La Carpeta:
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¿Qué no estamos entrando en un momento donde la izquierda va a necesitar de la derecha para mantener la estabilidad económica y la derecha va a necesitar de la izquierda para mantener la estabilidad política? Por ello es una tontería pretender solidificar bloques en contra, cuando lo que se van a necesitar serán puentes para el acuerdo.
Staff
junio 18, 2012, 9:20 am

Manuel Camacho Solís

(Coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México)
EL UNIVERSAL

AMLO está cerca del triunfo. Enrique Peña no dio de sí, ya no le queda otra que evitar correr cualquier riesgo, agarrarse de la inercia y confiar en el dinero de los gobernadores para la movilización y cooptación electoral. Vázquez Mota hace todo lo que puede para no quedar atrás, pero por más que tenga un discurso anti-PRI, objetivamente ha terminado por apoyar a Peña. AMLO resultó el mejor candidato, de un bajo tercer lugar se colocó en la final, pero para ganar tiene que sobrevivir a la estrategia del miedo con la que intenta detenerlo la derecha. Su tono mesurado del debate le ayudó; su compromiso a fondo y sincero con la estabilidad hará la diferencia.

El candidato a vencer ya no es Enrique Peña Nieto. Es Andrés Manuel López Obrador. Para comprobarlo basta con revisar los spots del PAN y del PRI, las columnas de los periodistas que les son afines, los discursos de sus candidatos, las conversaciones en los círculos más altos de la economía. Repiten sin convicción que EPN es imbatible, pero saben que su triunfo ya no está asegurado. Saben que AMLO puede ganar. Han volteado sus baterías en su contra. La consigna es detenerlo. Para ello recurren al miedo, a un último intento por atemorizar a la clase media respecto a que, si AMLO triunfa, estarán en riesgo sus patrimonios. AMLO ha mostrado temple para no dejarse provocar. En estas últimas semanas debe ir a más: a un compromiso sincero y de fondo con la estabilidad económica y política. Lo necesita para asegurar su triunfo y lo necesitará aun más para gobernar.

La derecha está urgida. En la práctica dejó atrás su oferta (su estratagema) del cambio y ha sacado a relucir su verdadero rostro, conservador y autoritario. Ante la falta de una propuesta y un candidato convincentes, recurre al último instrumento que le queda: atemorizar a los electores. Para explicar la reacción de los jóvenes de la Ibero, en vez de reconocer sus errores, inventa conspiraciones. Ante la falta de instintos políticos y el grave deterioro de su imagen por el descrédito de algunos de sus gobernadores, se entrega a la tecnocracia.

Intenta todo: cuestiona las cifras de AMLO, como si lo que estuviéramos eligiendo fuera al tecnócrata que manipule a conveniencia la contabilidad y las partidas, y no a un jefe de gobierno que debe aportar su legitimidad para mantener la estabilidad de la economía e impulsar el crecimiento. ¿Se puede defender que en estos 12 años no ha crecido desproporcionadamente el gasto corriente? ¿Dónde están los recursos extraordinarios del petróleo, si no están en nuevas inversiones o en un fondo soberano? ¿Alguien se puede sentir satisfecho del récord de crecimiento de la economía mexicana?

Más allá de estos oportunismos electoreros, hay que reconocer que en unas cuantas semanas cambiaron la naturaleza de la competencia electoral y el contexto. Ya no habrá un presidente que triunfe por un amplio margen. Ya no habrá una mayoría absoluta en las Cámaras. El PRI no obtendrá triunfos de aplanadora en los estados. Las redes han vulnerado el control de la comunicación política. Y algo adicional, de gran significado político: la participación electoral será alta y se ha conformado un movimiento anti-establishment, anti-PRI, que será una nueva variable en la ecuación de la elección, la postelección y el arranque del nuevo gobierno.

Más allá de las pasiones del momento, hay un reto inmediato a resolver: la estabilidad. Las elecciones de Grecia y otros eventos pueden introducir nerviosismo en la economía mundial y reducirán los márgenes de nuestro país. Las elecciones de México van a ser muy competidas. ¿Qué no estamos entrando en un momento donde la izquierda va a necesitar de la derecha para mantener la estabilidad económica y la derecha va a necesitar de la izquierda para mantener la estabilidad política? Por ello es una tontería pretender solidificar bloques en contra, cuando lo que se van a necesitar serán puentes para el acuerdo.