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¿Y AMLO? Mandará en dos poderes: el Ejecutivo y el Legislativo, y si se sigue poniendo vivo, lo hará también en el Judicial (no se si para bien o para mal, esperemos que para bien).
Eloy Garza
septiembre 6, 2018, 2:28 pm

Dice Donald Trump que admira a AMLO, que “es una persona estupenda”, que “es un caballero”. Sus razones ocultas tendrá el sociópata que habita la Casa Blanca, pero su afecto por el tabasqueño es inocultable. Ahora bien, el amor de Trump es eterno hasta que se acaba. Menos en algunos casos. Por ejemplo, sigue enamorado de Vladimir Putin, aunque ha puesto en la picota su presidencia. Guarda en su corazón un altarcito por Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte. Hasta ahora, Putin, Kim Jong-un y AMLO son esos oscuros objetos de deseo de Trump. Sí, como la película de Luis Buñuel.

Quizá la veneración de Trump por los hombres fuertes, se debe a sus íntimos deseos frustrados. Quisiera ser como ellos. Putin se aferra al poder en Rusia con uñas y dientes. Kim Jong-un reprime a su pueblo donde no se mueve una hoja sin su voluntad. ¿Y AMLO? Mandará en dos poderes: el Ejecutivo y el Legislativo, y si se sigue poniendo vivo, lo hará también en el Judicial (no se si para bien o para mal, esperemos que para bien).

Si pudiera, Trump manipularía las elecciones como Putin, para ganar una y otra vez la presidencia. Si pudiera, Trump purgaría sus Fuerzas Armadas como Kim Jong-un para apuntalar militarmente su mandato. Si pudiera, Trump negociaría con un partido verde pelele, como AMLO, y con ese político pícaro, llamado Manuel Velasco, para afianzar su mayoría absoluta en el Congreso.

Por supuesto, Vladimir Putin ha manipulado los elogios desmesurados que le dedica Trump, para meter sus narices en el gobierno de EUA. Sin duda, Kim Jong-un ha capitalizado la veneración que le tributa Trump para fortalecerse en la geopolítica. Obviamente, AMLO aprovechará el respeto que le rinde Trump para afianzar su control político. Lo malo, lo triste, lo deplorable del hecho, es que los elogios de Trump a ciertos gobernantes encasillen a éstos en el redil de los megalómanos, al cual, por experiencia propia de los mexicanos, ya no queremos volver: por eso nos fue como nos fue.