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Cuando falta exactamente un mes para las elecciones presidenciales, hay elementos de análisis suficientes para afirmar que la gran disputa por el poder será entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
Staff
junio 1, 2012, 12:51 pm
Gran Angular

Raúl Rodríguez Cortés

EL UNIVERSAL

Cuando falta exactamente un mes para las elecciones presidenciales, hay elementos de análisis suficientes para afirmar que la gran disputa por el poder será entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.

La irrupción de un movimiento estudiantil en la escena política, el ánimo de participación ciudadana que ha desatado y la inevitable influencia de ambos factores en el proceso electoral, han apuntalado el avance de AMLO en la preferencia ciudadana y provocado caídas en las de Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota, reflejadas ya, por primera vez en meses, en una de las encuestas autorizadas por el IFE.

La encuesta de ayer del diario Reforma (con 23% de indecisos y 21% de rechazo, porcentajes que al definirse podrían cambiar las cosas hasta para Vázquez Mota) marca seis puntos de avance en seis días para López Obrador, quien pasó de 27 a 34%; una caída de cuatro de Peña Nieto, quien pasó de 42 a 38%, y una caída de seis de Josefina, quien pasó de 29 a 23%.

Fraseados de otra manera los resultados de esa encuesta: AMLO dejó atrás a Vázquez Mota por 11 puntos porcentuales y está a cuatro de Peña Nieto.

Este avance enfrenta desde ya riesgos que serán mayores en los 30 días que faltan para las elecciones. La “guerra sucia” o campaña de contrastes como eufemísticamente la llaman los panistas, se intensificará contra el candidato de la izquierda, lo que, por lo demás, evidencia también su avance.

Los ataques echarán mano de calumnias pero también de errores y hechos corroborables de interés informativo. Uno ya ha detonado y ni López Obrador ni sus cercanos involucrados lo han confrontado y atacado de manera convincente y contundente, lo que podría incidir más adelante en un retroceso de sus preferencias.

EL UNIVERSAL publicó el miércoles información, respaldada en una grabación de audio, de una cena realizada en una casa de Las Lomas organizada por Luis Creel, primo de Santiago, con empresarios a los que se les habría pedido aportar hasta seis millones de dólares para la campaña de AMLO. La cifra fue referida —según ese audio— por el uruguayo Luis Costa Bonino, un estratega político que el cineasta Luis Mandoki, también presente en la reunión, le presentó a Obrador.

Mandoki, muy cercano a AMLO, confirmó la realización de esa cena pero negó que hayan pasado la charola. Obrador dijo ayer que no ha autorizado a nadie para pedir dinero a su nombre, que está dispuesto a ir al IFE a aclarar todo lo relacionado con sus gastos de campaña y que el dinero que lo financia es el que corresponde por ley a los partidos y las aportaciones ciudadanas que se depositan en una cuenta de Banorte que asegura ya entregó a EL UNIVERSAL y que está dispuesto a transparentar.

Parece imposible que El Peje y su equipo ignoren las limitaciones que sobre el financiamiento a campañas están marcadas en la ley. El Cofipe, en su artículo 77, establece la prohibición expresa a empresas mercantiles de realizar aportaciones o donativos a partidos políticos y candidatos. Y el artículo 78 establece dos cosas: que cada partido no podrá recibir aportaciones anuales superiores a 10% del monto fijado como tope de gastos de campaña; y que las aportaciones de cada persona física y moral facultadas, tendrán un límite anual equivalente a 0.5% del tope de gastos fijado para la campaña presidencial.

De acuerdo con el IFE el tope de gastos de la campaña presidencial es de 336 millones 112 mil 84 pesos. De manera que las aportaciones anuales privadas a partidos políticos no pueden ser superiores a 33 millones de pesos; y las de personas físicas, también anuales, de un millón 180 mil pesos cada una.

Ahí están las cifras. Sobre ese referente habría que auditar y transparentar los gastos de AMLO. Y más vale que lo haga, que obligue a aclarar con absoluta claridad a quienes están involucrados, que marque un deslinde fuerte y transparente esos gastos. Si no, la “guerra sucia” de sus adversarios relacionará esto con el episodio de René Bejarano y le causará daño al avance que ha registrado en los últimos días y que necesita consolidar.

Instantáneas

1. “YO SOY 132”. El movimiento estudiantil ha dado muestras estos días de vitalidad, claridad y rigor democrático. Ojalá sepan superar los riesgos de eventuales provocaciones. Y ojalá que quienes han repudiado a estos jóvenes, no recurran al expediente de la violencia. Perdería el país entero.

2. AJUSTE. Jóvenes movilizados y en la calle es el nuevo ingrediente de esta campaña presidencial pero ninguno de los candidatos ha enfocado mensaje y propaganda hacia ese sector agraviado. Por eso están en la calle, por el agravio de que han sido víctimas.

(rrodriguezangular@hotmail.com); (twitter: @RaulRodríguezC).