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Durante la primera semana del mes que entra los habitantes de la Ciudad de México nos quedaremos sin una gota de agua.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 18, 2018, 5:22 am

Casi en el mero inicio de la Biblia, en el libro del Éxodo de los judíos, y en el mero final, en el libro del Apocalipsis según San Juan, se enumeran las siete plagas que destruyeron Egipto y facilitaron el regreso a su tierra del pueblo judío, que coinciden con las siete plagas que llevarán al Armagedon que es ni más ni menos el fin del mundo.

La lista de las siete plagas coincide en gran medida y comienza con el fenómeno que transforma el agua en sangre. Por ningún lado se habla de una gran sequía, probablemente porque las escrituras fueron hechas en tierras que no sabían de falta de agua ni de exceso de población.

Durante la primera semana del mes que viene, los habitantes de la Ciudad de México nos quedaremos sin una gota de agua.

El sistema Cutzamala que satisface nuestra sed será cerrado totalmente durante tres días: no habrá una gota de agua en nuestras casas. Luego de que se reabra el ducto, se necesitarán dos días para que se vuelvan a llenar las tuberías. Cinco días para restablecer el servicio. La octava plaga.

Claro, todo esto es consecuencia del pecado original de poner Tenochtitlan en el lugar equivocado y, luego, durante siglos chuparle el líquido de sus entrañas y sobrepoblar su superficie. Pero lo pasado, pasado es. Ahora tenemos que lidiar con el presente. Por primera vez nos vamos a quedar sin agua.

Dice don Ramón Aguirre, autoridad de nuestras aguas, que la situación es difícil, pero soportable y manejable. Seguramente, la cisterna de su casa es más grande que la nuestra.

PILÓN.- Siete horas duró la comparecencia de la titular de la Sedatu, Rosario Robles, en la Cámara de Diputados. El pretexto era la glosa del Informe del presidente Peña, la realidad tenía un doble objetivo: el linchamiento de la funcionaria, a propósito de la llamada Estafa Maestra, millonarios desvíos de fondos destinados al bienestar colectivo y al mismo tiempo exponer el músculo que va a mover, que está moviendo ya, al Poder Legislativo de la administración que viene, que todavía no toma formalmente el poder, pero ya lo está ejerciendo.

Los otros secretarios que han acudido a la Cámara han ido a comisiones y su comparecencia ha sido relativamente breve. Robles fue llevada al pleno, aunque con escasa audiencia; eso sí, agresiva.

Las acusaciones hacia Rosario Robles no estaban sustentadas en pruebas documentales, sino en reportes periodísticos que, aun legítimos, no constituyen sustancia procesal alguna.

Con base en ellos, se le llamó a la secretaria de Estado corrupta y cínica. Todo ello, mientras los legisladores del PRI, como Ochoa Reza, se salían del salón. La cereza del pastel fue cuando le sacaron a Rosario los trapos bien conocidos de que había tenido relaciones erótico-sentimentales con el argentino Carlos Ahumada. Sí, precisamente el empresario que entregó montones de dinero destinado, supuestamente, a Andrés Manuel.

Como si la conducta personal estuviese destinada a ser ventilada en las tribunas, como si en los tiempos de Oscar Wilde nos encontráramos. No se trata aquí, para nada, de defender a Rosario Robles ni de asumir que es totalmente inocente.

Ella no necesita defensores y si los necesita los tendrá, además, es lo suficientemente chucha cuerera para defenderse sola. Aquí de lo que se trata es qué podemos esperar en el futuro inmediato. Lo que presenciamos ayer fue un adelanto de cómo se va a comportar el Congreso en los seis años que vienen: una pandilla unificada de rufianes dispuestos a seguir cualquier indicación o consigna que venga de más arriba. Como en los viejos tiempos.

Pedro Pablo Treviño, diputado del PRI, institucional en su lealtad al presidente Peña que de su partido es, reclamó a los morenistas los desvíos de dineros en la Línea 12 del Metro, de los segundos pisos del Periférico o del Fideicomiso de Morena para asistencia a los damnificados. A los panistas reclamó el escándalo de Oceanografía o la infamosísima Estela de Luz.

Tal vez debemos entender, entonces, que el nombre del juego es ¿quiénes son más corruptos, ustedes o nosotros?