La Carpeta:
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Desde luego que esto tiene remedio. El tema es que no tardará el gobierno menos de seis semanas en encontrarlo. Sobre todo, con sus estrategas improvisados de los que el Presidente de la República se ha rodeado.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 9, 2019, 8:37 am

“Estaba de mal humor.

           Pobre chorrito, tenía calor”.

           Cri-Cri

Poca verdad hay, aunque sea involuntariamente, en lo dicho por Petróleos Mexicanos y por el presidente Andrés Manuel López Obrador: ellos afirman al unísono que no hay desabasto de gasolinas en el país, que lo que es deficiente es el sistema de distribución de los combustibles.

Por eso hay largos convoyes de pipas por el Bajío para que Guanajuato no se paralice. Pero eso no es cierto. La terca realidad nos dice que todo el centro del país carece —como la cucaracha carecía de mariguana que fumar— de gasolina para moverse.

El efecto ha llegado al Estado de México, al sur de Tamaulipas, donde hay una de las muchas lisiadas refinerías y a la capital del país, en la zona más fifí diría el Presidente, Santa Fe. Lo peor es que el fenómeno real de desabasto se convirtió en histeria colectiva. Gente almacenando gasolina en tambos o bidones, colas contagiosas del miedo. El chorrito se hace chiquito y no manda indicios de que se haga grandote.

Desde luego que esto tiene remedio. El tema es que no tardará el gobierno menos de seis semanas en encontrarlo. Sobre todo, con sus estrategas improvisados de los que el Presidente se ha rodeado.

Desde que existen las redes sociales me he confesado un convencido admirador en ellas del talento popular del mexicano en ellas. Yo no frecuento esas ondas, pero estoy casi seguro de que no hay en país alguno una comunidad de redes sociales que tenga la agilidad, el ingenio, la velocidad y la certeza que los creadores de los llamados memes. El último que vi ayer por la tarde mostraba a Andrés Manuel diciendo: “Para acabar con los asaltos, vamos a cerrar los bancos”. Me queda claro que hoy ese chistorete ya es obsoleto y debe haber sido superado por otros mucho más ingeniosos. Que no faltan.

El otro asunto es el pantano de las cifras. En el primer informe sobre este delicado ejercicio de la delincuencia organizada, el Presidente afirmó que se robaban 200 pipas diarias de Pemex con la complicidad de sus empleados y funcionarios.

Claro, los recientes directores generales no, aunque estaban al tanto de la movida. Claro, los jefes de éstos, los presidentes anteriores de la República, claro que sí. La cifra de pipas de gasolina robadas en la matutina verdad se movió ayer a más de 700.

Con ese simple truco, la disminución del bruto resultó en una incremento del neto. Cifras cifrando resulta que debemos estar contentos. Somos la primera víctima de un saqueo que se consuela viendo que ahora le roban menos.

Eso no es lo de más. Lo de menos sería creerle a Pemex y al Presidente de la República de que gasolina tenemos hasta para aventar pa’rriba, aunque la cifra oficial habla de diez días. Pobre país que no tenga una reserva de energéticos suficiente para garantizar su operación, por lo menos, durante tres meses.

Especialmente si su abastecimiento de combustibles reside en un país ajeno: aunque sea vecino, no es precisamente amistoso en este momento de fricciones fronterizas, dudas migratorias y paralización de la administración estadunidense por el capricho de Donald Trump del muro fronterizo.

PILÓN.- Oficialmente, la caravana de hondureños rumbo a EU, pasando por territorio mexicano, ha sido un fracaso. El gobierno de López Obrador fue agarrado fuera de base y cometió muchas pifias. Ahora la secretaria de Gobernación anunció que pondrá todo en orden: el que no traiga papeles se va para su casa.

Desde luego, esa medida debió haberse tomado en el primer momento.