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“El olvido es la única venganza y el único perdón”, escribió hace un tiempo Jorge Luis Borges. Por antonomasia, el mejor de los homenajes cariñosos es el recuerdo.
FELIX CORTES CAMARILLO
agosto 29, 2018, 9:57 am

Amarcord: En romano antiguo, yo me acuerdo.

                Un filme de Federico Fellini.

Acaba de dictaminar el gobierno de España que los restos de Francisco Franco se salgan del mausoleo que, antes de morir, el caudillo mandó a hacer para sí mismo en el Valle de los Caídos, cerca de Madrid, y se fueran a otra parte.

Yo no creo que al Generalísimo le hubiera importado la decisión, sus sucesores la están impugnando. De todos modos, el gallego tuvo suficientes homenajes, incluyendo su sepultura y, desde luego, antes de ésta.

Finalmente, cuando uno está muerto, poco le importa el destino de sus huesos o, para el caso, el resto de las cosas.

“El olvido es la única venganza y el único perdón”, escribió hace un tiempo Jorge Luis Borges. Por antonomasia, el mejor de los homenajes cariñosos es el recuerdo. Así le hago homenaje a mis padres y espero que me lo hagan mis hijos en un día que sigo imaginando lejano.

Paso con frecuencia por el memorial que compró el gobierno de Azerbaiyán sobre el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.

Antes, me acuerdo, ahí estaba una estatua del presidente de aquel país, Heydar Aliyev, en una mayestática silla.

En su lugar, ahora se erige un mapa de su país. Así es la historia, así es la memoria. Se puede comprar.

Los mexicanos estamos a punto de cumplir 50 años del cisma que comenzó a definir al México moderno.

Lo que comenzó como una riña entre preparatorianos en el centro de la capital, devino en un detonador del infortunio y la desazón de los mexicanos y, finalmente, en la semilla de la conciencia de ciudadanía activa que iba a detonar en el temblor de 1965 y las elecciones presidenciales subsecuentes.

Lo cual, desde luego, no significa garantía de impunidad permanente.

PILÓN.- A propósito del Tratado de Libre Comercio. No nos dejemos llevar por la embriaguez inmediata.

Lograr un acuerdo comercial con Trump no significa un avance económico importante; sí tiene impacto en el curso comercial de nuestro país. No tiene nada que ver con el progreso.

Mientras los mexicanos no seamos capaces de producir más de lo que comemos y menos de lo que compramos a otros países, vamos a seguir siendo subdesarrollados.

Ahora, este brinco diplomático manda a nuestro paisano Ildefonso Guajardo a otra liga mayor.

No nos vayan a dar una sorpresa.

Claro, él se la merece.