La Carpeta:
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Entre su discurso y los hechos hay un abismo. Para mantenerse, López Obrador tiene que tratar de acabar con esas contradicciones. Los debates que vienen (tal vez por eso ya el Bronco está en la boleta) servirán para el golpeteo. El Peje tendrá que cuidar esas debilidades porque, obvio, le harán montón.
Jose Jaime Ruiz
abril 11, 2018, 7:20 am

Los candidatos de la continuidad no han sabido contener a Andrés Manuel López Obrador, el candidato del cambio con retroceso. Margarita Zavala, José Antonio Meade y Ricardo Anaya no han centrado sus movimientos contra los flancos débiles de López Obrador que tienen que ver con la retórica de la corrupción, la incorporación de indeseables, el nepotismo y el ataque a la inseguridad a partir del perdón.

1.- “No hago milagros, pero sólo yo acabaré con la corrupción (…) Como las escaleras, la corrupción se barre de arriba para abajo.”

La retórica es vendible pero no es real. Andrés Manuel no combatió la corrupción ni acabó con ella cuando le tocó gobernar. No se administra moralmente con simbiosis, como declaró Ricardo Anaya. López Obrador no barrió desde su pontificia altura la corrupción de René Bejarano y Claudia Sheinbaum, por dar sólo dos ejemplos. La opacidad y el clientelismo fueron bases relevantes de su gobierno. La propuesta piramidal de acabar con la corrupción es una farsa: lo pudo hacer desde el Gobierno de la Ciudad de México y falló.

2.- Las alianzas de Morena se dividen entre cierta izquierda (Paco Ignacio Taibo II, Jesusa, Poniatowska) y los impuros, esos que incorpora sin recato Andrés Manuel quien dice que, en su movimiento, el más importante a nivel mundial, caben todos. Se equivoca porque no puede hacer coincidir a la comunidad lésbico-gay con las posiciones yunqueras del PES. ¿Qué políticas públicas sobre los derechos de la mujer y la diversidad sexual quieren los mexicanos? Conservador de provincias que lo acerca más al Bajío que a la Ciudad de México, López Obrador no ha resuelto la contradicción en la integración de Morena. Los otros candidatos, si acaso tienen una posición al respecto, debieran enfatizar en ello.

3.- “No va a haber amiguisimo, no va a haber influyentismo, no va a haber nepotismo; mis familiares no van a estar en el gobierno, ni mis hijos.”

No es necesario que sus hijos estén en el servicio público cuando ya gozan de las prerrogativas de Morena que se dan, obvio, con dinero público. Los hijos de Andrés Manuel no requieren ser funcionarios cuando ya administran el dinero público que se le da a Morena. El nepotismo ya se da bajo el cobijo de Morena al estilo del Partido del Trabajo, es decir, un partido familiar. Alberto Anaya le enseñó a Andrés Manuel cómo manejar un partido político desde la familia. Los hijos de López Obrador ya se gastan el dinero de los ciudadanos.

4.- No sé si sea casualidad, pero diversas plazas del país se están calentando y de nuevo los ciudadanos sienten temor de transitar por la vía pública. El tema de la inseguridad, no sólo el de la corrupción, es el tema de estas elecciones. Andrés Manuel se ha equivocado en su discurso: su propuesta de perdón no corresponde a lo que la sociedad piensa de los delincuentes.

¿A quién perdonar? ¿A quien se metió a tu casa y robó? ¿Al carterista? ¿Al que robó tu coche o dio cristalazo? ¿A quiénes del fuero común? ¿Y a cuántos y cuáles que están metidos en el crimen organizado? ¿Dialogar con el narco?

“Qué bien que él (obispo de Chilapa) se atrevió a hacer eso y que se esté exhortando para que no haya violencia y para que no le quiten la vida a candidatos y ciudadanos, para que no haya sufrimiento para nuestros pueblos.”

¿Por ahí camina el perdón? ¿Qué los criminales nos perdonen para poder perdonarlos?

Andrés Manuel tiene flancos muy débiles y él lo sabe. Entre su discurso y los hechos hay un abismo. Para mantenerse, López Obrador tiene que tratar de acabar con esas contradicciones. Los debates que vienen (tal vez por eso ya el Bronco está en la boleta) servirán para el golpeteo. El Peje tendrá que cuidar esas debilidades porque, obvio, le harán montón. Lo cierto es que por más que quiera ser el líder moral del país, Andrés Manuel no ha sido coherente ni congruente.