La Carpeta:
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Precisamente, en defensa de los propios migrantes, la Caravana debe frenarse, sobre todo la de los indocumentados, es decir, de quienes están en condiciones peores que sus connacionales con pasaporte y visa en regla.
Eloy Garza
octubre 24, 2018, 11:05 am

La inmigración no es un problema: así se fundan los países. Ser inmigrante no es ningún delito. El problema son las intempestivas oleadas de extranjeros que cruzan las fronteras, de buenas a primeras, cuando el país huésped no tiene dónde guarecerlas y los confina momentáneamente en guetos. Improvisar dormitorios y atención médica en comunidades que no existían hasta hace un mes es un contrasentido. Se pone en riesgo la vida de los niños y los ancianos que vienen entre las 7 mil personas de la Caravana Migrante, y que han caminado más de 800 kilómetros desde su salida de Honduras.

¿Qué en sus pueblos de origen estaban peor? ¿Que haberse quedado en sus países hubieran terminado como víctimas o carne de cañón del crimen organizado? No lo duden: en México también. Con el agravante de que todo éxodo masivo, que es como arrancar árboles de sus raíces, arrebatándolos de cuajo de su mundo, implica peligros ignotos, desconocidos. Y el viaje puede ser una vivencia mortal. México es hoy un país muy peligroso, lo aceptemos o no los mexicanos. Más para el foráneo.

Por razones humanitarias, los gobiernos de los países involucrados deberían de persuadir a la Caravana Migrante para que no emprendan un viaje con un destino incierto. Pero en México los políticos son hipócritas: por un lado, amenazan con deportaciones inclementes, cuando aquí no son capaces de garantizar la vida humana ni la seguridad de sus ciudadanos. Por otro lado, ofrecen protección y empleo a los migrantes, en un país como el nuestro con altas tasas de desempleo o subempleo.

Precisamente, en defensa de los propios migrantes, la Caravana debe frenarse, sobre todo la de los indocumentados, es decir, de quienes están en condiciones peores que sus connacionales con pasaporte y visa en regla. Es puro sentido común. Lo demás son generalizaciones para adornarse en lo personal, como Enrique Peña Nieto con Donald Trump, o como AMLO con su demagogia permanente.