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La política, se sabe, es para salirse de las trampas. Y el encuentro de Andrés Manuel López Obrador con los titulares de los noticiarios más importantes de Televisa prefiguraba la crónica de una trampa anunciada.
Jose Jaime Ruiz
junio 7, 2012, 8:56 am

La política, se sabe, es para salirse de las trampas. Y el encuentro de Andrés Manuel López Obrador con los titulares de los noticiarios más importantes de Televisa prefiguraba la crónica de una trampa anunciada, anunciadísima, por la evidente inclinación de Televisa no sólo de apoyar al candidato Enrique Peña Nieto sino de ser la artífice de la construcción mediática-política del abanderado del PRI a la Presidencia de la República.

La primera trampa fue la provocación disfrazada de mesura de Leopoldo Gómez al mostrar una lámina de cobertura de tres personajes –AMLO, Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard– en la que se expuso una presunta imparcialidad en tiempo-aire. López Obrador reviró, dijo que él contaba, y traía, otro estudio donde se demostraba la inclinación de Televisa por Peña Nieto. Gómez no insistió en el tema, pero no pudo conectar ese golpe que no iba en contra de López Obrador, sino que buscaba legitimar a Televisa mediante la “credibilidad”. No funcionó.

La segunda trampa, que se mantuvo vigente durante todo el programa, fue la de la charola, esto es, la petición de 6 millones de dólares a algunos empresarios para que AMLO pueda ganar la contienda. López Obrador no negó el acontecimiento, pero puso un elemento nuevo al guión al decir que lo que estaba rasurado de la nota fue que Luis Creel había asentado que el candidato perredista no iba a pedir ni aceptar dinero.

Más que grandilocuente, desgañitada. Adela Micha trató de convertirse en la gran provocadora de López Obrador y su actitud ante las cámaras resultó patética: las verduleras de La Merced tienen más aplomo y dignidad, por supuesto, que una presunta periodista que hace de la alharaca supuesta crítica pública. Adela fue la gran perdedora del encuentro. AMLO no se fue con la finta.

Los “datos duros” de Carlos Loret de Mola fueron contestados no con argumentos por López Obrador, sino con una fulminante descalificación al decir que el conductor de “Primero Noticias” estaba calumniando cuando tocó el tema de que René Bejarano era el operador político del candidato. Loret de Mola mostró durante el resto del programa un rojizo silencio.

La trampa redonda consistió en empujar a López Obrador a que dijera que no aceptaría el resultado de los comicios si perdía. Una vez, y otra, AMLO estuvo al borde de caer pero una y otra vez saltó el escollo. Por fin aseguró que aceptaría los resultados del Instituto Federal Electoral.

Sobre la insistencia de Ciro Gómez Leyva (su entrecomillado visual fue un insulto a todos los muertos y desparecidos, además de las familias víctimas de la violencia) sobre los “60 mil muertos de Calderón”, López Obrador terminó diciendo que él no perseguiría al presidente.

–¿Es Calderón culpable de los 60 mil muertos?, le preguntó el directivo de Milenio.

-Hay una responsabilidad del Ejecutivo, dijo AMLO.

-¿Es culpable?, se le insistió.

-Es responsable, no culpable. Son cosas distintas. No voy a perseguir a nadie. No busco venganza. Busco justicia. No voy a perseguir a Calderón.

Por momentos, López Obrador se vio acosado por la jauría encabezada por Joaquín López Dóriga (“No me dejen solo”), Ciro Gómez Leyva, Carlos Marín, Adela Micha y Carlos Loret de Mola. Dos puntos destacables fueron los deslindes de Denisse Mercker y Víctor Trujillo, quienes se abstuvieron de participar anoche en lo que quiso ser un festín de hienas.

Tercer Grado mostró un lamentable ejemplo de cómo hacer mal periodismo a través de la entrevista colectiva. Sólo bastaría contrastar el video de cómo estos mismos personajes “preguntaron” a Enrique Peña Nieto y cómo “acribillaron” a López Obrador para indicar la parcialidad, la subjetividad, el ajuste de cuentas y la sed de venganza que mantienen la mayoría de los integrantes de Tercer Grado y, por supuesto, Televisa, en contra de un competidor que ya emparejó la lucha electoral.