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El mensaje de la amnistía fiscal resulta ocioso si no se piensa cambiar el estado de cosas, así como las normas, procesos, políticas y la moralidad de las gentes dentro del gobierno dedicadas al asunto.
Carlos Chavarria
septiembre 28, 2018, 9:39 am

No sería la primera vez que un presidente propone una amnistía fiscal como punto de arranque de una profunda reforma fiscal.

Cuando se abandonó la Ley del ISIM (Impuesto Sobre Ingresos Mercantiles) a cambio del Impuesto al Valor Agregado, López Portillo habló de amnistía para ganarse el apoyo de los causantes y evitar pleitos inacabables.

Una de las actividades profesionales mejor remuneradas y socorridas es la que se dedica a la conocida como “Planeación Fiscal”, que no es otra cosa sino estudiar los defectos jurídicos de la norma y procedimientos fiscales para eludir el pago de las contribuciones.

México es el país miembro de la OCDE que menos recauda con solo el 13.5% del PIB, mientras la media de los países de esta organización se encuentra en 33.4%. Los EEUU recaudan el 26.5% de su PIB y Dinamarca el 46.5%.

La OCDE también indica que el 66.3% de la economía mexicana está en la informalidad, que es una  de las variables explicatorias principales de la recaudación tan baja.

Poco han hecho los gobiernos mexicanos por el buen cuidado del tema fiscal debido a que, aún ahora, el gobierno recauda el 36% de sus ingresos a partir de la energía, principalmente el petróleo y sus derivados. En las épocas de la bonanza petrolera llegó a ser el 70%.

La informalidad se motiva en primer lugar por los latrocinios cometidos por los funcionarios públicos como que no invitan precisamente a la solidaridad fiscal. Después viene todo el andamiaje de precios sombras y los incentivos perversos para mantenerse en la formalidad.

Finalmente, el carácter tortuoso y  despojatorio de las normas y procedimientos fiscales. Si alguien se atreve a poner un negocio propio sabrá a lo que me refiero.

Nadie estará dispuesto nunca a llevarse a su casa como utilidad neta repartible nada más que un 2 ó 3 % de sus ventas o incluso salir poniendo si se cumpliera a cabalidad las normas fiscales actuales. Así que todos los negocios buscan a los expertos bien relacionados y conectados con el tema impositivo para pagar menos impuestos.

El mensaje de la amnistía fiscal resulta ocioso si no se piensa cambiar el estado de cosas, así como las normas, procesos, políticas y  la moralidad de las gentes dentro del gobierno dedicadas al asunto.

No es fortuito que la gran mayoría de los mejores asesores fiscales sean personas que antes trabajaron en la SHCP, el IMSS y todas las demás instituciones recaudatorias.

Sexenio tras sexenio se recrudecen las normas fiscales dirigidas a la lucha contra la informalidad y se les ofrece amnistías y períodos de gracia para que se integren al padrón de causantes y no parece causarse impacto alguno. Si bien aumenta el número de contribuyentes no aumenta en la misma proporción lo recaudado.

A no dudarse que el gobierno requiere de mayores ingresos no asociados al petróleo para aplicarlos en programas dirigidos a reducir la pobreza y la desigualdad, pero no se obtendrán si no se hace una profunda simplificación de los procesos de fiscalización y por supuesto la más honesta aplicación de los recursos públicos.