo es la sombra, el sigilo. Nada lo condena más que la luz, el reflector, el escaparate. No es timidez: no hay parvada para un águila. Así se cree Adrián, así lo asume. Muy sus principios, muy sus fines.

La mediocridad ha sido la impronta de los alcaldes de Monterrey. La soberbia autoritaria los anula, la soberbia regia los desprecia. En Nuevo León no existe un político popular, la única popularidad realmente existente se asume desde la afición futbolera: no los equipos, la afición; no los protagonistas, el “jugador 12”. Nunca educación, simple aleccionamiento.

Los partidos políticos cancelaron sus opciones. Sobrio, serio, Adrián les lleva ventaja. El panista Felipe de Jesús Cantú enseñó el cobre desde muy joven; optar por el Pato Zambrano o Adalberto Madero, es retroceso. Aldo Fasci no cuenta con los recursos para dar la batalla, a pesar de ser uno de los “independientes” del gobernador Jaime Rodríguez Calderón. No hay quién le dé la batalla política e ideológica a De la Garza. De hecho, la ideología es fantasmal en Nuevo León.

Ni contrapesos políticos ni contrapesos de ideas. Tal vez la activista Liliana Flores Benavides podría ser un contrapeso, no quiere. En Monterrey no hay opción. La victoria de Adrián se dio por la pésima gestión de la panista Margarita Arellanes; así como Jaime Rodríguez Calderón tuvo su ganancia por la mediocre gobernación de Medina de la Cruz.

Por primera vez en su vida política, De la Garza se construye su propia oportunidad. Tiene la nómina, los recursos y la posibilidad de propuesta. No es la seguridad el tema, aunque se admita; no es la vialidad, es la movilidad, en la medida en que pueda ejercerla; es el abajo: el sin baches; es el arriba: la iluminación.

Todo apunta a Adrián para repetir, pero Adrián tiene que dejar de ser el “Policía”, el “Policeman”, como lo rebajó hace tres años el exgobernador Medina de la Cruz.

En esta etapa Adrián nada le debe a Rodrigo, quien no hizo un grupo político, sus amigos fueron otros, con los que ganó terrenos, inversiones y desprestigio. Pensar en Monterrey es pensar en Berlín, Friburgo, Vancouver, Hamburgo, Melme, Tirana, pero también Medellín, Porto Alegre, Curitiba, Bogotá. Si así no lo entiende Adrián, poco entiende. Monterrey será otro o no será. Apostarse a sí mismo no es trascender: Adrián puede ser otro, o nada será.