La Carpeta:
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Fuentes cercanas a Segob presumen que gran cantidad de los permisos están prefechados, con esto burlan la autorización de centro de apuestas remotos y de los casinos. Cuando sucedió la tragedia del Royale con la muerte de 52 personas, el establecimiento trabajaba de forma ilegal puesto que carecía de permisos federales de la Segob.
Jose Jaime Ruiz
noviembre 2, 2018, 9:38 am

El secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, designó a Eduardo Cayetano Cacho Silva como director general de Juegos y Sorteos a finales de enero de este año. En un comunicado, la Secretaría de Gobernación informó que por instrucciones de Navarrete Prida, el jefe de la Unidad de Gobierno, Germán Uribe Corona, dio posesión a Cayetano Cacho en su nuevo cargo.

Hace dos días, Cayetano Cacho renunció a su puesto, ¿por qué? Porque no quiere ir a la cárcel si se comprueba que existió corrupción en los permisos otorgados a los casinos y si existe connivencia entre los casineros y las autoridades de Segob. También porque no le tocó algo del pastel repartido por Germán Uribe Corona y, sobre todo, porque esté último no firmaba los permisos, tampoco Navarrete Prida. Ambos construyeron su impunidad, pero Cacho Silva quien es el abajo-firmante, la autoridad que concedió los permisos, no.

Hay una galopante y profunda corrupción en la Secretaría de Gobernación. ¿Cuántos permisos autorizó el anterior secretario Miguel Ángel Osorio Chong, cinco, tres, ninguno? Pues tal parece que ninguno y, sin embargo, Navarrete Prida ya concedió 272, con lo cual supera con creces los dado en el sexenio de Vicente Fox y en el de Felipe Calderón. El problema no es el sospechosismo en estos permisos y su inmoralidad de fin de sexenio, también su ilegalidad.

Como publiqué, entre los Requisitos para Salas de Sorteos de Números y Centros de Apuestas Remotas se tiene que acreditar lo que TV Azteca no solventó en el apartado 13: “Documentación que acredite que el solicitante cuenta con la opinión favorable de la entidad federativa, ayuntamiento o autoridad delegacional que corresponda para la instalación del establecimiento cuyo permiso se solicita.”

Miguel Ángel Yunes Linares anunció que Apolinar Crivelli Díaz, presidente municipal de Yanga, se negó a conceder la anuencia para que se instale en dicho lugar un casino de TV Azteca.

Tal vez lo del casino veracruzano sea algo menor, aunque punible, cuando existe la sospecha de connivencia entre Navarrete Prida, Uribe Corona y los casineros Raúl Rocha Cantú (Casino Royale) y Javier Vázquez Ruiz, quienes tienen negocios que opera Espectáculos Deportivos de Occidente y a quienes Juegos y Sorteos les autorizó centros de apuestas remotas con sala de sorteos de número por 40 años.

Fuentes cercanas a Segob presumen que gran cantidad de los permisos están prefechados, con esto burlan la autorización de centro de apuestas remotos y de los casinos. Cuando sucedió la tragedia del Royale con la muerte de 52 personas, el establecimiento trabajaba de forma ilegal puesto que carecía de permisos federales de la Segob.

El sospechosismo se acrecienta porque el 70 por ciento de las empresas quedarían en manos de Uribe Corona y el 30 por ciento con Vázquez Ruiz y Rocha Cantú. Lo más grave es que al alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, lo instruyeron para que permitiera un casino por avenida Lincoln, cerca de la clínica social 34. Lo mismo hicieron desde Gobernación con la alcadesa de Guadalupe, Cristina Díaz, quien permitió la próxima inauguración de otro casino, un edicio que imita el Palacio de Gobierno de Nuevo León.

¿Cómo les torcieron el brazo? Alegando una “razón de Estado”.

En efecto, la “razón de Estado” es partidista, no de Estado. Y es para que el PRI obtenga recursos que le den oxígeno este sexenio. Por eso Andrés Manuel López Obrador debe de poner el ojo en la renuncia de Cacho Silva y en la posibilidad que los recursos de los casineros no sólo se usen económicamente para los próximos exfuncionarios de Segob sino también en cuestiones partidistas para enfrentar a Morena. Y si no existió la renuncia, me corrijo, como le gustaba decir a Juan José Arreola.