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La actriz veracruzana Salma Hayek ha manifestado que fue acosada sexualmente por Harvey Weinstein.
FELIX CORTES CAMARILLO
diciembre 15, 2017, 8:34 am

Entre las muchas cosas que Gabriel García Márquez en sus escritos recolocó en nuestros pensamientos es la memoria. Su ópera máxima, Cien años de soledad, no es otra cosa que un ejercicio de la memoria viva, que es la única válida.

Ahora, la memoria es selectiva. Yo reprimo en mi recordatorio personal los momentos ingratos, molestos e irritantes, privilegiando las imágenes de los momentos gratos.

Hablando de memorias, hace un par de meses un amigo me comentó que las tres mujeres más importantes de la historia de México eran veracruzanas y mencionó a Salma Hayek como una de ellas.

El miércoles, en las páginas llamadas Op-Ed de The New York Times apareció una carta de la señora Hayek en la que desvela que el señor Harvey Weinstein le había acosado sexualmente también a ella, durante la preproducción de la película Frida, durante su realización y después de ella. Frida no es ni buena ni mala, es una película aventurera y como aventurera su destino fue. Pero eso no importa.

En The New York Times la señora Hayek pone al descubierto las invitaciones del poderoso productor, que le hizo pasar actos lúdicos y sexuales, que ahora resulta que eran práctica casi cotidiana en las oficinas del señor Weinstein.

Ahora ha resultado que muchas de las estrellas rutilantes de las películas americanas eran producidas por un “monstruo”, como dice la señora Hayek.

El asunto es que el tema del acoso y abuso sexual ha estado siempre presente en todos los países y en todas las disciplinas. Nadie quiso recordar cuando fue víctima. Hoy, que las víctimas están en el podio, publican sus mementos en el The New York Times. La amnesia tiene sus tiempos.

PILÓN.- El mito de Fuenteovejuna está renaciendo, inevitablemente. Por si usted no lo recuerda, en una comedia de Lope de Vega, el pueblo se insurrecta en contra de los malos mandos y los lincha. Cuando la autoridad se presenta y pregunta quién mató al comendador, la respuesta se hizo célebre: Fuenteovejuna, señor. En mi querido pueblo de Culiacán, Sinaloa, ha surgido un grupo de justicieros sociales que simplemente detectan, van y agarran a los rateros y otros infractores. Los encueran, a veces totalmente, y les pintan en su cuerpo leyendas como “soy rata”. Uno de los victimados de esta forma recibió 100 tablazos en las nalgas por haber golpeado a su mujer. En el video difundido por redes, se compromete a no volver a hacerlo, porque el castigo, le dicen los justos, será peor que los tablazos que recibió.

Los que de esto opinamos hemos dicho siempre que la justicia en propias manos no es justicia sino venganza. Que los infractores deben ser sometidos a la ley y juzgados ajustados a derecho. Cuando la ley y sus instrumentos fallan, surge —desde los tiempos de LopeFuenteovejuna. Un ejercicio de justicia que todos deberíamos condenar.

El asunto es que la mayoría de los culichis y de los que hemos visto los videos en las redes dicen que los justicieros se quedaron cortos en su castigo.

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