La Carpeta:
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Dado que tales comparaciones cósmicas son puras vaciladas, no me vería en la necesidad de referirme a ellas. Pero algo me llama la atención entre tantas exageraciones de mis colegas atarantados. Tengo el presentimiento de que AMLO se maneja en sus estrategias políticas en términos duales, como los aztecas.
Eloy Garza
julio 2, 2018, 7:32 pm

Un célebre investigador de la UNAM (cuyo nombre me reservo para no hacerle publicidad), ha escrito que el triunfo electoral de AMLO es como la caída del Quinto Sol. Andrés Manuel sería Quetzalcóatl que regresa a territorio azteca, aunque en realidad es un conquistador zafio que viene a robarse el Tesoro de Moctezuma (o lo que queda de él, que todavía es mucho).

Dado que tales comparaciones cósmicas son puras vaciladas, no me vería en la necesidad de referirme a ellas. Pero algo me llama la atención entre tantas exageraciones de mis colegas atarantados. Tengo el presentimiento de que AMLO se maneja en sus estrategias políticas en términos duales, como los aztecas.

Los cristianos parten como dogma de fe de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). El universo mexica, en cambio, es dual: caos y orden, tiempo y espacio, masculino y femenino, noche y día, etcétera. En sus orígenes, el nombre de este dios dual fue Ometéotl, que es “in Tonan, in Tota, Huehueteotl (o sea, “Madre nuestra y Padre nuestro, que juntos son Viejo Dios”). No en balde, Ometéotl vive en Omeyocann, “el Sitio de la Dualidad”.

No creo, como escribió ridículamente mi colega de la UNAM, que AMLO sea la encarnación de Quetzalcóatl ni de los conquistadores españoles, ni siquiera que sea azteca, porque en todo caso es maya-chontal. Pero la forma de hacer política del oriundo de Macuspana es en cierta forma dual, como lo fue el universo de Mesoamérica.

Por ejemplo, como jefe de Gobierno, en la Ciudad de México, solía jugar con la dualidad del poder: delegaba cada campo de gobierno en dos responsables. A la larga, ambos se confrontaban y recurrían a él en busca de respaldo. Su posicionamiento discursivo se dividió entre “la Mafia del Poder” y los verdaderos liberales. Algo similar pasó en su discurso de triunfo electoral en el Zócalo: en materia económica nombró lo mismo a Carlos Urzúa que a Alfonso Romo. En asuntos internacionales a Héctor Vasconcelos y Marcelo Ebrard. En política interna a Olga Sánchez Cordero y a Tatiana Clouthier.

¿Le funcionará a AMLO esta delegación dual de cada espacio del poder durante su sexenio como ahora lo piensa hacer en estos meses de transición? Esperemos que sí. Porque aún persiste y se ha agudizado en México la peor de las dualidades posibles para un país moderno: la división entre ricos y pobres. Una desigualdad que no hemos eliminado a pesar de los siglos y de las buenas (y malas) intenciones de nuestros gobernantes.