La Carpeta:
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Hay que ponerse de acuerdo. Ni Chile ni España ni Sudáfrica, puede existir una transición a la mexicana. Lo escribió Enrique González Pedrero: “En un proyecto para el futuro hay que contar con todo y con todos los que somos”. Algunos suman, otros restan. ¿De qué lado?
Jose Jaime Ruiz
mayo 13, 2018, 2:03 pm

Las olas civiles se encuentran patria adentro, como cuando emergen solidarias en los sismos. Alzar la voz a la mitad del foro es decir que Ricardo Anaya Cortés no es. Ricardo vence, no convence. Así se mostró en ese ejercicio democrático en que se ha convertido o reconvertido la televisión mexicana: “Tercer Grado” reloaded, TV Azteca recargada. La democracia si no habita en los medios de comunicación no es democracia.

Ricardo vence, pero no convence. He ahí la paradoja. José Antonio Meade es sincero, pero su pasado lo abruma. Ni hereje ni apoóstata, ni rebelde ni evolucionario. Meade está condenado al fracaso. Ricardo Anaya responde bien, pero su cara lo delata. No ha aprendido a ser veraz. Andrés Manuel López Obrador, en sus creencias transformadas en convicciones, es creíble. José Antonio es creíble pero carece de espíritu, al cual le sobra a Andrés Manuel.

Desde 2015 los mexicanos votamos por el cambio dentro del universo de la partidocracia. En Nuevo León se votó por un “independiente” priista, resultó un fiasco. Luego en los estados existió el cambio, no la transición. ¿Estamos preparados para la transición? A diferencia de lo que creía un gran poeta menor, la patria ni es impecable ni diamantina, mucho menos suave.

Ricardo Anaya es el “cambio” que los empresarios necesitan, no es el cambio de los ciudadanos. Anaya es una prolongación del neoliberalismo, no de la justicia social con democracia y desarrollo económico. Nerd arribista, su cara es una mentira. Su sonrisa lo delata. Destroza a Margarita Zavala y a Felipe Calderón y luego extiende la mano.

El PRI de Enrique Peña Nieto –no todo el partido, aclaro– tuvo su oportunidad. La desperdiciaron. No supieron ser nación. José Antonio se hizo ciego y sordo ante el despilfarro y el saqueo, no merece ser presidente, a menos que cambie y reconozca los errores y los horrores. Ricardo embauca al que se le ponga enfrente, gobernaría desde Atlanta, no desde la Ciudad de México, ni siquiera es un alto traidor, es un bajo traidor. Su modo de vida y sus decisiones familiares desprecian a México. Se cree alemán y es un simple provinciano.

Hay que ponerse de acuerdo. Ni Chile ni España ni Sudáfrica, puede existir una transición a la mexicana. Lo escribió Enrique González Pedrero: “En un proyecto para el futuro hay que contar con todo y con todos los que somos”. Algunos suman, otros restan. ¿De qué lado?